La Habana (Prensa Latina).- Salvador Dalí fue, entre otras cosas, pintor, escultor y escritor español, generador persistente de escándalos múltiples por sus frecuentes extravagancias, siempre acompañado por Galatea, su esposa y musa perenne a aún después de los estragos del tiempo.

Donal Trump responsabiliza a la OMS por la expansión de la pandemia del Covid-19 y lo acusa de favorecer a la República Popular China en detrimento de Estados Unidos.

Surrealista hasta la médula, Dalí rigió su vida por esa corriente artística y alguna vez pronunció una frase que sigue vigente: “No me importa que hablen bien o mal, pero que hablen de mí. Si hablan mal, mejor, porque eso significa que las cosas me van bien”.

Aunque es dudoso, dada su demostrada ignorancia, que el presidente estadounidense, Donald Trump, tenga una remota idea de quién fue Dalí, es obvio que practica su máxima como medio de mantenerse en el candelero más por sus dichos, que por sus hechos.

Notorio por su belicosidad e incontinencia verbal, Trump lo mismo acusa sin pruebas a Venezuela de delitos varios, que critica a Groenlandia porque ese país nórdico rehusó venderle unas islas, o califica a los países africanos y a Haití de “hoyos de porquería”, según una traducción inexacta, pero publicable.

El más reciente blanco de los dardos envenenados desde la Casa Blanca es el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS, por sus siglas), Tedros Adhanom Ghebreyesus, al que responsabiliza por la expansión de la pandemia del Covid-19 y lo acusa de favorecer a la República Popular China en detrimento de Estados Unidos.

De Ruanda a Namibia y de Etiopía a Nigeria, pasando por Sudáfrica, líderes africanos repelieron el ataque del mandatario contra la OMS y su director.

Entre las respuestas más contundentes está la del presidente de la Comisión de la Unión Africana, Musa Faki Mahamat, quien se dijo sorprendido “por la campaña contra el liderazgo mundial de la OMS y la gestión del director” de esa agencia de la ONU.

Otra muestra de repulsión, no por diplomática menos contundente, fue la del presidente ruandés, Paul Kagame, quien subrayó “¿Están bajo ataque el doctor Tedros, la OMS, China o todos al mismo tiempo? Centrémonos en la lucha contra esta pandemia (…) Ahórrennos tanta política, África no la necesita”.

Las formulaciones de Trump, como se ha hecho habitual, estuvieron acompañadas de la amenaza de retirar la contribución estadounidense a la OMS, la misma extorsión empleada tres años atrás contra la Unesco, porque sus miembros, en ejercicio de su albedrío soberano, aceptaron al estado palestino como miembro pleno, lo que provocó las iras de Israel.

Nunca antes un presidente de Estados Unidos, a pesar de que ese cargo lo han desempeñado personajes que se las traen, había dado muestras de una conducta tan desordenada e inconsecuente con sus altas responsabilidades y el comentarista no puede menos que preguntarse si Donald Trump es un lerdo certificado o se hace.

TRUMP ATACA A LA OMS

“No politice la Covid ni lo emplee con fines electorales”, respondió el doctor Tedros a Donal Trump.

La segunda hipótesis surge cuando uno observa el panorama mundial tras la irrupción de la pandemia en la primera potencia mundial, cuya magnitud y efectos desastrosos fueron desestimados por Trump y sus más fieles portaestandartes cuando la Covid-19 comenzaba a hacer estragos.

Es evidente que el mandatario, candidato único de su partido a la reelección en los comicios de noviembre próximo, ahora requiere escamotear a toda velocidad el impacto negativo que pueden tener sobre sus aspiraciones reeleccionistas el número de muertos e infectados en su país a causa de la enfermedad que, en un principio, el jefe del Ejecutivo estadounidense calificó de una “gripecita” sin mayores consecuencias.

Aún cuando los partidarios de sus métodos de gobierno son obcecados, podría llegar el momento en el cual el número de muertos, el aumento del desempleo y la posible crisis económica en Estados Unidos persuadan a los ciudadanos de ese país de que Donald Trump es cualquier cosa menos un jefe de Estado que pueda considerarse responsable de sus actos.
De su lado, el director de OMS dio una respuesta mesurada, pero contundente a las alegaciones de Trump: “No politice la Covid ni lo emplee con fines electorales”, dijo el doctor Tedros, que se desempeñó en su país, Etiopía, como ministro de Salud entre 2005 y 2012 y como canciller entre 2012 y 2016.

A pesar de que el comentarista está al tanto de su desconocimiento facultativo de la siquiatría, meses atrás no pudo evitar referirse a los indicios sicopáticos en la personalidad del mandatario, que el paso del tiempo han hecho más tangibles.

Ahora a ese padecimiento de la psiquis, que es decir, del alma, el comandante en jefe de las fuerzas armadas de su país por derecho constitucional, el mandatario suma otro, la mitomanía, que es una enfermedad que obliga a mentir de manera compulsiva, la cual sumada a su egolatría desbocada, lo hacen más peligroso aún.

* Por Moisés Saab, periodista de la Redacción Internacional de Prensa Latina.

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