Ideas y Valores. Trabajar: ¿Maldición o crecimiento?

El trabajo por vocación y no por obligación

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La mayoría dEl trabajo por vocación y no por obligacióne las personas solemos pensar que el trabajo es algo así como una maldición divina o un castigo de los dioses para el hombre.  

A pesar de que algunos de nosotros trabajemos por obtener algo más que dinero  -reputación, prestigio, o sueños- solemos pensar que el estado ideal para el ser humano sería tener todas las necesidades cubiertas y sólo trabajar cuando nos apetezca ¿A quién no le gustaría vivir así?

Es muy cierto que trabajamos para cubrir una serie de necesidades básicas empezando por las biológicas y continuando con las sociales, culturales, educativas, incluso lúdicas. Sin embargo, un buen ejercicio es preguntarnos cuál es la verdadera finalidad del trabajo.

Lo primero que hay que subrayar es que como seres humanos las necesidades siempre exceden a los recursos, y esto es así porque las necesidades no sólo son naturales sino que van siendo creadas según cambia nuestro estilo de vida.

En cierto modo, las necesidades se multiplican en la medida que las vamos llenando, por eso la primera ley de la economía es la administración, que significa que por grandes que sean nuestras riquezas habrá que administrarlas racionalmente para que no se agoten con nuestras crecientes necesidades.

Lo que se acaba de decir induce a muchas personas al error, ya que pareciera que el trabajo es simplemente la fórmula para aliviar una enfermedad incurable: la pobreza. En otras palabras es fácil tener un concepto negativo del trabajo y verlo como si fuera un antibiótico para una enfermedad, siendo así es natural que nadie quiera usar un antibiótico.

Aún así, no nos queda otra cosa más que ganarnos la vida, y para ello se trabaja, ya sea que nuestro concepto del “ganarse la vida” sea una lucha contra la pobreza o bien una forma de desarrollo personal.

Lo que es seguro es que ganarse la vida no sólo significa ganarse unos pesos para poder subirse a la rueda de la fortuna del consumo, ni tampoco implica que la única finalidad del trabajo sea generar riqueza. Esto nos puede sonar un poco desconcertante, pues la verdad es que en el fondo, la mayoría de las veces se trabaja para ganarse “un dinero”.

El Diccionario de la Lengua Española define el trabajo como una acción u ocupación retribuida, como esfuerzo humano aplicado a la producción de la riqueza. Efectivamente, la riqueza está relacionada con la supervivencia de todos los seres humanos y es cierto que la primera necesidad es sobrevivir y para ello se trabaja.

Pero hay que hacerse algunas preguntas: ¿Qué es la riqueza? ¿El ser humano sólo tiene como finalidad sobrevivir? Me parece que si tenemos una visión tan pobre de lo que implica ser persona, entonces el trabajo si se nos presenta como un verdadero fastidio, un simple remedio a una maldición. En este sentido, no es de sorprender que cada vez aumente más el número de depresiones postvacacionales.

Sin embargo, desde el punto de vista positivo el trabajo no remedia una mala situación, sino que crea nuevas y mejores situaciones. El trabajo para las personas es tan natural como volar para los pájaros, toda acción humana implica trabajo, y las acciones humanas son aquellas que aportan resultados para el perfeccionamiento humano, o dicho con otras palabras, gracias al trabajo es que el ser humano logra su crecimiento personal. Esto es así porque al trabajar se generan muchas cosas, en especial buenos hábitos, con él se transforma el mundo exterior pero también la interioridad de las personas.

Es a través del trabajo que se logran obtener mayores capacidades. Todo esto suena muy bonito, pero la realidad es que la vida va tan rápido que lo último en lo que vamos a pensar es que se trabaja para ser mejores seres humanos, esto se lo debemos a la modernidad contemporánea con su frenesí por producir y consumir cada vez más y más barato.

Por ejemplo, la mayoría de las veces, cuando alguien busca trabajo lo primero que le interesa es saber cuánto va a ganar y no qué tipo de hábitos va a adquirir, o bien en que maneras  mejorará la totalidad de su situación humana. Normalmente cuando se levanta una empresa lo que se busca es generar utilidades, nadie piensa: “voy a abrir a una empresa y contratar empleados para que éstos se perfeccionen como seres humanos”.

Me parece que para dar en el clavo y sobrevivir a la realidad humana como seres de trabajo, lo que se necesita es que cada uno de nosotros encontremos la vocación que tenemos, pues la única manera de que el trabajo recobre su sentido positivo es que se tome conciencia de que del trabajo depende la mejora de toda nuestra vida y no sólo de la parte económica.

La ocupación desvinculada de la vocación es verdaderamente una tragedia y un verdadero castigo. Sin embargo la cuestión de la vocación tampoco es un asunto fácil, porque implica que cada uno de nosotros tengamos muy claro para qué es que hemos venido al mundo.

La vocación nos otorga personalidad en el mundo del trabajo y en general en la vida profesional, es una capacidad o disposición natural que se posee para realizar ciertas actividades, no se trata de una predestinación, pero sí es algo que podemos entender como un talento natural sobre el cual es importante construir el proyecto de vida.

Hay que tomar en cuenta que la vocación no lo resuelve todo, es un indicador o una brújula, y no anula las decisiones que se hayan de tomar, ni tampoco el esfuerzo o el trabajo mismo. Sin embargo cuando el trabajo profesional está unido a la vocación se formula un binomio en el que resulta mucho más sencillo generar ganancias tanto como crecimiento.

Ahora bien ¿La vocación puede tener un resultado positivo en el mundo de los negocios?  Una característica esencial de la vocación profesional es estar vinculada a una actitud de servicio a los demás.

Desde esta perspectiva pareciera que vocación y generación de riqueza son polos contradictorios, pues aparentemente los negocios más lucrativos son una actividad que “arrebata” riqueza a los demás.

No es así, pues un verdadero negocio provee de riqueza al que vende y al que compra, al que fabrica y al que distribuye, y al que produce tanto como al que consume. En esta última reflexión se hace necesario pensar en un concierto de vocaciones que será la única manera en que la sociedad y la economía vean al trabajo de manera constructiva y no solamente como un obligado paliativo ante la adversidad. Bueno, si tu paliativo se convierte en una compañía multimillonaria, tal vez habría que reescribir estas líneas.

La autora es Maestra en Ética Aplicada por el ITESM y doctorado en Filosofía por la Universidad Panamericana.

investigacion.betah@live.com

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