Un hallazgo fortuito de botellas en barcos naufragados ha dado la pauta para que muchas bodegas de Napa Valley, Francia o España inicien la crianza de sus vinos bajo el mar; vinos, champagne y destilados con años e incluso siglos de reposo marino han sido abiertos para comprobar que siguen presentando características organolépticas aceptables para ser degustados.

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La antigüedad de las botellas ha dado lugar a un sinnúmero de subastas por tener ese elixir, en el 2010 se pagaron 30 mil euros –mismos que se destinaron a la conservación del mar  por una sola botella de champange Veuve Clicquot, que de acuerdo con los archivos de los expertos es del año 1780, sin duda, un récord mundial para una botella descubierta en un naufragio frente a las islas Áland de Finlandia cuando un grupo de buzos exploraba un barco hundido en el mar Báltico. Con más de 200 años en el fondo del mar el contenido estaba bien conservado, un testimonio de la calidad de la casa Clicquot y de las primeras botellas producidas por la viuda, probablemente una entrega del rey Luis XVI a la corte imperial rusa.

Un lote de champage Diamant Bleu de 1907 que permaneció casi cien años bajo el mar. El navío sueco que lo transportaba fue atacado y hundido por un torpedo alemán en 1916, durante la Primera Guerra Mundial.  Se vendió en 275 mil dólares. Otro ejemplo, es la perfectamente conservada botella del alicantino vino de Fondillón, el preferido de la aristocracia europea de los siglos XVI hasta el XIX, por su robustez y cuerpo alcohólico entre 14 y 16º. La botella ha pasado dos siglos bajo el mar, cuando la embarcación en la que se transportaban se enfrentó a la flota napoleónica. Efectivamente, la botella se encontraba en el interior de Deltebre I, un barco hundido en 1813, que formaba parte de un convoy de transporte de la flota inglesa que luchaba en la Guerra. El barco se hundió en el Ebro y fue descubierto en 2008 por casualidad por un pescador.

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Algunas empresas vinícolas han iniciado la creación de laboratorios submarinos de envejecimiento de bebidas, dichas iniciativas están dotadas de medición de temperaturas y movimientos de agua, los vinos pueden ser tintos o blancos, desde jóvenes hasta grandes reservas, de diferentes tipos de uva y es extensivo a licores, cervezas o sidras. El proceso de envejecimiento submarino suma ya varios años en la investigación, y aunque no son iguales como los terrestres de crianza en bodega, los vinos sumergidos tienen expresiones relativas a los olores, al equilibrio ganado bajo el mar, por temperaturas bajas, ausencia de luz y al movimiento ejercido por el agua marina sobre las botellas, que sumadas al tiempo, presión y gravedad hacen los factores de envejecimiento importantes en la crianza submarina.

Estudios de estos laboratorios indican que el atesoramiento submarino provoca un efecto manifiesto en los vinos a nivel organoléptico potenciando los aromas afrutados y florales intensos y una mayor complejidad en nariz. En boca aumentan las sensaciones equilibradas, presencia de taninos, sobresalen los aromas minerales, de madera, florales y afrutados.

Más allá del turismo enológico –válido en algunas bodegas- otras sobre todo españolas, destinan el 10 por ciento de los beneficios a estudiar el mar, censar especies y monitorizar los efectos del cambio climático.  La investigación se orienta a obtener caldos más adecuados para desarrollar un gran potencial organoléptico.

Por Lorena Carreño

Especialista en relaciones públicas y sommelier profesional.

 lorecarreno@gmail.com en Twitter en @LoreCarreno www.laexperienciadelvino.com.mx

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