El espectro radioeléctrico y los flancos abiertos de la conectividad || Columna Sin filias ni fobias

Héctor González
Héctor González, abogado experto en temas de ciberseguridad y estratega en relaciones institucionales. Hoy escribe sobre los desafíos en la próxima licitación de servicios que aprovechen el espectro radioeléctrico,

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 28 segundos

Las telecomunicaciones y el aprovechamiento del espectro radioeléctrico son el cimiento sobre el que se construye todo el edificio digital. Desde la nube, pasando por la Gig Economy, servicio de streaming, hasta la inteligencia artificial. Es decir, todo pasa por ahí. Pensar en digitalización sin pensar en telecomunicaciones equivale a diseñar una ciudad sin trazar correctamente sus avenidas, por más ambicioso que sea el plano, sin buenas vías de circulación nada se mueve.

Sin embargo, esas vías de circulación son cada vez menos efectivas para el tránsito de bits. El consumo de datos crece a un ritmo que desafía la capacidad instalada. A nivel global, el volumen de información pasó de aproximadamente 59 zettabytes en 2020 a cerca de 181 zettabytes en 2025, y las proyecciones apuntan a que esa cifra podría superar los 390 zettabytes hacia finales de la década. En México, la CRT estima que el tráfico total podría llegar a 26 exabytes anuales hacia 2029, del cual más del 90% correspondería a redes 5G. Todos esos datos circularán por la avenida que llamamos telecomunicaciones, por lo que para ampliarla y mejorarla, México necesita poner más espectro radioeléctrico en operación.

La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones ha dado pasos relevantes en esa dirección. A través de mesas de diálogo multisectoriales realizadas entre enero y marzo de 2026, y con la aprobación del Programa Anual de Bandas de Frecuencias 2026, el regulador busca conciliar las necesidades heterogéneas de la industria junto con el objetivo de cobertura universal. Sin entrar en la polémica sobre si el espectro resulta caro o no, ya existen modelos que podrían hacer de este recurso algo más asequible —no más barato, sino accesible bajo esquemas que distribuyan mejor la carga financiera sin sacrificar la sostenibilidad del sector.

Sin embargo, hay dos flancos que deben abordarse de manera integral con la política de espectro, so pena de construir una vialidad más ancha que desemboque en un callejón sin salida.

El primero es la infraestructura física. México necesita pensar fuera de la caja y resistir la tentación de copiar modelos de otros países cuyas circunstancias difieren sustancialmente. Un país con poco menos de 10 millones de personas aún sin acceso a internet, los centros urbanos cada vez más saturados y una orografía muy especial, requiere un modelo propio que impulse simultáneamente la competencia y la cobertura universal. El espectro es una condición necesaria, pero no suficiente: sin torres, fibra óptica y equipamiento de última milla, las frecuencias asignadas son como un río caudaloso sin cauce. Por ello, resulta pertinente explorar incentivos fiscales específicos para el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones —más allá de los mecanismos vinculados a la adquisición de espectro—. ¿Por qué no considerar, bajo condiciones claras de cumplimiento, la deducción acelerada dentro del primer año para inversiones en este rubro? Así, quien invierta podrá ver beneficios inmediatos.

El segundo flanco es la ciberseguridad. Cada persona que se incorpora al mundo digital representa una nueva puerta de acceso para la ciberdelincuencia. Según el Informe Global de Amenazas de Fortinet, México se ha posicionado como el segundo objetivo principal de ciberataques en América Latina, solo detrás de Brasil. Durante el primer semestre de 2025, el país registró más de 40,600 millones de intentos de ciberataque. De acuerdo con estimaciones de la industria —basadas en reportes de firmas como TBSEK e IQSEC—, las pérdidas agregadas por este concepto han superado los 8,000 millones de dólares, lo que podría restar entre 1.5% y 2.4% al crecimiento del PIB en escenarios de parálisis de sectores críticos.

Conectar a más mexicanos sin acompañar esa conectividad con una política robusta de ciberseguridad es como instalar puertas sin cerraduras: se amplía el acceso, pero también la vulnerabilidad. La prioridad debe ser concientizar y capacitar a personas y empresas —sobre todo a las MiPyMEs— frente a amenazas que la propia inteligencia artificial potencia y sofistica cada día.

Si México aspira a una digitalización exitosa, no basta con ensanchar la vía del espectro. Hace falta pavimentarla con infraestructura robusta e iluminarla y señalarla con políticas de ciberseguridad efectivas. Solo un enfoque integral permitirá que la promesa de la transformación digital no se quede en un deseo, sino que se convierta en esa avenida de pavimento hidráulico que habilitará la digitalización del país.

IA: Sin filias ni fobias || La columna de Héctor Fernando González

IA: Sin filias ni fobias || De la euforia a la soberanía ética