Las entidades expulsoras de migrantes carecen de políticas públicas que alienten la creación de pequeñas y medianas empresas para fortalecer las redes comerciales de exportación de las mercancías que demandan los mexicanos en Estados Unidos. Se trata de un mercado de millones de consumidores cuyas ganancias podrían impulsar, a la vez, el desarrollo de los estados de mayor emigración y dar un uso más eficaz a las remesas que envían esos migrantes a sus familias


En Estados Unidos, 35 millones de inmigrantes latinoamericanos –entre ellos unos 15 millones de mexicanos? son los mayores consumidores de una amplia gama de productos tradicionales que fluyen de sus países de origen hacia nuevos territorios; así forman el llamado “mercado de la nostalgia”. Condimentos para elaborar platillos tradicionales, como tamales, moles y pozoles, así como hojas de plátano para envolver tamales; estropajos, escobas, sombreros, botas, fuetes y cinturones; vegetales procesados que se producen en las regiones expulsoras de migrantes, como el Bajío, Zacatecas y el sur de México, contribuirían al desarrollo de comunidades que se deterioran como efecto de la crisis económica global.

Comercializar los productos del también llamado “mercado migrante” sería la tarea de pequeñas y medianas empresas que tengan el apoyo de los tres órdenes de gobierno, señala Bernardo Olmedo, especialista en política industrial y tecnología para pequeñas y medianas empresas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Esa política también contribuiría a detener el despoblamiento de las comunidades expulsoras y la escalada de problemas sociales, pues al debilitarse el tejido social, se pierde el sentido de comunidad y seguridad colectiva, así como de bienestar que tampoco conviene a Estados Unidos porque se mengua su seguridad política, señala el estudio La utilización de las remesas de migrantes para la formación de microempresas y cooperativas en función de la vida comunitaria de las poblaciones de Zacatecas, del investigador Héctor José Romero Ortíz.

La posibilidad de reactivar algunas zonas por la elaboración organizada y con visión productiva de esos productos debe ser una prioridad de los gobiernos federal, estatal y municipal para evitar el éxodo masivo de migrantes, coincide Bernardo Olmedo. “Si la gente se fue, es porque no encontraron algo atractivo en términos de supervivencia económica”. Agrega que se requieren políticas públicas que, además de reanimar la economía local, también impidan que haberes culturales, como el mantenimiento de las tradiciones a través del consumo de productos propios, desaparezcan.

El mercado potencial para las mercancías que se producen en las comunidades mexicanas de Oaxaca, Guerrero, Veracruz y Jalisco, entre otras muchas más, está en California, Texas, Arizona e Illinois, en las que históricamente se asienta la mayor población de migrantes mexicanos: 85 por ciento. Explica Olmedo. Ahí, “el migrante es el consumidor de mercancías que le son propias de sus raíces culturales, de su identidad”.

Patricia de los Ríos, coordinadora del Programa de Asuntos Migratorios de la Universidad Iberoamericana, comenta que Nueva York, Los Ángeles y Chicago poseen zonas específicas en las que se venden productos mexicanos, que son también adquiridos por estadunidenses.

“Hoy por hoy, la influencia cultural de México en Estados Unidos es muy grande y, ciertamente, es un mercado posible”, describe la académica. Subraya que así como existen esos lazos culturales, hay decenas más que se han tejido por el contacto intercultural que hay en Estados Unidos. Comenta que la relación bilateral de las economías y las sociedades forman una red gigantesca en la que intervienen millones de personas en términos de consumo.

Si bien no debe desaprovecharse la posibilidad económica y comercial que ofrece un mercado gigantesco como el estadunidense ?por la cercanía y el transporte de bajo precio?, la también doctora en Ciencia Política por la Universidad de Maryland-College Park enfatiza que no considera que ésta “sea la única solución” para sacar de la pobreza a las comunidades de origen de los mexicanos.

Como alternativa para la crisis que vive el país y para no expulsar a más migrantes, “francamente creo que la economía de la nostalgia” no es suficiente, subraya Patricia de los Ríos. Examina que el problema del país tiene causas estructurales mucho más complejas, como la incapacidad del país para crear empleo, hacer frente a la desigualdad social, para lo que se requiere una reforma fiscal. Es decir, plantea la especialista en relaciones México-Estados Unidos, “se trata de problemas mucho más graves que van más allá a la posibilidad de que alguien pueda exportar nopal a la Unión Americana”, aunque, concluye, ciertamente sí sería “y lo es” una oportunidad enorme de negocios.

