A mediados de mayo se llevó a cabo la conferencia internacional de negocios más importante en Beijing. Esta ocasión el escenario internacional fue muy diferente. En ese espacio se formalizó la llamada iniciativa gubernamental “One Belt, One Road” (OBOR por sus siglas en inglés), lo que se conoce coloquialmente como la nueva “ruta de la seda” y con la cual se busca posicionar China como una especie de marca país al mercado internacional, precisamente cuando el proteccionismo y liderazgo en el comercio mundial han prevalecido en los últimos años.

Centro financiero, Shanghái, China.

Fue en 2013 cuando el gobierno de aquél país autorizó el plan de acción OBOR. Se le da el nombre de “ruta de la seda” porque se busca conectar a China a través de rutas clave, tan antiguas como las que existían hace más de dos siglos: Europa, Golfo Pérsico, el Mediterráneo y el sur de Asia. Para tener una idea de la magnitud del proyecto, la consultora McKinsey estimó que más de 60 países, que representan cerca del 40 por ciento del PIB mundial, han expresado interés en participar en la iniciativa OBOR. De acuerdo con el gobierno del presidente Xi Jin Ping, más de 1 billón de dólares se ha invertido en la iniciativa y se han anunciado fondos adicionales por 124 mil millones de dólares en préstamos y garantías.

El propósito de este plan es lanzar proyectos de inversión en infraestructura a través de corredores económicos clave pero también a partir del desarrollo de sectores altamente competitivos como el de energía, construcción y telecomunicaciones.

¿Cómo se vive la iniciativa OBOR en China?

Hace exactamente un año estuve en China. Y 365 días después pude llegar a percibir las transformaciones que de manera exponencial están dando forma a este país. Tan solo las primeras noticias del día fueron suficientes para darme una idea de estos cambios: el avance del proyecto de construcción de una vía férrea que conectará a varios países africanos (Angola, Etiopía, Tanzania, Nigeria) y la intención de una compañía de telecomunicaciones de ofrecer servicio de voz y datos a países de medio oriente y este de Europa.

Mi viaje fue justo semanas antes de la internacionalización de la iniciativa OBOR. Para mi sorpresa, los actores económicos y el “poder suave” en China ya habían asumido, aprehendido y entendido el plan de acción desde hace bastante tiempo. Era claro en el lenguaje, en las acciones, en las decisiones…como si estuviera en la genética de la sociedad china.

En efecto, las empresas regionales y multinacionales visitadas en China comparten ese mismo lenguaje que no es propio solo de los países desarrollados: tendencias globales; portafolio regional; propuesta de valor; innovación, pensamiento creativo, adaptación; digitalización de los negocios, Big Data e internet de las cosas. Todas estas son ejemplo de tendencias que prevalecen en este país asiático y que enmarcan el mundo de los negocios (ver cuadro anexo). Para las empresas chinas, el modelo OBOR se traduce en un acercamiento hacia el cliente a través de tratados comerciales; el fortalecimiento del comercio internacional a partir de la construcción de puentes (infraestructura); y el fomento al networking gracias al vínculo intercultural.

Y es que así es como funciona China; cada 5 años el gobierno traza un ambicioso plan de desarrollo del que nadie escapa. Hay dos salidas para los actores económicos y las familias: sacar provecho de esa nueva tendencia o morir en el intento por perseguir un objetivo diferente. Este cambio en el rumbo económico es claro y radical. Por ejemplo, hasta hace un par de años el plan de crecimiento de China se basaba en la exportación, mano de obra barata en manufactura y una importante intervención del gobierno en el gasto público. Dos años después, el modelo ha cambiado a complementar la inversión pública como la inversión extranjera directa, sustituir el gasto público por consumo interno, crear productos y servicios de valor agregado, y pasar de la manufactura a los servicios altamente especializados.

Los retos.

