Se sirve a una temperatura entre 4 y 6 grados para que no pierda su aroma y sus burbujas, se puede combinar  con mariscos, pastas,  o una tarta de queso con frambuesas y ricotta, o con chocolate crujiente con pistachos y cerezas glaseadas.

Es muy versátil a la hora de acompañarlo. Su armonía perfecta es con caviar y a muy pocos seduce con aves. Sí, estoy hablando del Champagne. Considerado el rey de los espumosos, es un caldo complejo y agradable con un luminoso color y un gran bouquet.  Las montañas de Reims son su custodio, donde su suelo, su clima y las mezclas de distintas cosechas lo hacen posible.

Es el vino producido como consecuencia de una segunda fermentación en botella, lo que le permite adquirir las burbujas en forma natural, su nombre lo toma de la región francesa en la cual se produce,  y es el único en el mundo para ser llamado así. Representa una de las primeras denominaciones de la industria  vinícola del mundo y es el vino por excelencia para la festividad.

Cuando hablamos del Champagne encontramos dos tipos, el blanco y el rosado. Por su año de producción se distinguen también dos alternativas: el Cuvée, compuesto de varias añadas y el Vintage, elaborado con la cosecha de un solo año.

Por el nivel de dulzor, podemos clasificarlo de acuerdo a la cantidad de azúcar residual por litro y las categorías son: totalmente seco -Brut  o Nature-, seco –Extra Dry o Extra Sec-, medianamente seco –Sec- , un poco dulce –Demi Sec-, dulce –Doux- por lo tanto, hay para todos los paladares.

En lo referente a su elaboración, digamos que incluye al cepaje noble Chardonnay y  a las tintas Pinor Meunier y Pinor Noir; estas últimas vinificadas de la misma manera como si fueran blancas, sin la extracción de coloración de la piel.

Un Champagne elaborado solo de Chardonnay sería un Blanc de Blancs, uno de los más exquisitos y probablemente uno de los más caros, es el que se procesa en un solo viñedo, Premier Cru en Le Mesnil_Sur-Oger. Aquel que se elabora solo con la Pinot Noir, el Blanc de Noir, usa una especial presión rápida.

Ya sea Champagne Prosecco, Cava o Crémant,  estos vinos conforman la tradición espumosa asociada a las celebraciones y es habitual descorchar una botella de gran formato –Magnum o Jeroboam- para la entrega de trofeos en las carreras de coches o motos,  y por qué no, para estrellarla contra  el casco de un barco.

El Prosecco se realiza a partir de la uva del mismo nombre, es delgado espumoso y seco, con buena acidez y un sabor levemente cremoso, bajo en graduación alcohólica, fresco y aromático; esta versión italiana se conoce como espumante.

El Cava, es la tradición española catalana extraído con las variedades de uva Macabeo, Xare-lo y Parellada cepas que le dan una personalidad muy marcada  y acidez suave.

Mientras que el Crémantes, es el estilo francés menos conocido, elaborado a partir de Pinot Blanc, Pinot Gris, Pinot Noir, Riesling o Chardonnay. Sus zonas de producción son el  Valle de Loira, Borgoña, Burdeos y Alsacia, su estilo es más rústico que el Champagne pero cada vez con más seguidores.

Pero no necesita ganar un torneo o comprarse un yate para descorchar una botella, en estas fiestas ábrala, compártala y disfrútela. ¡Salud!

Lorena Carreño es periodista, especialista en relaciones públicas y sommelier profesional.

lcarreno@prodigy.net.mx

Twitter: @LoreCarreno

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