Una de los significados de “caos” se refiere al estado amorfo e indefinido que se supone anterior a la ordenación del cosmos, pero también denota confusión y desorden. A este segundo significado quiero referirme, porque las empresas como ente vivo y reflejo de la sociedad, no son ajenas a las nuevas formas de relacionarnos.

Estamos viviendo una gran paradoja, pues cuando contamos con el mayor número de instrumentos para la comunicación, estamos rompiendo el hilo que nos comunica.

Lejos de poner las herramientas al servicio de la eficiencia, se han convertido en distractores que tornan confusa y desordenada la comunicación. En el ámbito familiar o en los grupos de amigos, atestiguamos cómo se afectan los lazos afectivos por un mal entendido o por una sobre interpretación de los mensajes. La era digital nos hizo otros: insociables y ajenos al mundo exterior.

Pero qué pasa en las empresas ¿cómo afectan las nuevas formas de comunicación al desarrollo de las organizaciones? En un ámbito plagado de dispositivos para la comunicación y frente la sobreexposición a los mensajes ¿qué pueden hacer los mandos intermedios para que los fines que persigue la empresa lleguen a buen puerto y las personas interactúen a favor de sí mismas y de la productividad?

Híper distraídos

Las empresas, lo hemos dicho, las hacen las personas y éstas viven en el mundo con todas sus peculiaridades. Entre las múltiples cualidades y funciones del mando intermedio está saber leer el escenario, tanto interior como exterior de la empresa. En tal sentido, sabe que los integrantes de su equipo tienen en la híper conectividad al distractor número uno.

¿Recuerda cuando el correo electrónico o las consultas por Internet en el ámbito laboral, apartaban a los colaboradores de sus tareas esenciales? En aquel tiempo que parece lejano, se tuvieron que adecuar los sistemas de trabajo, capacitar a los empleados, adaptar las tecnologías a las tareas y también se tuvieron que establecer nuevas reglas, horarios y espacios al interior de las oficinas.

Hoy, la evolución de la comunicación tecnológica nos pone en la mano un sinfín de aplicaciones y las famosas redes sociales. El escenario actual muestra cómo los empleados encuentran cualquier pretexto para entrar “en comunicación” con familiares o amigos, ocupando minutos tomados de su tiempo laboral.

Estamos híperconectados, sí, pero ausentes de las tareas sustantivas. Y casi sin darnos cuenta, la suma de tiempo es tal que pone en riesgo cualquier plan de trabajo.

El mando intermedio tiene aquí la misión titánica de encauzar los tiempos y las tareas, motivar al equipo y concretar objetivos: poner orden al caos todos los días.

Los distractores de hoy aíslan a las personas y las llevan a depositar su tiempo a una vida remota, a actividades, compromisos e ideas que están muy lejos de aquello que debería ocupar su atención, olvidando que hay un lugar y un momento para cada cosa.

El 1-2-3

La comunicación en la actualidad está definida por el exceso de mensajes, muchos de ellos carentes de contenido enriquecedor o formativo. Dicho exceso es parte del caos que impera y sobre el cual intentamos intervenir para evitar fracturas en el plan de trabajo.

Aunque el tema es amplio y con soluciones aplicables a los diferentes ámbitos, en el mundo de los mandos intermedios, puede adaptarse una regla sencilla y efectiva, porque atañe a las tareas propias de su liderazgo.

  1. Desde el principio el mando intermedio debe dejar muy claras las normas. Si los colaboradores distraen su tiempo en actividades ajenas, es porque no les han subrayado las reglas que operan en la empresa. Pero cuidado, por evitarse el título de tirano, podría aflojarse la disciplina, por ello deben afinarse los mecanismos de interacción con los colaboradores como la presentación de informes de avances y resultados.

      Sea claro al momento de dar instrucciones y de establecer tiempos, incluyendo los tiempos de descanso, en los cuales el colaborador puede         atender la comunicación del exterior.

  1. Planeación. Parte de la claridad en la comunicación, radica en una planeación asertiva, con metas precisas, tareas bien definidas y cumplimiento de tiempos.
  2. Dirección. El mando intermedio tiene que mantener el equilibrio entre la realidad que viven los colaboradores y el cumplimiento de las metas, pero sin perder el sentido humano. Por lo tanto, ha de poner en juego tanto su criterio como su sensibilidad para encauzar al equipo. Recordemos: si sabemos adónde queremos llegar, el camino por andar es más sencillo.

Por Alfonso Aguilera Gómez*

* Director General de ICAMI Región Centro. Cuenta con una Máster en Dirección de Empresas para Ejecutivos con Experiencia, por el IPADE.

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