Nunca se habría imaginado le daría la vuelta al mundo y se repetiría una y otra vez como el signo de los años por venir. Jim O’Neill, padre del término “BRIC” -un acrónimo compuesto por las primeras letras de Brasil, Rusia, India y China- no tenía forma de saber que su celebridad vendría y estaría irremediablemente ligada a las cuatro letras que de manera inicial sugirió en un ensayo, para una publicación de Goldman Sachs en el año 2001, en el que discutía la tesis de que para el 2050 tales economías en su conjunto eclipsarían a las de las actuales potencias.

Bloques1BRIC

Los años pasaron y el término se fue utilizando a mayor medida en tanto los cuatro países seguían el rumbo de crecimiento económico que el documento sugería. Proliferaron las menciones en la prensa financiera -en ocasiones con secciones especializadas en ellos-, conferencias acerca de sus economías, fondos de inversión especializados en sus mercados, marketing de negocios basado en el concepto y, en consecuencia, un montón de corporativos comenzaron a buscar la manera de accesar y posicionarse en tales países.

Incluso propició reuniones de funcionarios de las cuatro naciones, incluyendo la asistencia de las cabezas de Estado, pero ante todo muchos celos alrededor del mundo entre los países que no fueron incluidos. Hubo sugerencias desde Sudáfrica de que el término se veía mejor como “BRICS”; desde México nos hubiera gustado más un “BRIMC”. Aunque había que reconocer, Sudáfrica tenía la ventaja dada la similitud de su término a la palabra bricks (ladrillos, en inglés), y lo sugerente que resultaba el término en cuanto a la construcción de un proyecto.

Sin embargo, era evidente que las cuatro naciones eran muy diferentes entre sí, más allá del destacado crecimiento económico, y que no había la más remota intención de conformar algún bloque regional, ideológico o político significativo entre ellos. El término estaba en boga, pero decía muy poco de las características y circunstancias de los países miembros.

Ha habido intentos de replicar el impacto del acrónimo, nunca con el mismo éxito: al iniciar la crisis europea ya se escuchaba hablar de un “PIIGS” para describir, con poco tacto y nula solidaridad, a los países en problemas económicos de la Unión Europea (pigs significa cerdos, también en inglés). El mismo O’Neill no resistió el intentar repetir su hazaña sugiriendo ahora un “MIST”, un bloque de economías de alto potencial donde felizmente nuestro país ahora sí está incluido junto con naciones hermanas como Indonesia, Corea del Sur y Turquía.

Hay muchos elementos para sospechar de tales intentos de agrupar países que parecerían, y son, bastante diferentes. Por un lado, si bien es arriesgado pronosticar el destino de un país en las décadas por venir, lo es aún más hacerlo con cuatro. En el peor de los casos, el escepticismo sobre el uso de acrónimos para describir las tendencias globales en las décadas por venir tiene que pasar por la aparente necesidad de formar una palabra con algún significado, así como de incluir algún país cuyo nombre empiece con una vocal. Si bien no será en aras de la exactitud geoestratégica, si lo es en atractivo fonético: “MST” sería mucho menos atrayente que MIST (que también tiene un significado, niebla).

Bloques2PIIGS

El uso del término BRIC ha ido disminuyendo gradualmente. Después de la década espectacular que tuvieron los cuatro países en cuestión, eventos como el menor crecimiento de India y Brasil están ocasionando que se abandone. En el caso de Brasil, el último par de años la cuestión se ha hecho especialmente complicada: de un crecimiento económico esperado a principio del 2012 de alrededor del 3 por ciento en tal año -modesto para los estándares de la última década-, terminó rondando el 1 por ciento. Bajo tales circunstancias, se hace difícil incluirlo dentro de un término que pretende describir crecimiento económico.

Si bien los países del BRIC pueden llegar a ocupar un merecido y orgulloso lugar de entre las potencias del futuro, cabe la posibilidad de que el término, y la atención derivada de su popularidad, les haya perjudicado más de lo que les benefició.

Un problema es que una buena parte del capital que llega a un país que está llamando mucho la atención a nivel global puede no ser tanto de inversión -a largo plazo y de compromiso con el país- como de especulación, ya sea para con su divisa o mercado de capitales.

Sin embargo, la complacencia quizás sea el mayor de los peligros. Al fin y al cabo, es sencillo dilatar reformas dolorosas, pero necesarias, cuando hay un sentido de conformismo dada la fanfarria de éxito por parte del resto del mundo.

México está comenzando a llamar la atención, gradualmente y con mayor fuerza. Hay varios factores que influyen en ello: el declive de la atención en el BRIC, el poco crecimiento de los países desarrollados y el contexto favorable en el que nuestro país ahora parecería estar, son algunos de ellos. Lo que es cada vez más evidente es que podríamos convertirnos en la siguiente moda en los mercados internacionales, la siguiente estrella a seguir.

Esto no es nuevo para el país, la última vez que estuvimos en una situación similar fue después de la firma del TLC de Norteamérica que -con todo el provecho que le hemos sacado- fueron los días en que exageradamente se concluyó llegaríamos a ser un país desarrollado inevitable y rápidamente.

Importantes inversiones llegaron al país y hubo amplia disponibilidad de crédito dados los prospectos demasiado optimistas, pero no hubo la prudencia de controlar el endeudamiento ni el nivel de importaciones que se hizo insostenible -dada la cantidad de exportaciones que teníamos en aquellos días-. Al final de 1994, nuestro annus horribilis, sufríamos la peor crisis económica de las últimas décadas. Salieron divisas y se nos acabaron las reservas intentando defender la banda del tipo de cambio, la cual tuvimos que abandonar para dejar al peso flotar con la consecuente devaluación que muchos aún recordamos.

Pocos años después, los favoritos serían los llamados “tigres asiáticos”, que tuvieron su propia crisis al final de los 90, nuevamente bajo un ciclo económico de burbuja y crisis donde a la expansión excesiva del crédito le siguió un colapso que se aceleró cuando muchos intentaron huir, todos al mismo tiempo.

Map of China

Esto no tiene que repetirse, ni para México, ni para cualquier otro país. El buen juicio económico bajo la simple premisa de no gastar más allá de nuestras posibilidades -como personas, familias, comunidad y nación- y mantener la disciplina tanto para sacar adelante las reformas que el país necesita, independientemente de si el resto del mundo nos está mirando o no, es lo que lo determinará. El nuevo gobierno ha dado señales razonables al proponer una economía con cero déficit, además de la aparente decisión para impulsar las reformas que durante años no hemos podido concretar.

Lo paradójico es que, de concretarse, mientras mayor éxito tengamos como economía y en salir adelante como nación, mayor será la necesidad de mantener un criterio claro de nuestros objetivos y la disciplina para alcanzarlos. Ante el éxito que pudiéramos tener, y la atención que se nos pudiera dar, ¿tendremos el buen juicio para mantener los pies bien puestos sobre la tierra?

*Ignacio Montané, CFA, se especializa en capital de inversión y planeación patrimonial

ignacio.montane @ inv.com.mx

Twitter: @ignaciomontane

 

 

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