Gracias al crecimiento del sector académico y laboral que se especializa en la gestión de la responsabilidad social y ambiental corporativa (RSC), es que cada vez hay más empresas interesadas en desarrollar sus programas como eje transversal de su negocio. Sin embargo, perdura el escepticismo de los tomadores de decisión, quienes aún se encuentran en el escalón de la indecisión para apostar a estas iniciativas, a las cuales siguen considerando más un gasto que una inversión.

Afortunadamente, uno de los elementos de decisión más importantes para favorecer los programas de RSC ha sido la propia presión que ejercen los colaboradores de la empresa para que su sitio de trabajo emprenda iniciativas encaminadas en mejorar el entorno natural y su comunidad. Especialmente aquellas es las cuales se realiza comunicación que afirma su compromiso ambiental, sin que los colaboradores noten alguna iniciativa implementada con éxito y resultados tangibles.

Es así que las empresas deben comenzar a trabajar en la congruencia. Se haya iniciado o no una estrategia de responsabilidad ambiental, aquella empresa que desea asegurar una venta debe preocuparse también de que su público objetivo tenga cubiertas sus necesidades básicas para que pueda entonces pensar en comprar sus productos. Asimismo, es importante que cada negocio tome en cuenta que su subsistencia depende directa o indirectamente de los recursos naturales: toda oficina requiere agua, energía, papel, entre otras. Incluso una empresa de tecnologías requiere papel de impresión, una refresquera depende de la disponibilidad de agua y la recarga de mantos acuíferos. Una aseguradora necesita que sus representantes se trasladen en autos o motocicletas con gasolina. Mil y un ejemplos.

Todo negocio debe asumir que su continuidad depende, de manera irremediable, de la disponibilidad de recursos naturales que tenga a su alcance. Por ello, el primer paso a dar es buscar la congruencia.

Agua, energía y manejo de residuos son la piedra angular de cualquier oficina. Incluso de aquellas empresas instaladas en un cowork o realizan home office. Hemos mencionado en otras colaboraciones que la Pirámide de Maslow es también una herramienta para la RSC. ¿Cómo podría exigir a mis colaboradores un trabajo eficiente y de calidad si no se cubren sus necesidades básicas? Imagina cómo sería trabajar en un sitio sin acceso al agua potable o de uso sanitario; sin corriente eléctrica y con ausencia en la recolección de basura, y se dice basura porque es difícil pensar que en un sitio que no cuenta con colectores de residuos haga separación de los mismos.

Claro que hay sitios que pueden progresar aún con este tipo de carencias. Solo basta mirar los pequeños negocios en zonas rurales con difícil acceso a ellas. Sin embargo, su crecimiento poco acelerado no deja de ser una consecuencia en la falta de estos recursos.

Poco a poco, gracias a las nuevas tecnologías de la información y a la necesidad constante a nuestro alrededor es que hoy podemos contar también con la participación activa de los colaboradores que se preocupan por las compras verdes en su entorno laboral. Hay más personas usando cilindros para no utilizar vasos de cartón. Quienes solicitan que el papel para impresión sea reciclado o biodegradable. Incluso áreas completas, como las de comunicación, cuidan que sus proveedores utilicen tintas vegetales en los impresos. Pocas o muchas iniciativas, pero cada vez están más presentes en las solicitudes de un colaborador a su sitio de trabajo.

Y no está por demás mencionarlo, porque hoy es una tendencia realmente exponencial. Las actividades de voluntariado son cada vez más solicitadas no sólo como dinámica de “distracción”, como se le consideraba en un principio. Hoy en día las personas de RRHH han encontrado una oportunidad de fidelizar a los colaboradores con la marca, de satisfacer necesidades de autorrealización, integración de equipos, desarrollo de liderazgo y por fin: congruencia entre los que se busca y lo que se hace, cuando se hace bien. La RSC nunca será egoísta, el ayudar a otros no quiere decir que quien brinda su ayuda no merezca ganar nada, como la simple satisfacción de ayudar.

Todo ello va enlazado, sin duda alguna, en la comunicación. Los colaboradores siempre querrán saber qué se hace, cómo se hace, por qué se hace, cuáles son los beneficios propios y para otros, así como la continuidad de las actividades. Es así que la medición de indicadores y los reportes de actividades dejan de ser un espacio ocioso para convertirse en un canal vinculante entre los colaboradores y su RSC.

Pero, ¿por dónde empezar? Muchas empresas apuestan por escuchar a sus clientes y demandas, algunos más consideran las tendencias internacionales, pero ¿qué opinas de empezar por escuchar a tus colaboradores? Ellos también son tus consumidores, sus familias son tus clientes; ellos toman la decisión entre un proveedor u otro con iniciativas verdes. Escucha qué tienen que decir y seguramente será el mejor lugar para comenzar tu plan de responsabilidad ambiental.

Por: Paulina Martínez

*Dirección de Proyectos y Calidad

Earthgonomic México, A.C.

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