Hay un deterioro en el ambiente tanto público como privado para ejercer el derecho a la libertad de expresión, que persistirá en la medida en que se fortalezca la percepción de que sólo nos referimos al libre discurso y no a la obtención de información; además de actitudes fomentadas desde las propias autoridades -garantes del cuidado del marco jurídico- que favorecen una menor transparencia y una mayor estigmatización hacia los contrapesos.

Por: Lilia Carrillo

De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos, “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas, ya sea oralmente, por escrito, o a través de las nuevas tecnologías de la información, el cual no puede estar sujeto a censura previa sino a responsabilidades ulteriores expresamente fijadas por la ley.”

Sin embargo, en el análisis que realizamos en el Tercer Pulso Meraki “Entre la libertad de expresión y la censura”, para un 33% de los participantes, este derecho sólo atiende a la difusión de informaciones e ideas.

Aquí radica una de las claves de cómo se ha desenvuelto la discusión pública en torno- por ejemplo- a la propuesta de desaparición del Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información (INAI).

Las señales son preocupantes. Tomemos el más reciente reporte de Artículo 19 “Distorsión: el discurso contra la realidad”- , en el que se documentan las acciones de desinformación desde el gobierno, así como un intento de control y censura de Internet y la violencia contra la prensa se mantiene al alza, con una cifra inédita de 692 ataques.

Todo parece indicar que estas condiciones se profundizarán en el mediano plazo, complicando aún más la toma de decisiones, pues sin información clara, oportuna y veraz nadie: ni inversionistas, ni ciudadanos, organismos públicos o privados o cualquier tipo de entidad, puede tomar decisiones de largo plazo.

Por un lado, veremos proyectos destinados al fracaso, debido a la falta de datos confiables, mediciones o seguimiento; el desperdicio de recursos y la pérdida de oportunidades.

También podremos ver el surgimiento de nuevos liderazgos para detener inercias, por ejemplo, en la forma en que concebimos el espacio público, los contrapesos, el respaldo y fortalecimiento de organismos; así como nuevas entidades orientadas a asegurar la transformación de los partidos públicos -por ejemplo- o herramientas para asegurar la transparencia y rendición de cuentas.

 

Lilia Carrillo es socia de Meraki México TW: @licarrillo https://www.linkedin.com/in/lilia-carrillo

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