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La parálisis del gobierno federal por la que atraviesa Estados Unidos costará alrededor de 55 mil millones de dólares, de acuerdo con analistas.

Este 1 de octubre, Estados Unidos amaneció con fondos sólo para actividades esenciales del gobierno. Una situación similar se vivió entre diciembre de 1995 y enero de 1996, durante la presidencia de William Clinton, que mutiló el crecimiento económico estadunidense, y el Producto Interno Bruto (PIB) comenzó a crecer a un ritmo anual de sólo 1 por ciento, indica un reporte de la agencia Prensa Latina.

En la tarde del 30 de septiembre, el Senado, de mayoría demócrata, rechazó con una votación partidista de 54 a 46, una propuesta de la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, para evitar el cierre parcial del gobierno federal.

Esto sucedió poco menos de 10 horas antes de que se cumpliera el plazo fatal para que las agencias oficiales cesaran sus funciones no imprescindibles por carecer de recursos financieros.

Los senadores devolvieron así la iniciativa que la Cámara baja había aprobado el domingo y que intentaba posponer por un año la entrada en vigor de la ley de Salud u Obamacare, aprobada por el mandatario en 2010.

Los representantes aprobaron esa medida debido a la intensa presión de sectores ultraderechistas vinculados al movimiento Tea Party, que lograron añadir dos enmiendas al texto: postergar por un año la aplicación de la reforma de salud impulsada por Obama, y la eliminación del impuesto sobre los equipamientos médicos.

Sin embargo, a pesar de las luchas políticas en el Capitolio, la implementación del Obamacare seguirá su curso, pues el 1 de octubre comenzaron a funcionar los mercados de los seguros médicos en todo el país, que empezarán a aceptar clientes, cuya cobertura se inicia en enero.

El Obamacare establece como obligatorios los seguros de salud y asigna fondos públicos para subsidiar a las personas que no tienen capacidad de adquirirlos, en un país donde más de 48 millones de ciudadanos carecen de este beneficio, pero los republicanos consideran que esta normativa incrementará aún más el déficit fiscal.

El Partido Republicano se opone a la implementación de esa ley de salud, que obliga a las empresas a pagar seguros de cuidados sanitarios a sus empleados y prevé ayudas federales a las personas que no tengan dinero para pagarlas.

Según el Obamacare, todo estadunidense deberá tener un seguro para el 1 de enero de 2014, pero los republicanos quieren impedir su aplicación, alegando que el sistema constituye un abuso de poder del Estado federal y que desbordaría el ya abultado presupuesto.

Tras conocer la falta de un acuerdo final en el legislativo, Obama reaccionó de inmediato y dijo que el Gobierno no puede quedar paralizado por falta de fondos en una situación como la actual en la que la economía atraviesa un momento complejo.

Producto de esta crisis, el gobierno perderá más de mil millones de dólares semanalmente, y alrededor de 800 mil trabajadores federales quedarán sin empleo, al menos temporalmente y recibirán una licencia obligatoria sin salario durante varias semanas.

Sólo en el área de la capital estadunidense unos 700 mil empleados gubernamentales cesarán sus labores y los negocios locales perderán más de 200 millones de dólares diariamente, debido a que la región tiene la mayor concentración de trabajadores federales y contratistas en el país.

La economía estadunidense, que se recupera de duros golpes sufridos en los últimos años, tendrá pérdidas semanales estimadas en mil millones de dólares sólo por la ausencia de pagos a los empleados federales, pero esa es sólo una parte del cálculo.

El impacto total es probable que sea 10 veces mayor, y según la agencia Moody´s Analytics un cierre gubernamental durante cuatro semanas pudiera costar más de 55 mil millones de dólares, señala la cadena televisiva CNN.

Stephen Fuller, director del Centro de Análisis Regional de la Universidad George Mason, dijo que la falta de recursos financieros se notará en el país dentro de tres o cuatro semanas, pero en el Distrito de Columbia, donde radica la capital norteamericana, ocasionará un verdadero tsunami.

“Nos estamos desangrando”, añadió Fuller, porque el cierre llega en momentos en que la economía del área capitalina es muy débil, pues las reducciones presupuestarias provocaron en agosto pasado la pérdida de más de 26 mil 500 empleos, señala el diario The Washington Post.

De acuerdo con el especialista, el llamado “shutdown” afectará al 20 por ciento de los contratistas que trabajan para el gobierno, quienes en total reciben más de 75 mil millones de dólares anualmente por sus servicios, y cada una de estas personas gastará menos, lo que significa una afectación seria para los negocios locales.

Además del impacto económico, los residentes en el área sufrirán los recortes en servicios federales, sin posibilidades de nuevas aplicaciones para servicios de salud, seguridad social ni subsidios para el cuidado de los niños; tampoco habrá nuevos préstamos para los pequeños negocios, entre otros daños.

La contienda entre demócratas y republicanos podría agravarse dentro de dos semanas si no hay acuerdo político sobre el techo de la deuda establecido por ley en 16,6 billones de dólares pero que en estos momentos asciende a 16,7 billones.

Sin un arreglo en este acápite, Estados Unidos podría enfrentar desde el 17 de octubre una moratoria de pagos.

De acuerdo con especialistas en el tema, la situación podría tener consecuencias imprevisibles en los mercados mundiales, ante la falta de confianza en las capacidades de Washington para cumplir sus obligaciones financieras.

Según las encuestas más recientes, 46 por ciento de los estadunidenses culpan a los republicanos por el cierre parcial de las oficinas públicas, mientras 36 por ciento estiman que el Ejecutivo es el responsable de esta crisis que ha enfrentado a Obama y al legislativo, así como a los dos partidos políticos durante 33 meses.

Esto hace pensar que la crisis tendrá un costo político, en particular para los republicanos, que pudieran perder apoyo con vista a los comicios legislativos de noviembre de 2014 y algunos expertos se atreven a pronosticar que también impactará en las presidenciales de 2016.

 

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