Los límites de la cordura

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 31 segundos

Mirar la realidad de otras profesiones y oficios siempre me ha parecido fascinante y debo admitir que toda la vida he tenido una peculiar debilidad por los artistas. Luego de pasar la mayor parte de la semana hundido entre exceles y vicisitudes financieras acepto que no hay nada más refrescante para mí que buscar la compañía de escritores, músicos o diseñadores. Dicen que los opuestos se atraen, pero hay algo además que me parece invariablemente irresistible en el gremio de los creativos: su aparente locura.

Vivir la vida al lado de un creativo es como haber ganado por añadidura un pase ilimitado a las montañas rusas más altas y rápidas del mundo, a veces apasionante pero otras muchas veces con ganas de bajarte del carrito y abandonar tu posición de copiloto. «Tu problema es que sientes mucho» ? solía yo decir como una especie de diagnóstico para intentar aliviar las penas de esta altísima sensibilidad a la que suelen estar sujetos.

Lo cierto es que crear mucho es también sentir mucho y justo esta aparente condena del artista hizo preguntarme sobre la naturaleza de la creatividad, sus causas y sus riesgos.

Uno de los estudios mejor articulados es el libro de Mara Dierssen, neuróloga española autora de El Cerebro del Artista (2019). Si bien deja claro que no existe una prueba que asocie la creatividad con la locura sí nos deja ver que en la vida ambas suelen ir de la mano. No deja de llamar la atención que familias con alta incidencia de neurosis y esquizofrenia han generado una nutrida veta de creativos que se extiende a veces por más de 7 generaciones; o bien, constatar que los hijos de padres bipolares logran mayores puntajes en tests de soluciones creativas. Recientes estudios de monitoreo cerebral apuntan a que la creatividad es un estado mental relacionado sobre todo con bajos niveles de actividad prefrontal (zona encargada de nuestros filtros racionales) y de una sobrerreacción de nuestro sistema límbico (regulador de las emociones). No sorprende que los creativos filtren poco, sientan mucho y sean capaces de percibir mucha información de manera simultánea.

¿Por qué suele parecer que los creativos caminan en el borde la cordura? La respuesta más convincente a mi parecer es la del psiquiatra estadounidense Albert Rothenberg quien describió el proceso creativo como algo rotundamente ilógico. Él lo denominó pensamiento janusiano en alusión al dios griego Jano que tenía múltiples caras, cada una apuntando a lugares opuestos. El creativo es capaz de concebir múltiples ideas totalmente opuestas pero que pueden ser válidas de manera simultánea, traspasando con ello los límites de la lógica que dicta que nada puede ser y no ser al mismo tiempo (herencia de Aristóteles por cierto). En palabras más sencillas, la creatividad nos permite considerar perspectivas opuestas como ciertas, mezclarlas entre sí y concebir ideas previamente impensables.

Las personas no creativas ponen mucha energía y cuidado en que sus ideas cumplan con leyes lógicas y preconcepciones socialmente establecidas, en cambio el creativo desinhibido no descarta ideas aparentemente contradictorias pues en su mundo todas las realidades son posibles y verdaderas. En el acto creativo conviven de manera simultánea un número infinito de realidades potenciales, cruzando las barreras de lo aceptado, lo que puede hacernos ver a veces realmente como locos.

Por si fuera poco, así como los músculos de un deportista van atrofiándose por llevarse a esfuerzos imposibles, los cableados cerebrales de las personas dedicadas en cuerpo y alma al acto creativo terminan a veces por sobrecalentarse. Y es que vivir en un mundo donde todas las ideas son posibles pone al creativo en tales contradicciones y emociones que sufre frecuentemente momentos de incomprensión y sobre todo de soledad.

Esto no significa que los cuerdos tengamos que estar locos para ser creativos, los artistas de hecho reconocen que poco pueden producir en el pico de sus peores momentos psicóticos. Los creativos, a diferencia de los locos, muestran una gran motivación y disciplina para cumplir un sueño o idea imposible, esto requiere de un alto nivel de enfoque, perseverancia y sanidad mental. Dalí lo explicaba muy bien en su conocida frase «la única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco».

Sea cual sea el costo no me arrepiento de preferir vivir entre creativos. Y es que, aunque todavía nadie sabe si su arte es causa o consecuencia de lo que muchos consideran locura, me aferro a pensar que los límites de nuestra propia cordura se expanden gracias a ella.

 

También te puede interesar: Detectan brote de enfermedad neurológica en ciervos en Texas