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Recuperar el pensamiento crítico  

Por
Lilia Carrillo
-
mayo 26, 2022

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 24 segundos

Por: Lilia Carrillo

Entrar a las redes sociales se está volviendo un ejercicio de alto impacto donde, a pesar de lo limitado de los caracteres, se opta por descalificar -con la mayor violencia posible- a los interlocutores, sean conocidos o no, públicos o no, tengamos o no contexto.

Minimizamos esta nueva plaza pública con: “así son las redes”, “así es la gente”, “no es para tanto”; aunque sí nos enfrenta a una paradoja, porque vemos que aún con el acceso que tenemos a grandes cantidades de información, decidimos tomar sólo aquello que respalde nuestra narrativa.

Es paradójico que querramos más datos, con programación de inteligencia artifical que nos permita saber más, detectar patrones, anticipar tendencias; queremos equipos con habilidades “sociales” o “blandas”, como son pensamiento crítico y la resolución de problemas.

Y al mismo tiempo, actuamos hacia la dirección contraria: estamos reemplazando el diálogo por discusiones entre quienes piensan como nosotros; el debate por una especie de guerra donde es ganar o perder, sin puntos medios y donde los datos requieren justificación ideológica para ser tomados en cuenta.

Una cifra, una vivencia personal o un hecho sirven para justificar (casi) cualquier argumento sobre (casi) cualquier tema: desde si la tierra es plana, la luna es una estructura alienígena hasta temas mucho más urgentes y relevantes en términos ciudadanos que deberían poder definir políticas públicas de largo aliento: seguridad de todo tipo, movilidad, sustentabilidad, mejora en calidad de vida.

La historia se ha cansado de mostrarnos que ninguna solución de largo plazo proviene de una sola idea o una sola persona y no podemos cerrarnos a un periodo sexenal, donde cada vez, hay una nueva visión que nos ha llevado a la creación de distintos monopolios públicos y privados, infraestructura insuficiente, planes educativos que no responden a las necesidades -ya no digamos futuras- sino presentes de las distintas industrias.

Ante este panorama, es urgente redefinir el uso que damos a palabras clave como “debatir”, “argumentar”, “dialogar” o “tolerar”, incluso en nuestro propio discurso, para dar peso tanto a los emisores como a los mensajes.

Reducir el discurso a “estas son mis cifras” es el equivalente de “porque lo digo yo”, una frase que no funciona en ningún ámbito, ni siquiera en el más reducido círculo familiar, porque lleva asociado un “ni preguntes, porque te va peor”. Y no hay sociedad que pueda avanzar con un temor de ese tamaño.

Lilia Carrillo es consultora de comunicación

TW. licarrillo

 

