COLUMNA: Al Aire | Aguas turbias

la doble moral en este país anda ‘como Pedro por su casa’. Y más, en plena guerra electoral. Y más, en un estado como Morelos

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En la Ciudad de México el agua turbia de las tuberías se mezcló con el agua turbia de la política. Así como revolver cloro con gasolina.

Las aguas políticas están muy turbias. De uno y otro lado de la contienda electoral el agua mezclada con tierra nos tiene en medio de una guerra de lodo que cada vez sube de tono pero que -aparentemente- no mueve la intención de los votantes manifestada en encuestas.

La metáfora pasó a la realidad en CDMX. Las aguas que llegan a unas nueve colonias de la alcaldía Benito Juárez están muy turbias. El gran error del gobierno que encabeza sustitutamente Martí Batres Guadarrama es el de la comunicación poco asertiva ante la crisis.

El 31 de marzo vecinas y vecinos de la zona empezaron a reportar olor y color irregular en el agua que salía de las llaves de su casa. El 2 de abril, Sacmex -el Sistema de Aguas de la Ciudad de México- sostuvo que “el agua es de buena calidad, apta para el uso y consumo humano”. Al día siguiente, 3 de abril, la cuenta @InfodemiaMex (una instancia creada por el equipo de Jenaro Villamil, titular del Sistema Público de Radio y Televisión) hizo su “verificación de datos” y publicó: “Falso que haya mala calidad del agua en la alcaldía #BenitoJuárez” y reprodujo lo antes ‘informado’ por Sacmex.

En ese mismo periodo, reporteras y reporteros visitaban a los quejosos. Era evidente que había casas en las que el agua olía a petróleo, combustible o algún solvente. Su color era distinto al del agua potable. Y, lo más extraño y a simple vista -sin conocimiento de cómo se irriga la red de agua en la demarcación o en la Ciudad-, que unas casas presentaban esta anomalía y las del otro lado de la acera no.

Cinco días después de las primeras denuncias, el 5 de abril, el jefe de Gobierno abordó por primera vez el tema. En su conferencia sostuvo que “tras algunos estudios del tanque de Santa Lucía y de tres pozos que suministran agua a la demarcación, se descartó la presencia de hidrocarburos en el líquido (…), es decir que el agua que viene del tanque y los pozos viene limpia”.

Quizá el agua analizada por Sacmex fue de alguna vivienda que no presentaba tal irregularidad… pero lo que enfureció a los vecinos es que Sacmex, de entrada, atribuyera el olor del agua a combustible “al tiempo de almacenamiento y la no renovación cotidiana del agua” en cisternas y tinacos. O sea, culpando a los condóminos, a los administradores, a los habitantes de las zonas afectadas, por no limpiar o dar mantenimiento sus depósitos.

Tres días después, el 8 de abril, Batres Guadarrama reconoció que existía contaminación en el agua que llega a la parte poniente de la Benito Juárez y que se trataba de un líquido que “pertenece a la familia de los aceites y lubricantes”. O sea, desmintió el primer dato que Sacmex había informado seis días antes.

“¡Se les dijo desde hace una semana!”, se leía en uno de los grupos de WhatsApp que armaron los vecinos de la zona. “Necesitamos demandar penalmente”, sugería otro de sus integrantes. “Mi papá ya tiene dermatitis y mis vecinos diarrea. Otro tiene a su perrito vomitando. ES EL AGUAAA!”, comentaba en mayúsculas encabronadas. Luego, decidieron bloquear el cruce de Av. Xola con Insurgentes. Un tramo de mucha circulación que al momento en que redacto esta columna sigue paralizado sus vecinos. Se nota en las conversaciones el enojo porque se publican fotos del agua aceitosa, videos de sus cisternas y se comparten las evidencias que han guardado para probar sus dichos: el agua contaminada almacenada en botellitas de plástico.

El jueves 11 publiqué en redes sociales que la empresa Vasa Instalaciones, proveedora de los filtros de agua en varios de los edificios afectados, hizo un estudio que compartió a sus inquilinos que a su vez compartieron en los citados grupos de WhatsApp. En ese documento, concluyó que “las tres muestras arrojaron presencia de contaminantes orgánicos derivados del petróleo en diferentes proporciones con variación de entre un 7 a un 20% que en presencia de cloro se pueden generar subproductos cancerígenos”.

Horas más tarde, ya entrada la noche, el Sistema de Aguas en CDMX descalificó el presunto estudio: “VASA INSTALACIONES, no es un laboratorio de análisis. El giro de la empresa es instalaciones hidráulicas, sanitarias y eléctricas para construcciones, como regaderas con filtro. No se dedica al análisis de agua”. Insiste en que sus resultados no son confiables, a diferencia de los “análisis a más de mil 500 muestras e laboratorios especializados” que ha realizado esta dependencia junto con la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil”.

Resultados que, por cierto, no se han hecho públicos. Hoy no sabemos qué ocasionó la contaminación del agua. Incluso, con mapas del Sacmex, el periodista Antonio Nieto de N+ informó que el pozo ubicado en la colonia Alfonso XIII de la alcaldía Álvaro Obregón, resguardado por la Guardia Nacional y cerrado por el gobierno de CDMX, no es en realidad el que distribuye agua a las colonias afectadas en Benito Juárez sino el tanque de Santa Lucía.

Los chats de WhatsApp se han puesto más bravos, combativos y hasta se expulsaron a participantes que cuestionan “de más” las decisiones de bloqueos o de pensar en denuncias penales contra funcionarios públicos de la 4T. Algunos personajes públicos vinculados a varias fuerzas políticas opuestas, que me pidieron anonimato, me dicen que tienen a familiares con severos cuadros de desórdenes gástricos, dermatitis y conjuntivitis.

El agua contaminada no distingue partidofilias. Polarizados o no y con las elecciones del 2 de junio encima, en la Ciudad de México el agua turbia de las tuberías se mezcló con el agua turbia de la política. Así como revolver cloro con gasolina.

 

 

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