Al Aire | ¿Nos emociona el mundial?

Nota: Los espacios de opinión son responsabilidad del articulista

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por Enrique Hernández Alcázar

Faltan apenas cien días para el Mundial de 2026 y el relato oficial insiste en la misma narrativa de siempre: entusiasmo, oportunidad histórica, millones de turistas, derrama económica y la promesa de que “la pelota vuelve a casa”. Pero a veces el ruido de la realidad se cuela entre las fanfarrias.

Esta semana apareció un dato incómodo: la FIFA habría cancelado el 40% de las habitaciones de hotel que tenía reservadas en la Ciudad de México. Unas 800 de las 2 mil que había bloqueado desde hace meses. La información la dio a conocer el propio sector hotelero capitalino. En algunos establecimientos –cuentan– el organismo liberó hasta 180 o 200 cuartos completos. Y lo más revelador: nadie sabe exactamente por qué.

En la cuenta regresiva hacia el 11 de junio –día en que el Estadio Azteca/Banorte/Ciudad de México (elija usted cómo le va a decir al otrora y fallido Estadio Guillermo Cañedo) volverá a inaugurar un Mundial– el dato resulta, cuando menos, inquietante.

Porque el Mundial siempre ha sido una maquinaria de previsión quirúrgica. Todo se reserva, se bloquea y se planifica con años de anticipación. Por eso sorprende que, a tres meses del evento deportivo más grande del planeta, el organismo rector del fútbol mundial esté liberando inventario hotelero en una de las sedes más importantes.

¿Exceso de previsión?

¿Ajuste logístico?

¿Cálculo turístico fallido?

La explicación oficial de la FIFA todavía no llega y el gobierno de la 4T chilanga –obvio– tiene otros datos: asegura que no hay motivo de alarma.

Alejandra Frausto, titular de la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México, difundió un comunicado para desmentir interpretaciones “imprecisas” sobre el hospedaje rumbo al Mundial. Según la dependencia, el interés turístico internacional está creciendo y las reservas se comportan conforme avanza la venta de boletos y los calendarios de viaje.

En otras palabras: no hay problema, calma, no se aceleren ni inventen cosas. La ciudad, Frausto dixit, tiene más de 63 mil habitaciones en alrededor de 800 hoteles, además de miles de opciones adicionales en la zona metropolitana y en plataformas de hospedaje temporal.

El problema es que el Mundial no solo se mide en cuartos disponibles.

Se mide en atmósfera.

Y hoy la atmósfera del país no es precisamente festiva.

México llega a este torneo con un contexto complejo: violencia persistente en varios estados, operativos federales contra el crimen organizado, obras públicas que avanzan a marchas forzadas y un Estadio Azteca cuya remodelación corre contra el calendario. Nada de ello aparece en los spots promocionales. Pero forma parte del paisaje real.

Los Mundiales suelen funcionar como cápsulas temporales donde el planeta decide olvidar sus conflictos durante un mes. Sin embargo, el Mundial de 2026 llega en un momento peculiar: guerras abiertas en distintas regiones del mundo, tensiones geopolíticas crecientes y sociedades polarizadas incluso dentro de los propios países sede.

Estados Unidos, Canadá y México organizarán el torneo más grande de la historia y, paradójicamente, quizás también el más incierto.

La Copa del Mundo no solo necesita estadios y hoteles. Necesita ánimo colectivo. La pregunta incómoda, entonces, no es si habrá suficientes habitaciones en la Ciudad de México. El dilema es otro.

¿De verdad estamos listos para emocionarnos con este Mundial?

Porque ni siquiera las canciones oficiales han logrado encender a nadie.

Ya hasta extraño el Waka Waka.

Y sí… ya es mucho decir.

 

 

Nota: Los espacios de opinión son responsabilidad del articulista

 

 

 

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