Una copa delgada alta, sudando de fría frente un mousse de mamey con chocolate amargo, un vino color rojizo, casi rosado, transparente, brillante, delicado… Es el famoso Ice Wine, un milagro del frío y de las uvas congeladas de los viñedos de Alemania, Austria o Canadá, principales países productores de este caldo. La historia nos dice que nació en Franconia, allá por el 1794 en el siglo XVIII, como una gran parte de los descubrimientos del mundo vinícola por casualidad, y fue la bodega Schloss Johannisberg en el Rheingau hasta 1858 la responsable de hacer el primero a conciencia.

Ice Wine Canadiense

Su placer radica en la frescura, en su alto contenido dulce y sabor a pasas, su olor casi a mermelada, su cuerpo espeso, licoroso, sus sabores a ciruelas y miel. Ideal para acompañar un pecorino u otros quesos curados, un buen parmesano quizá; o tal vez unos panes especiados o un paté; su dulzura lo hace ideal para una tarde de lectura frente a la ventana mientras afuera llueve. La variedad de maridaje es inmensa pruébenlo con un strudel de manzana al menos.

El sabor del Ice Wine es único, nos genera una explosión en el paladar de ese placer incomparable de las cepas Riesling y Vidal, las más utilizadas para este caldo, es algo imperdible para los amantes del vino y un trayecto de sabor obligado para los sibaritas. Habrá quien lo prefiera y a quien no le guste lo dulce, da igual… quien lo prueba vive la experiencia de los vinos licorosos.

El vino de hielo es el resultado de un tipo de vino producido a partir de uvas congeladas en la propia viña a una temperatura de menos 7º; el agua se congela y se pierde tras el prensado lo que permite tener un vino más concentrado, dulce, generoso, ideal para ese gran final de la comida. ¿Es caro? sí, los viticultores de esta categoría de vino corren grandes riesgos y sortean todo tipo de obstáculos como las enfermedades del viñedo, peligros naturales como tormentas, vientos y heladas, lo que hace que la producción de mosto sea escasa, ya que sólo se vendimian las uvas sanas que se mantuvieron hasta la primera helada, pero vale la pena.

He tenido la oportunidad de probar algunos de Canadá y otros de Europa del Este, verdaderas joyas… Si está frente a un caldo joven notará sus tonos dorados o amarillos pálidos; cuando empiezan a envejecer tenderá a amaderarse y descubrirá destellos más consistentes a la vista, pero no piense que por su dulzura empalaga no, nada de eso, debido a la elegantísima acidez de la Riesling es muy refrescante.  Cuando es joven desarrolla aromas a cítricos como lima, limón o manzana verde, flores blancas que armonizan con notas minerales. Refleja el suelo del que proviene y con la crianza aparecen especias dulces como azafrán y confitados.

En la Vidal sobresale la complejidad de su paleta aromática, muy atractiva acidez y azúcar balanceada, cuando es joven mantiene notas de mango, guayaba, maracuyá, naranja al lado de especias como nuez y cardamomo; con el paso del tiempo a piña en almíbar o mandarina.

En Alemania, las categorías son Spätlese Eiswein y Auslese Eiswein, la primera indicaría una helada más temprana, en la segunda una elaboración en la que se asumirían más riesgos esperando a heladas más fuertes y tardías.  Pero si hablamos del Ice Wine canadiense es hablar del Inniskillin, un vino de hielo que vio la luz en 1984 y que en 1991 recibe el Grand Prix d´Honour du Bordeaux con su añada 1989, un monovarietal elaborado con la cepa Vidal y que se convirtió en primero en su categoría en conseguir dicha distinción. Descorche un vino de hielo, y viva la experiencia del vino.

*Lorena Carreño es periodista, especialista en relaciones públicas y sommelier profesional

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