CKDs y Private Equity Por buen camino

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La ausencia de incentivos fiscales pero sobre todo la falta de un marco regulatorio que impulse la participación del Capital Privado en el sector productivo ha frenado su penetración en la economía. No obstante, algunos pasos abren oportunidades en el mediano plazo.

Juan Pablo Martínez y Rebeca Sánchez

La industria del Capital Privado en México se ha enfrentado a diversos obstáculos que le han impedido desarrollarse a la misma velocidad que lo han hecho las industrias de otros países latinoamericanos, como es el caso de Chile. Entre los obstáculos que ha enfrentado esta industria, se puede mencionar la falta de incentivos fiscales y la ausencia de un vehículo o de un marco regulatorio específico que incentive y promueva la participación del Capital Privado en empresas medianas y pequeñas mexicanas.

Uno de los temas que han estado pendientes en la agenda para el desarrollo de la industria del Capital Privado es la captación, por parte de los fondos, de recursos provenientes de inversionistas institucionales, tales como las Sociedades de Inversión Especializada en Fondos para el Retiro (SIEFORES).

Una de las Comisiones de Cabildeo de la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap), en conjunto con otras organizaciones y profesionistas de la industria, han dedicado grandes esfuerzos a dialogar con diversos interlocutores en los ámbitos legislativo y regulatorio. Como consecuencia de estas iniciativas, en 2009, la regulación bursátil sufrió diversas modificaciones que representan una oportunidad para que los fondos de Capital Privado se alleguen de recursos provenientes de las SIEFORES.

Certificados de Capital de Desarrollo

Los Certificados de Capital de Desarrollo (CCD, mejor conocidos como CKDs) tienen como antecedente el financiamiento de una plantación forestal de teca propiedad de Agropecuaria Santa Genoveva, S.A.P.I. de C.V. (AGSA). El financiamiento de AGSA, llevado a cabo a finales de junio de 2008 por un monto de 1,650 millones de pesos, representó la primera emisión de certificados bursátiles fiduciarios dirigida principalmente a SIEFORES.

En virtud de lo anterior, en agosto de 2009, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) modificó su Reglamento Interior para crear los CCD. En términos del Reglamento Interior de la BMV, los CCD son los títulos fiduciarios a plazo determinado o determinable emitidos por fideicomisos, con rendimientos variables e inciertos y parcial o totalmente vinculados a activos subyacentes fideicomitidos, cuyo propósito es la inversión que permite el desarrollo de actividades o la realización de proyectos de sociedades o bien, la adquisición de títulos representativos de capital social de sociedades.

Los CCD son certificados bursátiles emitidos por un fideicomiso. Los inversionistas reciben CCD a cambio de su inversión. El patrimonio del fideicomiso emisor está integrado por bienes o derechos relacionados con la sociedad o sociedades que son financiadas con el producto de la colocación.  Por lo tanto, el retorno de la inversión de los inversionistas está estrechamente relacionado con los resultados de la sociedad o sociedades objeto de inversión.

De conformidad con el Reglamento Interior de la BMV, los CCD se clasifican, según el tipo de inversión, en: (i) CCD tipo A (CCD-A), los cuales están dedicados a la inversión en títulos representativos de capital o la adquisición de bienes o derechos sobre flujos de varias sociedades; y (ii) CCD tipo B (CCD-B) dedicados a la inversión en títulos representativos de capital o a la adquisición de bienes o derechos sobre flujos de una sola sociedad.

Los CCD-A y los fondos de Capital Privado

La primera emisión de CCD-A, a los cuales se les refiere también como CCD tipo fondo de capital, fue la relacionada con el financiamiento de Wamex Capital, S.A.P.I. de C.V. (WAMEX), en una operación de 750 millones de pesos. Posterior a WAMEX, Macquarie México Infrastructure 1, S.A.P.I. de C.V., Macquarie México Infrastructure 2, S.A.P.I. de C.V., y MMIF Compañía Controladora, S.A.P.I de C.V. (MACQUARIE), colocaron un CCD-A por un monto de 3,415 millones de pesos. Asimismo, Atlas Discovery México, S. de R.L. de C.V. (DISCOVERY), colocó un CCD-A por un monto total de 1,161 millones de pesos.

La emisión de CCD-A incluye la figura del administrador y éste es el encargado de analizar las empresas promovidas en las cuales se invertirá un porcentaje del monto levantado en la emisión. La inversión en cada empresa promovida se realiza mediante la compra de acciones, mismas que formarán parte del patrimonio del fideicomiso emisor de los CCD. Por tanto, los flujos de los tenedores estarán vinculados con los dividendos provenientes de dichas acciones y con su posterior enajenación o liquidación. Dependiendo de la estructura de cada operación, la decisión de inversión puede realizarse con el apoyo del Comité Técnico y/o de un Comité Asesor de Inversiones.

La estructura de un CCD-A es semejante a la de un fondo de capital. Sin embargo, a diferencia de los fondos de capital privado, los CCD-A ofrecen a sus tenedores un mercado secundario con respecto a los títulos de los certificados bursátiles, ya que dichos títulos pueden ser negociados en el mercado de valores y representan una mayor liquidez que la que tiene un LP en un fondo privado.

Otra diferencia que cabe resaltar es que en el caso de los CCD, las SIEFORES sólo pueden invertir o financiar actividades o proyectos dentro del territorio nacional. En el caso de los fondos de capital, la inversión o financiamiento puede realizarse en un ámbito tanto nacional, como internacional.

El futuro

Una de las dificultades que enfrenta la industria del Capital Privado en México es la ausencia de vehículos o figuras jurídicas que incentiven y promuevan la participación de dicha industria en empresas medianas y pequeñas mexicanas. La nueva regulación en materia bursátil representa un avance para superar dichas dificultades, ya que permite la participación de inversionistas institucionales.

Dicha inversión por parte de inversionistas institucionales, como lo son las SIEFORES, debe cumplir con requisitos más estrictos que los impuestos al resto de los inversionistas. Por ello, el financiamiento proveniente de ellas debe realizarse a través de un instrumento regulado como lo son los CCD.

No obstante lo anterior, cabe cuestionar si es necesario que este tipo de instrumentos sean regulados, ya que si se considera que las SIEFORES son inversionistas institucionales, podría pensarse que este tipo de instrumentos puedan ser ofrecidos de manera privada.

Existen dos tipos de CCD. Los CCD-B están dirigidos al financiamiento de una sociedad o un proyecto específico. Por su parte, los CCD-A, al estar diseñados para la inversión en diversas sociedades, tienen una estructura similar a los fondos de capital que se utilizan con frecuencia por la industria del capital privado. En consecuencia, los CCD-A constituyen vehículos ideales para que dicha industria se allegue de recursos de las SIEFORES y de cualquier otro tipo de inversionistas.

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