Recientemente la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico señaló a la genómica como uno de los principales motores de la bioeconomía. Esta rama científico-tecnológica ha encontrado terreno fértil para sus aplicaciones en materia de salud, agricultura, ganadería, energía, comercio y medio ambiente, donde ya genera crecimiento económico. No obstante, la falta de inversión en ciencia y tecnología ha colocado a México fuera de la dinámica bioeconómica.

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La decodificación completa del mapa del genoma humano, en 2001, revolucionó las ciencias de la vida. El exponencial conocimiento del hombre sobre la genómica y su convergencia con tecnologías como la informática y la nanotecnología, han ampliado los campos de su aplicación.

La transformación de la información genómica en bienes y servicios dio lugar al surgimiento de la bioeconomía, rama económica que se finca sobre tres bases fundamentales: el conocimiento avanzado de los genes y los procesos celulares complejos, la biomasa renovable, y la integración de aplicaciones biotecnológicas en diferentes sectores.

Las oportunidades económicas derivadas de las aplicaciones de estas tecnologías van desde el desarrollo de plantas genéticamente optimizadas para la remediación ambiental, la identificación genética del ganado para seleccionar colonias más robustas o resistentes a enfermedades, el desarrollo de algas genéticamente modificadas para generar biocombustibles, sistemas de información genómica de la biodiversidad, hasta el monitoreo genómico del agua que determine su potabilidad, la medicina personalizada, entre otros.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico considera que las aplicaciones de la genómica tendrán una participación creciente en la generación de riqueza en la sociedad del futuro cercano.

Frente a ello, India, China y Brasil, naciones que al igual que México basaron históricamente su desarrollo en la explotación de recursos naturales, la producción de materias primas, de productos agrícolas y ganaderos y el aprovechamiento de mano de obra barata, reorientaron sus estrategias de desarrollo hacia la inversión en innovación.

De acuerdo con el gobierno chino, su política de ciencia y tecnología ha sido el eje articulador de su crecimiento económico, con una inversión del 1.44 por ciento en el rubro.

Exponen los autores de Genómica y bioeconomía. Ventana de oportunidad para el crecimiento económico en México (El Colegio de México y El Colegio Nacional, 2012) que el primer elemento común a los tres países es la creación de instituciones y políticas de fomento de la ciencia y la tecnología por parte de sus gobiernos, siempre acompañada de una inversión sustancial de recursos humanos, la construcción de infraestructura y el acceso a equipo y tecnologías complementarias.

Señalan también que la clave para el éxito de la innovación no reside en la dependencia total del gobierno, pero tampoco en los mecanismos de mercado, sino, por el contrario, en un balance preciso y la división del trabajo entre los dos mecanismos a través de arreglos institucionales que optimicen la asignación de recursos y la coordinación de las actividades sociales y económicas de innovación.

“Los gobiernos de todo el mundo están invirtiendo en forma conjunta con el sector privado en el desarrollo de tecnologías derivadas de los inventos y los descubrimientos de la ciencia”.

En el caso específico de India, China y Brasil, el impulso al sector y el consecuente impacto en su economía se debió a que en su etapa inicial el Estado intervino de manera directa.

Los expertos han identificado que la biotecnología se encuentra en la primera de cuatro fases, que se caracteriza por el desarrollo de nuevos productos y de actividades económicas basadas en el crecimiento explosivo de innovaciones que provienen de descubrimientos e inventos de la ciencia básica.

La primera fase es la base más propicia para que un país se sume, “ya que los conocimientos son todavía públicos y se encuentran en las bibliotecas y las universidades”.

 

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México, fuera de la bieconomía

Dentro de los indicadores de ciencia y tecnología –que muestran Gerardo Jiménez-Sánchez, María de los Ángeles Pozas, Edgar Leonel González, Santiago March, José Martín Zamalvide, Julio Frenk y Guillermo Soberón, autores del documento– México se encuentra posicionado en el último lugar.

Tras casi una década de permanecer las cuatro naciones con índices de inversión inferiores al 1 por ciento del Producto Interno Bruto, en 2007 China y Brasil elevaron su inversión en el rubro a 1.44 y 1.10 por ciento respectivamente; e India pasó de 0.65 a 0.80 por ciento. México, en cambio, se ha mantenido desde 1996 con una inversión de entre 0.3 y 0.4 por ciento.

Los indicadores también señalan que pese al estancamiento del gasto en ciencia y tecnología, México cuenta con recursos humanos altamente calificados. Un ejemplo de ello es que en 2007 se contaba con 38 mil 477 científicos.

