Haydeé Moreyra*


El Banco Central Europeo no ha terminado con sus ajustes moneteriosEl pasado 5 de junio, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ofreció una conferencia de prensa, en donde dio a conocer una medida que sorprendió a los mercados financieros. Por primera vez un banco central había recortado la tasa de depósitos bancarios a niveles negativos. Ni la Reserva Federal, cuando la crisis subprime, ni el Banco Central de Inglaterra, ni siquiera el Banco de Japón, en medio de un escenario deflacionario, se han atrevido a llevar una política monetaria tan atrevida como heterodoxa.

En esa conferencia, el Banco Central Europeo anunció que, a partir del 11 de junio, la tasa de interés que ofrecerá a los depósitos bancarios en esa institución es de -0.10 por ciento. Esta tasa negativa aplica al promedio de reservas bancarias que se encuentran en niveles superiores a las exigencias mínimas; también aplica a los depósitos gubernamentales en poder del eurosistema y que superen los niveles requeridos; así como a cualquier otra cuenta en poder de terceros. En otras palabras, se les cobrará a los bancos comerciales por los depósitos que tengan en el BCE.

*M. A. Haydeé Moreyra García Coordinadora Executive MBA-EGADE Business School  Adicionalmente, el BCE decidió reducir la tasa de interés de referencia de 0.25 por ciento a 0.15 por ciento. Bajo este esquema, las contrapartes tendrán derecho a solicitar préstamos equivalentes al 7 por ciento del monto total de financiamiento al sector privado no financiero de la zona euro (Targeted long-term refinancing operations o TLTROs, por sus siglas en inglés). Con esta medida, el banco central mandó un mensaje de oferta de financiamiento barato no sólo para los bancos comerciales, sino para las familias y empresas no financieras.

¿Qué significa tasa de interés negativa?

Uno de los objetivos de la banca central es velar por la estabilidad de precios utilizando la tasa de interés como instrumento; a menor costo del dinero, mayor demanda de billetes y monedas en circulación y mayor inflación. Pero una tasa de interés baja también implica un menor costo de financiamiento. Ahora bien, como en Europa el aumento de los precios no es un problema en estos momentos -el crecimiento económico sí lo es- y el organismo está apostando por un mayor crédito y más barato. Si hay más financiamiento y liquidez en los bancos, argumenta el BCE, entonces los negocios y las personas adquirirán créditos para “echar andar” sus proyectos, lo que estimula el consumo y la inversión. Las intenciones pueden ser buenas, pero eso no significa que no haya costos.

Primero, una tasa de interés cercana a cero o negativa es un desincentivo completo al ahorro privado. Las personas y las empresas en vez de ahorrar, preferirán gastarse el efectivo o solicitar crédito. ¿Qué tan sostenible es seguir con este modelo de crecimiento en el mediano plazo? No estoy segura que sea la mejor receta.

Segundo, el que a los bancos se les “castigue” por tener su dinero guardado en el BCE, no implica que prestarán por igual y en las mismas condiciones. Ciertamente que se espera un mayor flujo de dinero hacia el sistema financiero, pero me pregunto si el BCE tiene identificado o medido qué tan efectiva resulta esta medida. ¿Acaso el financiamiento fluye a todos los clientes por igual (desde una Pyme de reciente creación a una empresa grande de exportación) o acaso existe un plan ad-hoc para cubrir necesidades específicas a nivel país y destino (capital de trabajo, refinanciamiento, nuevos mercados)?

Tercero, no hay que olvidar que la tasa de interés es sólo una variable que se incorpora al costo de financiamiento; la prima de riesgo, el margen rentabilidad y el costo de operación son variables que forman parte de este costo, variables que no controla el BCE. En un país como España, donde cerca de la mitad de los jóvenes se encuentran desempleados y sin capacidad de pago, la banca comercial estaría impedida en prestarles pese a las altas condiciones de liquidez.

Y cuarto, no hay que olvidar que los ahorros del sector privado que se mantienen en la banca comercial se utilizan para prestar a familias y financiar proyectos productivos. Pero al no haber incentivos al ahorro, tampoco lo habrá para la inversión. La apuesta sería que la mayor liquidez del BCE más que compense la falta de ahorro (recursos) en la banca.

Las señales que ha enviado el banco central apuntan a una serie de medidas drásticas que busca a toda costa inyectar de liquidez al sistema financiero y fomentar el flujo de crédito entre el sector privado.

¿Cómo es que Mario Draghi llegó a convertirse en el primer banquero central en implementar medidas tan drásticas como el recortar tasas de interés en depósitos en el BCE hasta llegar a niveles negativos? ¿Acaso las medidas convencionales han dejado de ser efectivas? ¿Cuál será el margen de maniobra del BCE de aquí en adelante? Es en este punto que me parece interesante retomar las palabras del presidente del BCE: “Para lograr nuestro mandato de estabilidad de precios, decidimos poner en marcha una combinación de medidas que favorezcan el flujo de financiamiento en la economía real. El Consejo se comprometió de manera unánime a utilizar instrumentos no convencionales necesarios para atender los riesgos de un periodo prolongado de baja inflación”.

Ya lo había planteado la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y ahora lo reitera Draghi: Europa preocupa por la baja inflación. Y a esto hay que añadirle al menos dos problemas más: el de bajo crecimiento y alto desempleo. De acuerdo con el BCE, el pronóstico de crecimiento de la zona euro para 2014 es de 1 por ciento, mientras que la expectativa de inflación es de apenas 0.7 por ciento y la tasa de desempleo de 11.8 por ciento. En otras palabras, no sólo preocupa que Europa no haya iniciado su recuperación en este año sino que las señales de que podría entrar a un periodo deflacionario son cada vez más evidentes.

Entre tanto, el suministro de gas a Europa está amenazado por el conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania, sin mencionar la presión sobre los precios del petróleo a raíz de la crisis política en Medio Oriente. Todo ello me lleva a reflexionar sobre el margen de maniobra que tiene el BCE.

Si bien ha implementado medidas drásticas e innovadoras, qué tanto tendrá un efecto multiplicador en la recuperación de la economía europea. Con todo, aplaudo que el banco central intente buscar medidas poco ortodoxas (las convencionales han probado ser poco efectivas). Después de todo, no puede quedarse con los brazos cruzados. Cierro esta columna, recordando una breve pero contundente frase que Draghi pronunció cuando se le preguntó si con esto ya se habían terminado con las medidas de ajuste del banco central, a lo que el presidente del BCE no titubeó y dijo: “No”.

*M. A. Haydeé Moreyra García

Coordinadora Executive MBA-EGADE Business School

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