En días recientes se han escuchado las opiniones de productores, congresistas y gobernadores que rechazan tajantemente negociaciones comerciales de México con Colombia, Perú y Brasil. La oposición viene, sobre todo, del sector agrícola; en el caso de Brasil, también de una diversidad de sectores industriales.

Sin embargo, la crisis global alimentaria obliga a redimensionar estas negociaciones comerciales. ¿Qué tiene que ver el alza de precios internacionales de alimentos con estas negociaciones? Yo diría que mucho. México es hoy altamente dependiente de un solo mercado el de Estados Unidos para sus importaciones de alimentos. En el sector granos y cárnicos, nuestro vecino del Norte es prácticamente nuestro único o principal proveedor. Según datos de la Secretaría de Economía, en 2010, ese país abasteció prácticamente la totalidad de nuestras importaciones de cereales  como maíz amarillo, trigo, centeno, cebada, avena, sorgo y arroz con cáscara, así como de carne de bovino, de puerco y pollo. Igualmente, Estados Unidos abastece 88% de las importaciones de México de leche en polvo.

Dado que la única apertura comercial completa en el sector agropecuario es con Estados Unidos bajo el Tratado de Libre Comercio (TLC) de América del Norte, México ha acentuado su dependencia de sus importaciones de alimentos de un solo proveedor. Es por ello que resulta estratégico encontrar alternativas de proveeduría para garantizar su seguridad alimentaria. Negociar tratados de libre comercio con países como Perú o Brasil, o ampliar el ya existente con Colombia, podría ser una opción. Por ejemplo, la ampliación del TLC México-Colombia le daría a México otra opción de compra, en condiciones preferenciales, para carne de bovino, leche en polvo, mantequilla, o quesos, entre otros. Un TLC México-Perú podría complementar la oferta de frijol, donde Estados Unidos abastece 80%, China 19% y Canadá, el resto. Igualmente, Brasil podría complementar o diversificar las importaciones que México ya realiza de granos, lácteos y carnes de Estados Unidos.

La crisis alimentaria ha llevado a una escalada de precios internacionales. A partir de la segunda mitad de 2010, los precios de los alimentos en México y en el mundo han ido a la alza, y todo parece indicar que así continuarán. Los mayores ingresos en economías en desarrollo, sobre todo en China y la India, han resultado en una mayor demanda por alimentos, en tanto que los efectos de diversos fenómenos meteorológicos han arruinado cosechas en todo el mundo, lo que ha reducido la oferta y los inventarios. Para importadores de alimentos, como México, esta tendencia puede representar un severo riesgo a su seguridad alimentaria e incidir, como ya se ha visto, sobre niveles de inflación.

México importó más alimentos -alrededor de 20 mil millones de dólares (MMD) en 2010- de los que exportó–aproximadamente 18 MMD en 2010-.

La crisis alimentaria actual enciende los focos rojos sobre la urgencia de diversificar nuestras importaciones de alimentos. En un mundo globalizado, la seguridad alimentaría no significa autosuficiencia. México no puede producir todos los alimentos que consume, pero sí puede diversificar sus fuentes de abasto. Los TLC con países de Latinoamérica brindan esta opción al tiempo que también obligan a pensar las mejores formas de elevar la producción nacional para acceder a nuevos mercados en el exterior que cada vez demandan más productos agropecuarios. Paradójicamente, un ganador claro de la oposición frontal a estas negociaciones es el sector agropecuario, pero de Estados Unidos, pues sin proveedores alternativos tiene garantizada su participación sin competencia en el mercado mexicano.

*Directora de la consultoría LMM Consulting; profesora del Centro de Investigación y Docencia Económica, y miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales.

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