Sobre el número de profesionales dedicados a actividades de investigación, desarrollo e innovación científica y tecnológica, y de sus publicaciones en revistas especializadas con reconocimiento internacional, los autores, a partir de información del Banco Mundial, colocan a México también en la última posición.

Mientras que China en 2006 publicó 56 mil 806 artículos, seguida por India con 18 mil 194, y Brasil con 11 mil 895 publicaciones, México únicamente dio a conocer 4 mil 223 investigaciones en artículos.

El número de patentes solicitadas en México es también el más bajo de las cuatro economías “y se mantienen prácticamente igual desde 1985”. De 1985 a 2007, China pasó de solicitar poco más de 4 mil registros de patente a solicitar cerca de 153 mil. En el mismo periodo, México pasó de solicitar 590 a 629 patentes.

“Este es un indicador de dos cosas: primero, muestra que el sector académico y el productivo no han logrado vincularse a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos años y, segundo, que las empresas nacionales y extranjeras instaladas en México no cuentan con departamentos de investigación, desarrollo e innovación capaces de realizar innovaciones cuya rentabilidad amerite protegerlas con una patente nacional e internacional”.

Aclaran los autores que aunque el dato preferido de los informes sobre desempeño económico del país –tanto por los medios de divulgación públicos como por los privados– sea que su desempeño como exportador de productos de alta tecnología está por encima del promedio y triplica el valor de este tipo de exportaciones realizadas por Brasil e India, los datos esconden una paradoja, puesto que las ganancia no son para los países productores sino para los propietarios de las patentes y de las tecnologías empleadas para su producción.

 

Instituciones mexicanas

México cuenta con una estructura institucional para dar impulso a la biotecnología y con ello integrarse a la bioeconomía a través del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología; del Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación; la Asociación Mexicana de Genética Humana; la Especialidad en Genética Humana en el Centro Médico Nacional del Instituto Mexicano del Seguro Social; el Consejo Mexicano de Genética; el Centro de Ciencias Genómicas de la Universidad Nacional Autónoma de México; el Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, y el Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad. Además en 2004, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) inició la licenciatura en ciencias genómicas.

En 2002 un grupo de investigadores e instituciones establecieron el Consorcio Promotor del Instituto de Medicina Genómica conformado por la Secretaría de Salud, la UNAM, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y la Fundación Mexicana para la Salud. Dos años después se creó el Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen).

Entre las investigaciones más destacadas del Inmegen se encuentran el primer mapa de variaciones genéticas de las poblaciones mexicanas; variaciones genéticas asociadas con el riesgo de hipertensión en los mexicanos; las variaciones genéticas asociadas con la respuesta a fármacos; y la influencia de los micro ARN en el cáncer de mama de las mexicanas.

En 2012 se constituyó la Asociación Civil Genómica y Bioeconomía, organización orientada a desarrollar propuestas de alto valor económico que puedan desarrollarse en México a través de la innovación en genómica.

 

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Biotecnología: negocio redituable

El Proyecto Genoma Humano, que convirtió a la genómica en un motor de la economía contemporánea y cuya inversión inicial ascendió a 5 mil 600 millones de dólares, tiene una de las tasas más elevadas de retorno a la inversión pública con 141 dólares recibidos por cada dólar invertido.

De acuerdo con Genómica y bioeconomía. Ventana de oportunidades para el crecimiento económico de México, sólo en 2010 los proyectos de secuenciación genómica y las actividades industriales y de investigación asociadas generaron 67 mil millones de dólares, 20 mil millones de dólares en ingresos a trabajadores de Estados Unidos y 310 mil empleos.

Aunque la secuenciación del primer genoma humano tuvo un costo elevado, y aún ahora los laboratorios que secuencian cotidianamente genomas completos lo hacen a un costo de alrededor de 50 mil dólares, se espera que muy pronto el costo se reduzca a menos de 1 mil dólares.

 

Lo que se necesita

Para integrarse a la bioeconomía, los autores de Genómica y bioeconomía. Ventana de oportunidad para el crecimiento económico en México, recomiendan virar el modelo de desarrollo en el país para orientarlo hacia sectores de conocimiento, así como el aprovechamiento de la infraestructura, recursos humanos científicos y técnicos, instituciones y asociaciones en este campo. Además de un esfuerzo coordinado entre política y el diseño de acciones eficientes a modo de vincular la investigación académico-científica y el sector productivo del país “para el beneficio de la población en su conjunto y el crecimiento económico de México”.

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