Por Mariana Jano*

Hacia los 20 años de su muerte, Hugo Argüelles sigue siendo sinónimo del gran teatro mexicano. Baste ver la frecuencia con que se llevan a escena algunas de sus obras como Los cuervos están de luto. Démosle algunas líneas en este especial momento. Yo imploro tu piedad  ¡oh maestro! Por esta breve y apresurada mirada hacia tu ser espeluznantemente profundo y complejo; música que desentraña vómito, entre amor, pasión y aliento.

  1. Música

Al nacer en Veracruz, en 1932, el bebito Hugo Arguëlles Cano quien lloraba por primera vez se cayó de manos de la partera, contaba Hugo que su madre después de recoger la masa encefálica, lo alimentó durante varias semanas con sangre de toro.

Su madre, pieza fundamental, fue decisiva; lo llevaba mucho al teatro, amén de que tocaba muy bien el piano: Chopin, Schubert, Beethoven… de ahí esa pasión por la música que lo acompañó hasta su muerte;  lo apoyó en mil cosas como en aquel teatrino de títeres  en el que cobraba c5 por función y para lo cual tiró una pared de su casa. Funciones en las que se podían ver  sus adaptaciones de Grimm,  Perrault,  Anderson, Hoffman y por supuesto las suyas propias.

Cuando su padre se separó de su madre, la situación económica cambió y hasta tuvo que ceder su cama y dormir por un tiempo en la mesa, lo que no le importó. Sin embargo Huguito tuvo nana, a quien quería entrañablemente, quizá por su espíritu gozoso que lo incitaba a bailar macumba con negritos y mulatas.

Sólo el joven Hugo supo la verdadera razón del por qué elegir la medicina como carrera; sí, ya sabemos, le gustaba abrir sapos, ¡sentirse útil! Cinco años después la abandonó, al parecer entusiasmado  por su triunfo con un texto en la revista literaria “Estaciones”.

En 1956 ingresó al INBA y ganó otro primer premio con su pieza “Velorio en turno” que luego se convertiría en Los cuervos están de luto  la cual Rafael Solana calificó como “obra maestra del género cómico mexicano”, (1)  y que fue inspirada en el tema del cuento El duelo de Ramón Rubí y algunos cuentos de  Maupassant.

Recordémosla brevemente pues se trata de la obra más importante del autor. Don Lucho es un anciano rico y avaro,  2 de sus 3 hijos, esperan su muerte ansiosamente. El padre aún no moría cuando Piedad, su nuera, quien mandaba a su esposo, lo convenció de que era necesario, ir adelantando los trámites del certificado de defunción, Piedad logra también que metan con vida a su suegro  dentro de un ataúd.

La vigencia en la obra de Argüelles está en su conocimiento profundo sobre el ser humano: Sus sentimientos, sus reacciones ante la adversidad, su carencia de valores, su encuentro en la intimidad, su hondura y hasta su muerte: y todo esto especialmente en la idiosincrasia del mexicano y sus costumbres, adiós a la hipocresía de Piedad, bienvenido el cinismo…

Ese 1956, triunfa también con La ronda de la hechizada  dedicada a Ofelia Guilmáin, quien la representó con gran éxito. Salvador Novo, quien le otorgó una beca escribió: “La carrera de Hugo Argüelles como dramaturgo, es firme, rápida y luminosa”.  Cuando: ¡Para la salvación de los cuerpos de sus potenciales futuros pacientes! Abandonó la medicina, trajo de ella a la nueva que emprendía, un ojo clínico y un afilado bisturí que habrían de servirle para sanar a los espíritus con la alegre medicina del teatro.” (2)

  1. Vómito

Vomitó en el sentido de sacar, purificar… ahí se ven toda clase de instintos, sentimientos, constantes.

Vomitó, vomitó, vomitó por lo menos 3 veces

  1. l) Y lo hizo hasta con la misma muerte quien lo acompañó siempre. Me contó un par de anécdotas, amén de que yo asistía a su taller en la calle de Cacahuamilpa en la Col. Condesa y después de las 12:00 íbamos con los compañeros a trasnochar en el Vips del Angel:

“Ante la posibilidad de morir cuando se me reventó el apéndice me operaron justo a tiempo, sin embargo me dieron tres paros cardiacos.  En el último me creyeron muerto y hasta separaron la capilla en Gayoso. Yo estaba en el otro mundo,  fascinado, en total descanso y gozando de un estado de luz y paz que nunca había sentido. Supe que eso era la muerte y reaccioné., vi desde entonces a la muerte como una compañera de vida”

La muerte como madre le reveló secretos, otra anécdota: “En un  Hospital de Veracruz, el maestro acercó su mano palma con palma a la de un muerto por varios minutos. El hombre había sido acribillado… Al separar su mano, su amigo Porfirio, quien diseccionaba cadáveres leyó su palma diciéndole que abandonaría sus estudios de medicina pero que tendría éxito y vendrían premios; también le dijo que se alejaría de su familia.” De aquella experiencia vivió lo  cierto.