Remesas para construir acuerdos

La viabilidad para crear microempresas y/o cooperativas en las poblaciones cuyos pobladores tienen que emigrar hacia el extranjero para subsistir no es reciente. Hace años que estudiosos de la migración y las remesas explican la posibilidad de que las remesas se empleen para ese objetivo, pues son ingresos importantes, como confirma el estudio La captación del flujo de remesas en México para el período enero-octubre del 2009, elaborado por el investigador parlamentario Reyes Tépach M. para la Cámara de Diputados.

Ahí se apunta que, del flujo mundial de remesas para ese año, México ocupó el tercer lugar en la captación de esos ingresos, por debajo de India y China. Si en 2007, de la captación total de remesas a nivel mundial, México concentró el 7.1 por ciento, y en 2008 concentró el 5.9 por ciento, las estimaciones de 2009 lo ubicaron con una captación de 5.4 por ciento. En el ámbito continental, México ocupó el primer lugar en la captación de remesas entre los países de América Latina.

Así, en 2009, el flujo total de esos ingresos se estimaron en 58 mil 494.7 millones de dólares, de los cuales 22 mil 869.8 millones de dólares se concentraron en el país. Esa suma representó el 39.10 por ciento del total de remesas que ingresaron al continente.

Los cinco estados del país que captaron más remesas familiares en el curso del primer tercer trimestre de 2009 fueron Michoacán, con 1 mil 649 millones de dólares; Guerrero, con 1 millón 521 mil millones de dólares; Guanajuato, con 1 mil 328 millones de dólares; México (Distrito Federal), con 1 mil 326 millones de dólares, y Puebla, con 1 mil 24 millones de dólares, de acuerdo con el estudio de Reyes Tépach.

A su vez, los cinco estados del país que captaron menos remesas familiares al tercer trimestre de 2009 fueron Baja California Sur, con 24 millones de dólares; Campeche, con 44 millones de dólares; Quintana Roo, con 66 millones de dólares; Yucatán, con 81 millones de dólares, y Tabasco, con 91 millones de dólares.

El Foro Internacional sobre Remesas, celebrado en Túnez del 22 al 23 de octubre de 2009, concluyó que se deben destacar los beneficios potenciales que esas remesas pueden aportar al desarrollo social y económico de los países de origen de los migrantes. En México, ha habido intentos de formar empresas de migrantes que reúnan los adelantos tecnológicos, administrativos y de comercialización, pero han fracasado, refiere Héctor Romero Ortíz en su estudio La utilización de las remesas de migrantes para la formación de microempresas y cooperativas en función de la vida comunitaria de las poblaciones de Zacatecas.

Esa investigación destaca que líderes migrantes de esa entidad ?a los que entrevistó Romero Ortíz en las ciudades californianas de San José, San Francisco y Napa ?manifestaron su disposición a apoyar, con una parte de sus remesas, programas para beneficiar a sus comunidades, pueblos y municipios. En principio, plantea el académico, con esas empresas es posible generar unos 10 mil empleos con la colaboración de los gobiernos municipales, estatales y federal, más la participación de las poblaciones. De ese modo se contribuiría a generar una forma vida más comunitaria e igualitaria.

En su trabajo de campo, realizado en ciudades estadunidenses, el investigador señala que, entre otros líderes migrantes, “me entrevisté también con Cirilo Saldívar, quien trabajaba en una compañía productora de vino. Él proponía cultivar árboles de durazno en Zacatecas para comercializarlos en forma de mermeladas o licores”. Para este trabajador, era posible adquirir maquinaria barata en Estados Unidos y trasladarla a Zacatecas y, una vez ahí, se crearían los mecanismos para comercializar esos productos entre zacatecanos y Estados Unidos.

Considera el académico que es indispensable “llegar a acuerdos políticos entre las organizaciones de migrantes de esta entidad (los clubes) con los gobiernos de los tres niveles, para cabildear y llegar a acuerdos fundamentales con condados y ciudades estadunidenses.

A pesar de que Bernardo Olmedo observa una “ausencia de apoyos” de los gobiernos para estos proyectos, comenta que hay otro tipo de programas de que sí auspicia: el programa “Tres por uno”.

Plan

A través de préstamos y financiamientos, así como de un fondo de remesas se puede apoyar el desarrollo comunitario y empresarial. El Estado también podría aportar la capacitación, actualización de conocimientos de la mano de obra en la elaboración de productos naturales de calidad superior que se exporten para satisfacer la demanda del “mercado de la nostalgia”, que integran los consumidores mexicanos en el extranjero.