Mi impresión es que la iniciativa OBOR no obedece solo a las tendencias proteccionistas, la presidencia de Donald Trump o a la falta de liderazgo internacional.  Tampoco creo que sea solamente una iniciativa de política exterior. Creo que es una manera simplista de verlo. Más bien yo constato que este plan de acción responde (con visión) a problemas estructurales internos pero que resultó oportunamente conveniente.

Lo que quiero decir es que desde hace varios años “se ha reconocido” que hay un sobrecalentamiento en la economía China; una sobrecapacidad en inversión en infraestructura; un modelo exportador vía bajos salarios manufactureros que ha quedado rebasado; un cambio demográfico que pone bajo presión las finanzas públicas y el mercado laboral; un control monetario en donde el yuan se mantenga artificialmente depreciado; y una burbuja inmobiliaria que pone en riesgo al sistema financiero. Desde mi punto de vista, el gobierno chino intenta contrarrestar (más que resolver) estos problemas estructurales buscando fuentes alternativas de crecimiento económico como la inversión en capital hacia el exterior; el fomento al consumo interno; el cambio de modelo económico (de exportador de manufactura a la especialización de servicios de exportación); e incentivos para fortalecer el I&D. No me sorprende que mucho de la iniciativa OBOR tiene como fundamento estos principios.

Pero hay contextos que –peligrosamente – no cambian. Me sorprende que de un par de años a la fecha hay  problemas estructurales que siguen sin resolverse: el control de capitales y de política monetaria vía baja tasa de interés; la internacionalización controlada del yuan; el mercado negro bancario y la riesgosa especulación en activos no financieros (hipotecas); y el encarecimiento de la fuerza laboral. El mercado laboral en China se ha visto afectado por la creciente competencia de bajos salarios ubicados en otros países de la región como Paquistán o Vietnam; por la falta de talento y recurso humano especializado; por la baja productividad; y por un envejecimiento en la población. Otros retos no menores son el aumento en el consumo de energía, una mayor cantidad de emisiones de CO2 en la atmósfera y el uso eficiente de los recursos no renovables.

Fuente: Mckinsey Company. Obtenido de http://www.mckinsey.com/industries/capital-projects-and-infrastructure/our-insights/one-belt-and-one-road-connecting-china-and-the-world

Algunos ven a la iniciativa OBOR como una riesgosa apuesta. La publicación The Economist, por ejemplo, apunta si no es más seguro para el gobierno chino invertir en bonos del Tesoro que en un país africano con riesgo de impago; el surgimiento de conflictos de interés entre gobiernos locales y nacional; así como la dificultad de encontrar proyectos rentables en la región en donde se encuentran muchos países políticamente inestables.

Con todo, la ruta de la seda está lista para catapultar a China a otra liga, dejando rezagados a varios países emergentes. En otras palabras, el que fuera una vez un imperio se transforma y reinventa para posicionarse nuevamente como un lugar de influencia a nivel económico e internacional.

TENDENCIAS

En el consumidor

Herramientas cada vez más innovadoras(focus groups,  big data) para conocer las necesidades del consumidor
Consumo transformado por la urbanización, digitalización e industrialización
Un consumidor más digital, más descentralizado, más electrónico y más ecológico
Consumidor Millenian: globalizado, en comunidad, personalizado y comprometido

En la economía y la sociedad

Comercio: de lo local a lo regional y a lo global
Cambio de modelo de crecimiento de bajos salarios a valor agregado
De una economía manufacturera a una economía de servicios
De una economía rural a una economía urbana y ciudades inteligentes
De proveedor internacional a un mercado de clase media
Del ahorro al consumo

En el sector privado

Innovación encadenada: análisis de datos,  integración de negocios, mercado laboral y línea de producción
Desarrollo de talento en donde el capital humano se especializa y educa internacionalmente
Digitalización de los negocios e internet de las cosas
Marcas locales con impacto global
Competir por innovación y no por bajos costos
Competencia no por precio sino por calidad
Trabajar con el proyecto de país del gobierno
Fuente: Elaboración propia.

*Coordinadora Executive MBA-EGADE Business School.

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