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En el caso de México, dos anclas son críticas: La autonomía efectiva de Banxico —que en 1982 se destruyó en semanas y tardó décadas en recuperarse—, y el T-MEC como tratado vinculante que, pese a su asimetría, da acceso al mercado más grande del mundo. Si estas dos líneas resisten, los riesgos son manejables.
*Rodolfo Ostolaza Berman, subdirector de Estudios Económicos de Banamex
La frase del título de esta columna es atribuida a Mark Twain. Dicho esto, van los siguientes escenarios.
Mientras el paro de transportistas y agricultores bloquea carreteras en más de 20 estados, la presidenta Claudia Sheinbaum impulsa la producción de gas natural en Pemex y se prepara la revisión del T-MEC bajo la presión de la administración Trump.
El crecimiento del PIB mexicano sigue anémico —1.6% es el escenario central de Banamex para 2026—, la inversión fija bruta no repunta y la informalidad supera el 55%.
En el frente global, el comercio mundial crece a tasas de atonía y el proteccionismo “recíproco” genera incertidumbre.
Los economistas preferimos no hacer esta pregunta (sobre todo en años recientes por los choques continuos) porque nos obliga a salir del modelo y mirar patrones de largo plazo: ¿a qué momento histórico se parece más el presente? En 2026 la respuesta no es cómoda.
No hay un solo espejo: hay tres. Y los tres convergen al mismo tiempo, tanto en el mundo como en México.
Los tres espejos globales
El primero son los años treinta. Después de 1929, el proteccionismo (Smoot-Hawley y réplicas) hundió el comercio mundial. Hoy, las proyecciones de la OMC y el FMI muestran un crecimiento del comercio global muy débil para 2026, con aranceles y fragmentación como protagonistas.
La diferencia clave: las armas nucleares y una interdependencia económica profunda reducen el riesgo de catástrofe total, pero no eliminan el deterioro gradual de instituciones multilaterales ni la erosión de la confianza.
El segundo es el fin del siglo XIX (1880-1914): un mundo multipolar sin árbitro claro, donde potencias se reequilibraban y acumulaban riesgos de escalada no intencional.
Hoy la triangulación EUA-China-Rusia genera la misma gramática. Taiwán, el mar del Sur de China, el Ártico y el ciberespacio son los nuevos Balcanes. Faltan mecanismos creíbles de coordinación. Los acuerdos bilaterales no resuelven problemas multilaterales.
El tercero, el más riesgoso por su optimismo previo, son los felices años veinte. Innovación tecnológica acelerada, valoración desbordada y confianza en que “esta vez es diferente”.
Hoy las grandes tecnológicas, impulsadas por IA, sostienen gran parte del efecto riqueza de EUA. La narrativa de la inteligencia artificial es real, pero la brecha entre valoración y productividad tangible genera un riesgo similar al de las burbujas bursátiles anteriores.
México y sus tres espejos simultáneos
Para el país, la complejidad es mayor: tenemos tres paralelismos operando al mismo tiempo.
Económicamente: la fase final del sexenio de López Portillo (1979-1982). Narrativa de fortaleza que los números contradicen: crecimiento bajo, inversión deprimida y señales de alerta que el discurso oficial absorbe. La buena noticia es que hoy tenemos menor deuda pública y amortiguadores que entonces no existían: un Banxico con credibilidad, tipo de cambio flexible y reservas internacionales sólidas. Pero los amortiguadores se desgastan si no se cuidan.
En la relación con el exterior: el Porfiriato tardío (1900-1910). Estabilidad construida sobre atracción de capital externo y soberanía negociada. Funcionó mientras el entorno lo permitió.
La revisión del T-MEC en 2026 es exactamente ese tipo de coyuntura: no solo se negocia acceso al mercado estadounidense, sino el grado real de autonomía en política económica.
Políticamente: el Maximato (1928-1934). Poder concentrado más allá del cargo formal, instituciones que funcionan con márgenes acotados y oposición fragmentada. La diferencia es que entonces existía un proyecto de Estado con horizonte definido. Hoy esa pregunta sigue sin respuesta clara.
Lo más delicado es que estos tres espejos no actúan por separado. Se pueden retroalimentar, por ejemplo, negativamente: menor confianza erosiona la inversión, el crecimiento se estanca, se requiere más gasto para mantener legitimidad, el déficit sube, la vulnerabilidad externa aumenta y las palancas de negociación del vecino se fortalecen.
Es el clásico mecanismo de dependencia del camino (“path dependency”) que operó en los tres periodos históricos.
Diferencias ante el peor escenario
No todo es fatalismo. En 2026 contamos con herramientas que no existían en los años treinta: bancos centrales más experimentados, el FMI y el Banco Mundial, y una interdependencia que hace prohibitivo un colapso total.
Para México, dos anclas son críticas: La autonomía efectiva de Banxico —en 1982 se destruyó en semanas y tardó décadas en recuperarse—, y el T-MEC como tratado vinculante que, pese a su asimetría, da acceso al mercado más grande del mundo.
Si estas dos líneas resisten, los riesgos son manejables. Si alguna cede, los tres espejos pueden converger en un escenario mucho más complicado.
Conclusión: claridad y acción
La historia no condena. Ofrece un catálogo de posibilidades que podemos activar o evitar. Mirar estos paralelismos no es pesimismo: es calibrar riesgos con memoria. Para el sector privado mexicano el mensaje es práctico: aprovechar las tendencias de relocalización, pero también las oportunidades de diversificación de mercados más allá de EUA, apostar a proyectos de energía (gas natural y renovables) con socios nacionales e internacionales, exigir certidumbre, y mayor coordinación en seguridad y logística, y no descuidar la inversión productiva. La soberanía energética y la estabilidad macro son compatibles con inversión y predictibilidad institucional.
Ningún espejo predice el futuro con exactitud. Pero todos advierten lo mismo: el deterioro suele ser gradual… hasta que deja de serlo. Las líneas que no conviene cruzar tienen nombre: independencia de Banxico, solidez del T-MEC e inversión como motor real del crecimiento.
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*Como subdirector de Estudios Económicos del Banco Nacional de México (Banamex), Rodolfo se encarga de dar seguimiento a los sectores real y externo de la economía mexicana.
El ejecutivo tiene una Maestría en Economía por El Colegio de México; una Licenciatura en Finanzas de la Universidad Tecnológica de México, y una Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Anteriormente, fue economista senior del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos. También desempeñó los cargos de jefe de la sección de estadísticas de comercio internacional dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).







