CKDs / Capital Privado

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Versión 2.0 a la vista

A un año del desarrollo de instrumentos bursátiles para captar la inversión de los fondos de pensiones, los participantes en este nuevo segmento de financiamiento pugnan por cambios regulatorios que aumenten los atractivos de los CKDs para inversionistas institucionales extranjeros pero también que reduzcan las regulaciones que aún frenan al capital privado.


En medio de la nueva turbulencia financiera, se confirma que México, sus empresas y sus proyectos de infraestructura, necesitan urgentemente fuentes internas y estables de financiamiento para reducir la dependencia de capitales externos.

Si bien es cierto que la banca de desarrollo – Banobras, Nafin y Bancomext – cuenta con recursos del Presupuesto de Egresos de la Federación así como de sus estrategias de fondeo en los mercados de dinero, para apoyar algunos proyectos, se trata de recursos limitados que deberían detonar la llegada a la economía nacional de inversionistas privados y fondo extranjeros. Ese era el plan, aunque ahora, a sólo unas semanas de que concluya el primer semestre de 2010, el escenario se vuelve a complicar mientras la banca comercial mantiene su bajo perfil y el crédito fluye, pero a cuenta gotas. Los escasos recursos etiquetados, sí llegan a ejercerse por completo en 2010, serán claramente insuficientes.

Al cierre de 2010, el Fondo de Fondos de Nafin, diseñado para impulsar a la industria del Capital Privado en México, planea cerrar con inversiones de al menos 250 millones de dólares, que se dirigirán a diversos sectores prioritarios para la economía: infraestructura, vivienda, por mencionar los más importantes. Sin embargo, ante los problemas en las economía europeas, otros fondos privados – europeos y estadounidenses – podrían registrar conflictos para levantar recursos y mantener sus inversiones en México.

Pero el camino para reducir estos obstáculos ya se inició y algunas medidas regulatorias del gobierno federal en colaboración con estrategas de fondos especializados en capital privado, administradores de fondos para el retiro y ex funcionarios del sector público, comienzan a rendir frutos para alcanzar una fuente de fondeo estable para proyectos de inversión y empresas privadas con alto potencial de crecimiento y de rendimientos para los fondos de pensiones. De acuerdo con datos a febrero de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), los cinco cajones de inversión en las Sociedades de Inversión Especializadas en Fondos para el Retiro (Siefores) tienen un potencial de inversión de 93,000 millones de pesos. De este monto, cinco fondos de capital privado: Nexxus, McGuire, Discovery, Farac (ICA-Goldman Sachs) y Wamex, han logrado captar 13,200 millones de pesos vía CKDs. Para los siguientes meses, BBVA Bancomer prepara también dos proyectos: el primero con Prudencial Real State Investors que es un CKD enfocado a inversiones inmobiliarias y parques industriales que representaría una inversión por 6,500 millones de pesos; el segundo es la emisión de otro CKD para apoyar el financiamiento inicial de vivienda de interés social, un proyecto que encabeza el empresario David Sánchez Tembleque con su empresa Alfil.

La historia continuará

Fue a principios de 2009 cuando se alinearon leyes bursátiles y del sector del ahorro para el retiro que permitieron la operación de nuevos vehículos estructurados de inversión: los Certificados de Capital para el Desarrollo, conocidos como CKDs, los cuales comenzaron a captar el ahorro interno concentrado desde hace más de una década en las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores). Los CKDs, o al menos la primera versión de este instrumento estructurado, comenzaron a financiar proyectos por los que la banca comercial nunca hubiera apostado: una plantación de árboles de Teca, por ejemplo. Hoy, esta empresa se ha convertido en uno de los proyectos agroindustriales más rentables del país con un producto de exportación altamente valorado en mercados del exterior.

Al mismo tiempo y, en medio de la sequía de recursos, los fondos de capital privado – como Wamex o McGuire – encontraron en los CKDs la manera de levantar recursos de las Afores gracias a su diseño estructural y operativo. Tal vez, por esta razón y la flexibilidad de los CKDs, algunos analistas que critican ahora las limitaciones de este instrumento, se olvidan que no fue diseñado para impulsar el capital privado sino nuevos proyectos en donde el factor determinante ha sido la rentabilidad, la seguridad y, sobre todo, el grupo de expertos a cargo de la estructuración y administración de las nuevas empresas.

Pero mientras en el mercado mexicano había bastado, hasta ahora, el cambio del régimen de inversión de las Afores y la pasarela de administradores con amplia experiencia, para llevar al mercado una media docena de proyectos financiados con CKDs , los fondos institucionales extranjeros observan a este instrumentos con desventajas frente a otra opciones de estructurados y prefieren no diluir sus inversiones.

Los fondos privados de pensiones también miran con recelo a los CKDs aunque, de acuerdo con información de Wamex, Nafin y BBVA Bancomer, es un hecho la participación de algunos inversionistas institucionales mexicanos en emisiones de instrumentos de este tipo.

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