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Haciendo gala de fina ironía y sarcasmo, esta breve frase de Albert Einstein, es un trabuco cuyo disparo, en cualquiera de los casos, acierta precisamente en la relatividad de las cosas. Hemisferio es una palabra que literalmente se refiere a cada una de las dos mitades de una esfera, es un concepto simple y sencillo pero que se complica cuando se quiere determinar ¿cuál es el lado izquierdo o el derecho de una esfera que además permanece en rotación continua? Desde el punto de vista geofísico, esta esfera puede “partirse” de cualquier forma y si resultan dos mitades iguales, habrá entonces dos hemisferios. Bajo esa lógica, la división de la Tierra suele entenderse a partir del ecuador o de algún par opuesto de los 360 meridianos, lo que derivaría en el primero de los casos en lo que se conoce como Hemisferio Norte y Hemisferio Sur, que por razones geofísicas y de campos magnéticos, están así definidos en función de los denominados Polo Norte y Polo Sur. Esa realidad, tiene efectos físicos objetivos que no son tan claramente visibles, cuando la división planetaria se hace a partir de las líneas imaginarias que corren de norte a sur, conocidas como meridianos, porque si bien es cierto, resultarán igualmente dos hemisferios, ¿da lo mismo que se haga con cualquier par opuesto meridiano? Históricamente, se ha considerado a Grecia y Roma como pilares de la cultura occidental, motor de desarrollo de Europa y clave para la transformación del nuevo mundo o las Américas; pero paradójicamente, en la conferencia internacional de octubre de 1884 en Washington D.C. los representantes de 25 naciones (México incluido) suscribieron una serie de acuerdos, entre los que destaca la adopción de un único meridiano de referencia (antes había distintos) y que en lo sucesivo sería conocido como el Meridiano de Greenwich (Reino Unido), Meridiano Cero, Meridiano Inicial o Primer Meridiano, y que determinaría que el Hemisferio Occidental es todo lo que esté al Oeste (la izquierda) de esta longitud y el Oriental la consecuente otra mitad. Curiosamente, esta división imaginaria deja fuera del recién bautizado Hemisferio Occidental a la mayoría de Europa (incluyendo parte del Reino Unido) y a la cuna de la civilización occidental, Grecia e Italia; que actualmente se ubican en el hemisferio oriental del planeta junto con toda Asia y gran parte del continente africano. En términos de extensiones geográficas, la mayor parte del territorio entonces denominado Hemisferio Occidental, corresponde a la masa continental americana. Así es, un proceso completo en aproximadamente un siglo, independencia de USA y otras naciones americanas, adopción de la doctrina Monroe, expansión de USA por anexión de territorios mexicanos y reubicación del occidente, abandonando el viejo continente europeo y pasando al nuevo mundo occidental que es el continente americano. Aquí cierra la primera temporada de la serie. La segunda temporada inicia en el s. XX con dos grandes conflagraciones mundiales que evidenciaron la posibilidad de riesgos de alto impacto con efectos globales y dieron pie a la construcción de diversos organismos e instituciones multinacionales a manera de contrapesos para limitar los impulsos de las grandes potencias en detrimento de las naciones menos influyentes (por ejemplo, ONU 1945), para fomentar el desarrollo (FMI 1944, BM 1946) o para establecer la alianza militar más poderosa hasta ese momento con la OTAN en 1949. La Organización del Tratado del Atlántico Norte, actualmente se conforma por 32 países miembros, que incluyen a USA, Canadá y 30 países europeos, más otros socios globales, pero claramente tiene como objetivo estratégico y geopolítico, proteger a las naciones agremiadas del Hemisferio Norte. En otras palabras, en esta segunda temporada, el criterio de segmentación hemisférica estratégica ha estado en la prioritaria salvaguarda del Hemisferio Norte, visión que no necesariamente se mantendrá igual en la tercera temporada. La tercera temporada de la serie, comenzó en 2017 con el inicio del primer mandato del presidente Trump, pero más claramente a partir de enero de 2025 debido a su segundo mandato presidencial. Como se ha anticipado en Revista Fortuna desde hace más de un año, en artículos como “América, para los Americanos” y otras cuatro notas publicadas y que están correlacionadas; desde el inicio ha sido previsible que el interés prioritario del gobierno americano, es militar y de seguridad nacional, y que los aspectos comerciales han servido como herramientas de presión y negociación para alcanzar los objetivos más trascendentes; lo que ahora ya se denomina abiertamente como defensa del Hemisferio Occidental (ante potenciales amenazas de ultramar), al tiempo en que en los hechos, USA está dejando varios organismos multilaterales, ha presionado a la OTAN obligando a los demás miembros a incrementar su inversión en rearme (e incluso con una posible ocupación de Groenlandia), ha mitigado mediante el ejercicio de la fuerza los riesgos que representan los intereses de países lejanos como Rusia, China e Irán en América, ha incrementado substancialmente las sanciones y presión en contra de los grupos del crimen organizado ahora calificados como terroristas y sus vínculos políticos, etc. Tal vez, por los antecedentes expuestos y el cada vez más próximo proceso de negociación del TMEC, la expresión más clara y precisa sería hablar de Defensa Continental y no del Hemisferio Occidental, pero al igual que la frase en cita, en cualquiera de los casos el resultado será el mismo; somos vecinos y socios principales de USA, estamos en el Hemisferio Norte, en el Hemisferio Occidental y en el continente americano, en ocasiones y ante la duda, es recomendable volver a ver un planisferio para recordar en dónde está México y actuar en consecuencia.
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