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Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.-En un sistema financiero donde la banca tradicional y las Fintech disputan terreno, las Sociedades Financieras de Objeto Múltiple (SOFOMES) han encontrado su propia ruta de relevancia: la última milla del crédito. Así lo explican Javier Garza, presidente, y Jorge Avante, director general de ASOFOM, quienes defienden el papel de estas entidades como el primer impulso financiero para miles de microempresas y pymes en México.
“Nosotros somos quienes damos el primer crédito. De cada diez pymes, siete reciben su primer financiamiento de una SOFOM, y en microcrédito prácticamente todos comienzan con nosotros”, explica Garza. Ese rol, aseguran, no solo tiene impacto económico, sino también social, especialmente entre mujeres emprendedoras, quienes encuentran en estas entidades su primera oportunidad de acceso al financiamiento formal.

A diferencia de la banca, el modelo de las SOFOMES se caracteriza por su flexibilidad y rapidez. “Hacemos trajes a la medida. Entregamos el crédito oportuno, con productos diseñados para cada necesidad, desde 15 mil pesos hasta los primeros millones”, señala Avante. Esta capacidad de adaptación, dice, ha sido clave para mantenerse vigentes frente a un entorno financiero cada vez más competido.
La apuesta por la institucionalización
Sin embargo, el crecimiento del sector no ha estado exento de retos. Uno de los principales, coinciden, es la necesidad de institucionalización. A falta de una regulación tan estricta como la bancaria, las SOFOMES han optado por fortalecer sus propios estándares. “Tenemos que ser autoinstitucionales. La asociación ha trabajado en capacitación, mejores prácticas y protocolos que eleven el nivel del sector”, apunta Garza.
En ese contexto surge el programa “Sofom Alta Calidad”, una certificación impulsada por ASOFOM que evalúa aspectos como gobierno corporativo, control interno, ciberseguridad y criterios ESG. “Hoy ya sabemos en qué nivel está cada asociado y qué brechas debe cerrar para acceder a fondeo institucional”, explica Avante.

El programa, que lleva una década en operación, ha ganado reconocimiento entre calificadoras y fondeadores. Incluso, algunos inversionistas ya lo consideran un requisito previo para otorgar financiamiento. “No puedes acceder a capital institucional si no estás institucionalizado. Esa es la lógica que estamos impulsando”, agrega.
Tecnología, comunidad y eficiencia
Otro eje estratégico es la eficiencia, impulsada por la adopción tecnológica y la colaboración con Fintechs. La asociación ha establecido alianzas con organismos internacionales y proveedores para compartir mejores prácticas y fortalecer la operación de sus afiliados.
Pero más allá de la tecnología, Garza y Avante destacan un elemento poco común en el sector financiero: la colaboración. “Aquí no competimos de la misma manera. Si un crédito es muy grande, lo atendemos entre varios. Si no tengo un producto, lo canalizo con otro asociado”, comenta Avante.
Actualmente, ASOFOM agrupa a 150 entidades y crece a un ritmo cercano al 20 por ciento anual. Esta red, aseguran, les ha permitido construir una comunidad que comparte información, previene riesgos y fortalece su posición frente a autoridades y mercado.
Regulación, riesgos y percepción
A pesar de su crecimiento, el sector enfrenta desafíos importantes, especialmente en materia regulatoria y de percepción. “Hay desconocimiento y desconfianza. Se ha creado la idea de que somos caros, pero también somos los más rápidos y los más accesibles”, sostiene Garza.
En paralelo, el cumplimiento en prevención de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo se ha vuelto más exigente. Tras episodios recientes en el sistema financiero, las SOFOMES han reforzado sus controles. “Ampliamos nuestras revisiones hasta beneficiarios finales y accionistas. Nos adelantamos incluso a la banca en algunos procesos”, explica.
La asociación también ha impulsado un decálogo de buenas prácticas y mantiene comunicación constante con autoridades como la CNBV y la CONDUSEF. A esto se suma el problema de la suplantación de identidad, donde falsos intermediarios utilizan el nombre de SOFOMES para cometer fraudes.
En términos de colocación, el crédito de las SOFOMES ya representa alrededor del 10 por ciento del financiamiento total en México, con un valor cercano a un billón ciento cincuenta mil millones de pesos. Su presencia es nacional, con especialización regional: agroindustria en el norte, pymes en el centro y occidente, y microcrédito en el sur-sureste.
Artesana de la comunidad de Zinacantán, Chiapas
De cara al futuro, Garza y Avante ven una oportunidad clara en la agenda gubernamental enfocada en el fortalecimiento de pymes. “Somos parte del Plan México. Somos el principal financiador de empresas que están empezando”, afirman.
La relación con autoridades, aseguran, es hoy más cercana que nunca. Trabajan con banca de desarrollo y organismos públicos para diseñar nuevos esquemas de financiamiento, al tiempo que buscan que su modelo de certificación sea adoptado como estándar en el sector.
“Somos complemento de la banca. Ellos atienden a las grandes empresas; nosotros formamos a las que van empezando”, resume Avante. En esa lógica, las SOFOMES no solo buscan mantenerse relevantes, sino consolidarse como el primer eslabón del sistema financiero mexicano.