2) Vomitó también 32 obras más dos inconclusas, además de sus trabajos en cine y TV y de ahí recogió muchos, muchos premios.

3) vomitó constantes en su obra: humor negro, realismo mágico, estudio de caracteres, crítica social y sexo, entendido según sus palabras- como reto y afirmación cruel.

III. Amor

No se conformó Hugo con escudriñar sus propios lugares prohibidos como el de la inocencia; buscó también en la de sus alumnos; por lo que un buen día vendió su carro y convirtió su garaje en salón de clases ahí en La Condesa. Así de 10 a 12 de la noche, con peces, pericos, palomas y entre muchos otros animales cínicos ratones, aportó algo más de lo que le dio Novo, Carballido, Usigli o Luisa Josefina Hernández… Su taller que inició alrededor del 79 le dio más de 55 premios y alumnos como Sabina Bergman, Jesús González Dávila o Víctor Hugo Rascón Banda quien sobre el taller escribió: “A través de Hugo Argüelles, Medea decía por qué había matado a Jason, su amante y a sus hijos Hedda Gabler nos confesaba  por qué se había suicidado y Edipo nos contaba lo que sentía su corazón en el instante en que se sacaba los ojos”.

  1. Pasión

“¡Y todos los hombres matan lo que aman!   Oigánlo todos: unos lo hacen con la mirada                                                                                                            Cruel; otros con palabras cariciosas; el                                                                                                 Cobarde con un beso, y el hombre valiente                                                                                                Con la espada:” Oscar Wilde

Su primera y última pasión: crear, moldear, escribir. Todo con un placer estético cualitativo y no cuantitativo. No se limita a comprobar hechos, inducir leyes, parafraseando, culpable sin castigo cometió con sus personajes innumerables crímenes, en Argüelles –escribiría José Enrique Gorlero- “el incesto, la necrofilia, el sadismo, los cambios de sexo, la zoofilia camuflada, la violación, la pederastia, se transforman en pautas de una conducta engañosa, definitivamente ‘fin de siglo’. Pautas de muerte…”

Como Schiller, Argüelles introduce en sus creaciones importantes observaciones psicológicas, aquí un par de ellas:

Subrayó la necesidad de reflejar a una sociedad castrante y enferma. En su deseo llevó algunos asuntos hasta sus últimas consecuencias. Baste citar Los Gallos Salvajes, ahí el padre viola a su hijo, después  lo mata por ser homosexual y aún termina la obra con otra tragedia…

Sobre el tema de la homosexualidad Argüelles  no hace concesiones. Insistiría en ella en otras obras como en El ritual de la Salamandra o  en El vals de los buitres donde muestra a la clase media amedrentada y cobarde… Los protagonistas Leonel y Fabián no son capaces de aceptarse,  por lo que no son libres y por lo tanto no pueden vivir a plenitud. Creo que nuestro Hugo gay, confeso y orgulloso no encontró en letras alguna otra forma de poner el ejemplo.

En El cerco de la cabra dorada expone uno de los vicios con los que más trabajó: La posesión. “La posesión es una forma de pasión –explicó Hugo en alguna ocasión- que se da básicamente en la mujer. En mi texto tomé una frase de Freud para hacer una paráfrasis al respecto, que dice: ‘La idea de posesión en la mujer, generalmente configura su catástrofe, porque es el misterio que la devora. Ya dominada por esta compulsión, entra inevitablemente a la oscuridad de lo trágico’  Su vicio de carácter, desencadenado sobre su marido hace que la obra avance: En el momento en que su marido trata de librarse empieza la acción.”

  1. Aliento (el último)

La partida de Hugo aquella Navidad del 24 de diciembre del 2003 a los 71 años, a causa de cáncer, fue algo así como diría Charles Webb en La muerte de Santa Claus: “Sintió como si la mano/ de un monstruo le hubiera/ agarrado el corazón/ y no dejara de apretar/ no puede respirar, y/ el mundo blanco tan hermoso/ se tornó negro, / y  cae sobre su panza de gelatina en la nieve”…

*Periodista y crítica de teatro

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