Se trata de que esas pequeñas empresas comunitarias se consagren a la elaboración de quesos, ates, mermeladas, salsas, vegetales locales procesados, sombreros, ropa de piel y calzado, que también resultan muy atractivos para el consumidor estadunidense cuyo poder de compra es mayor al de los migrantes. De igual manera, se preserva la memoria histórica de los pobladores de esos lugares, pues “poseen el know how de esas tradiciones”, apunta Bernardo Olmedo.

Propone estimular la producción de bienes de consumo como el guacamole para que el mercado de exportación no se limite al aguacate, sino sumarle el valor agregado a un producto que conforma un producto tradicional del pueblo mexicano. También, dice, se han hecho intentos con el nopal y otros productos como el pulque, que ahora se vende en latas; también las tunas, con las que se elaboran productos alimenticios artesanales de gran demanda entre migrantes mexicanos y de otros orígenes, que por su convivencia cotidiana, aprenden a apreciarlos. “Esto tiene todo el entorno cultural que le da identidad a un pueblo”, concluye el investigador.

Un mercado potencial

Dulces regionales, piñatas, salsas, condimentos y sazonadores típicos para alimentos tradicionales; jabones de pasta para lavar ropa, aceites comestibles, ropa típica, sombreros, cinturones, hebillas, botas, calzado, fuetes, lazos, música de marimba, trova yucateca, jaranas veracruzanas, corridos, joyería y artesanía, revistas y refrescos mexicanos, constituyen algunos de los productos que se venden en el “mercado de la nostalgia”, que integra, al menos, a 32 millones de consumidores de origen latinoamericano en Estados Unidos, fundamentalmente los migrantes de origen mexicano.

A ese enorme potencial se suman los otros millones de latinoamericanos que residen en aquel país ?los migrantes de otros países que por convivir con los migrantes mexicanos se acercan a su cultura?. A pesar del innegable atractivo que representa el también llamado “mercado migrante”, no se conocen acciones de los tres niveles de gobierno para financiar la creación de micro o pequeñas empresas que controlen este comercio binacional, incluso trinacional si se considera que se extiende hasta Canadá.

Por eso, Bernardo Olmedo explica que si a ese mercado migrante se le agregan los contactos de difusión cultural que mantienen con los migrantes de otros países y los mismos estadunidenses, “habría que hacer un análisis para determinar la extensión real de ese mercado que rebasa con mucho a esos 32 millones”.

RECUADRO: La nostalgia latina

Sobre la Mission Street de San Francisco, California, se ubica la Universal Bakery, una panadería que ofrece el pan de manteca, los pirujos y el pan francés que adquieren cotidianamente los migrantes guatemaltecos. Sobre esa calle están el bar Tikal, los transportes Izalco Express, el restaurante Acajutla, el Palacio Latino y otros comercios centroamericanos también frecuentados por los vecinos locales.

En Nueva York, la tienda Hispana vende pan y comidas chapinas (de origen guatemalteco) y distribuye a varias tiendas del estado. “Supongo que esto es la globalización. Me da gusto que los chapines vayan perdiendo el miedo y comiencen ya con sus negocios”, dice Marnie en un mensaje escrito en un blog.

En Garland, Texas, un suburbio de Dallas, la presencia de guatemaltecos moldeó el comercio local con nombres de comercios en español: La Mejor, en el 110 de Farmers Branch, Texas 75234, que vende pan, pipián, revolcado, fiambre, crema de guate y tamales en hoja de plátano; chuchitos, así como los llamados antojitos chapines.

Otro ejemplo de comercio migrante organizado es el de los salvadoreños, que constituyen un grupo de 2.5 millones de personas. Ahí, la demanda de alimentos tradicionales (también llamados étnicos o nostálgicos) ha crecido a pesar de la recesión en aquel país. Precisamente en el comercio de esos productos, puso su confianza el gobierno salvadoreño del presidente Elías Antonio Saca, para evitar el impacto sobre las exportaciones en caso de que prosiga el proceso de desaceleración económica estadunidense. El gobierno salvadoreño ha hecho notar que brinda capacitación y asistencia técnica a la micro, pequeña y mediana empresa para que exporten productos étnicos. Sólo en 2009 se impartieron 1 mil 700 asesorías en ese sentido.