Entre los economistas que buscan las razones por las cuales la economía mexicana no logra consolidar periodos sólidos de crecimiento, un viejo chiste se aparece de vez en vez en sus disertaciones: “¿No sabías que México es un país de dos? Sí, mira: de dos bancos, de dos empresas telefónicas, de dos compañías gaseras, de dos televisoras. La risa no tarda en aparecer aunque todos aquellos que escuchan la anécdota son víctimas de esta realidad. La organización civil El Poder del Consumidor (www.elpoderdelconsumidor.org) hace un recuento más acucioso de la situación que domina a la economía nacional y que ha impedido su desarrollo durante las dos últimas décadas.

En México, por ejemplo, el sector del crédito está dominado por un par de bancos; dos empresas controlan los canales de televisión abierta; una empresa controla la red de conexión telefónica; dos grupos empresariales controlan la distribución de gas LP; dos empresas controlan el mercado del cemento; una empresa controla dos tercios de la producción de harina de maíz; tres empresas controlan la producción de pollo y huevo; dos empresas controlan el 80 por ciento del mercado de leche; tres empresas dominan el mercado de carnes procesadas; dos empresas controlan el mercado de refrescos, jugos y agua envasados; una empresa controla la producción del pan industrializado y dos compañías dominan la distribución de medicamentos.

Bajos estas circunstancias, es claro porque el consumidor mexicano padece con grandes repercusiones cualquier incremento en precios. Por ejemplo en 2011 la tendencia de la inflación será a la baja, dice el nuevo gobernador del Banco de México, Agustín Carstens. Sin embargo, también reconoce que la previsión del Instituto Central podría incumplirse en el caso de que alguna compañía decida trasladar al consumidor, por ejemplo, los costos asociados a nuevos impuestos. La cabeza de la Junta de Gobierno del Banco Central parece reconocer que los mexicanos y la economía entera enfrentaremos un callejón sin salida si las compañías con poder monopólico u oligopólico deciden ejercer su influencia sobre el mercado.  Este tipo de prácticas, por ejemplo, representan ya un impacto de 30% en los precios de los principales productos de consumo entre la población mexicana. Por ello, además de la Reforma Fiscal que intentará alcanzar el gobierno de Felipe Calderón, su administración tendría que ocuparse de incrementar la competencia en los sectores clave de la economía.

El momento de la banca

Barack Obama está muy enojado con la banca que opera en Estados Unidos. Después del multimillonario rescate que ejecutó el Departamento del Tesoro para rescatar a varias decenas de instituciones de capital nacional y extranjero, resulta que al cierre de 2009 la gran mayoría reportó muy buenas utilidades e, incluso, se atrevió a anunciar el pago de bonos y comisiones a sus ejecutivos. El factor que, entre otros, detonó la exhuberancia irracional y la crisis de las hipotecas subprime. La factura aún duele en muchos bolsillos. Por ello en Davos, la reunión anual en la que confluye la crema y nata de la comunidad empresarial y financiera, la reinvención del sistema bancario fue el tema que ocupó la atención de los participantes al Foro Económico Mundial. Es un hecho, la banca tiene que cambiar de forma radical. El presidente de la Unión Americana amenazó con aplicar regulaciones que detengan los obscenos bonos que se distribuyen los banqueros. Sin embargo, la decisión depende del Congreso de ese país y las declaraciones del presidente demócrata podrían quedarse en el terreno de los políticos.  En México, al menos tres filiales de la gran banca internacional con presencia en el país y que controla más del 90% del sistema de pagos, han repartido jugosos dividendos a sus accionistas mientras reducen de forma lenta pero consistente el financiamiento al sector privado. México se enfrenta así un dilema: a diferencia de Estados Unidos, en donde los hogares y muchas empresas se encuentran gravemente endeudados, aquí las compañías y los profesionistas fracasan por la sequía de recursos provenientes del sector bancario. Aquí, el mayor monto de los  créditos que se autorizan es para consumo. Tal vez, insisto, este sea el momento de la banca.

México se enfrenta a un dilema: a diferencia de Estados Unidos, en donde los hogares y muchas empresas se encuentran gravemente endeudados, aquí las compañías y los profesionistas fracasan por la sequía de recursos provenientes del sector bancario.

claudiavillegas@revistafortuna.com.mx