Sudáfrica es uno de los países llamados del Nuevo Mundo en lo que a vinos se refiere. Su viticultura inició en 1652 cuando un grupo de mercenarios holandeses desembarcó en el Cabo de Buena Esperanza, y en nombre de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales instaló una estación de abastecimiento en la ruta de las especies.

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Siete años más tarde se recogían ya las dos primeras variedades: la Muscat y la Palomino. No cabe duda que el resultado fue muy alentador para seguir plantando cepas, aunque, claro, con muy poca experiencia. En 1679 se promulgó el decreto por el que, bajo amenaza de tener multas severas, los viticultores debían vendimiar sus uvas sólo cuando estuvieran maduras.

Es aquí cuando llega Simon Van der Stel, un nuevo comandante que se hizo cargo de la situación y dio el impulso al vino al apropiarse de extensas tierras a las que llamó Groot Constantia.

En 1692 Van der Stel fue nombrado el primer gobernador de la floreciente colonia y sus vinos lograron un lugar privilegiado en las cortes europeas, convirtiéndose en una especialidad muy cara y codiciada.

Desde el punto de vista enológico el vino de Constantia era el vino de Federico de Prusia, el que acompañó a Napoleón durante su exilio en Santa Elena y el distintivo de Sudáfrica, situación que conservó hasta la llegada de la filoxera haciendo de los inicios del siglo XX unos años difíciles para la viticultura en ese país.

El mítico viñedo Groot Constantia es cuna del vino sudafricano. Actualmente, Sudáfrica está entre los primeros diez países productores de vino con plantaciones que se extienden a lo largo de 100 mil hectáreas y una producción alrededor de los 600 millones de litros.

Los viñeados sudafricanos presentan un clima similar al del meridiano norte en el Mediterráneo, que junto con la composición del suelo y la brisa marina del Atlántico se conjugan para dar lugar a vinos de calidad.

En el cultivo de las variedades blancas las primeras en la lista son la Chenin Blanc –conocida como Steen-, la Chardonnay y la Sauvignon Blanc, que consiguen una expresión fresca y equilibrada, lo que hace a los vinos de Constantia caldos elegantes y de sutil acidez.

Predominan los aromas frutales, principalmente los cítricos y la grosella, aunque los viticultores prefieren los aromas de expresión vegetal con notas de hierba y espárragos. Además, el carácter mineral es típico en estos vinos.

Aunque el suelo de Constantia ha sido considerado ideal para vinos blancos, las variedades de Cabernet, Merlot y Shiraz se adaptan perfectamente con desarrollos óptimos.

Actualmente se embotella el Gouverneurs Reserve con el 80% de Cabernet Sauvingnon y 20% de Cabernet Franc, de color profundo y estructura media con notas de especies y eucalipto.  También se encuentran la Pinot, Gamay y por supuesto la variedad tinta originaria Pinotage –obtenida de la cruza de Cinsault y la Pinot Noir-.

Respecto a los vinos licorosos, Sudáfrica ofrece vinos del tipo Marsala italiano, Oporto portugués o Jerez español. Hoy en día la producción de vino en Sudáfrica se rige más por la cantidad. La creciente demanda de caldos de calidad ha empezado a ayudar a los pequeños bodegueros y ha fomentado la aparición de muchos otros en un nuevo clima, tanto político como enológico, que ha llevado a la exploración de nuevas regiones, la plantación de un mayor abanico de variedades y la elaboración de un mayor número de vinos.

Lorena Carreño

Sommelier profesional

lcarreno@prodigy.net.mx

Twitter: @lorenasommelier