Un ambiente tenso sobresale hoy en el Sector de Energía Eléctrica del País, donde la cereza en el pastel es, sin duda, la nueva política de inversión en centrales de energías renovables dada a conocer recientemente y considerada por la Iniciativa Privada como inhibidora de su participación. Expertos afirman, además, que el proyecto contradice el Acuerdo de París que México ratificó en 2016, donde se comprometió a reducir  emisiones industriales desde el 2024, ante el complemento de la inversión privada.

El conflicto del Gobierno mexicano contra empresarios y ambientalistas por la producción eléctrica escaló la semana pasada, cuando el Centro Nacional de Control de la Energía (Cenace) suspendió el martes pasado pruebas preoperativas en 17 centrales renovables administradas por la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Tras amparos obtenidos por los agentes privados en tribunales, ese mismo día el Cenace reculó.

El esquema de participación anterior, señalan expertos, obligaba a las empresas privadas con interés de invertir en el Sector Eléctrico a ofrecer los precios de energía más bajos, en una especie de cruces de propuestas y un ambiente de competencia. Arropadas por las expectativas de expansión, surgieron entonces los llamados Certificados de Energías Limpias dirigidos hacia los grandes consumidores para garantizar que la energía limpia generada por ellos cubriera, al menos, un porcentaje del total.

En el Acuerdo de París, México se compromete a bajar en el 2024 sus emisiones industriales mediante la generación de energías limpias, en un 35% del total, y subir este porcentaje a 43% en 2030, sustentado en estudios que arrojan que el País es generador de grandes recursos en materia de energía eólica, fotovoltaica, mareomotriz y geotérmica.

Pero, en medio de los conflictos de conducción de política pública

y percepción renacen opciones como los fideicomisos de Inversión en infraestructura y energía, conocidos como fibras E, en medio del colapso económico y la aversión al riesgo en los mercados financieros.

En esta opciones sobresale el caso concreto de sendas ofertas que la Compañía Federal de Electricidad (CFE) realizó en febrero de 2018, cuando logró recabar 16 mil 200 millones de pesos (mdp) con las emisiones FCFE18 (CBFEs serie A) y FCFE18-2 (CBFEs serie B).

El instrumento fue presentado ante la comunidad inversionista internacional y local como certificados de energía que brindan acceso al flujo generado en el Sector de la Energía Eléctrica de México, inicialmente a través del negocio de transmisión. Entre los coordinadores globales de la oferta se contaron a las firmas Morgan Stanley, Barclays y Santander.

Firmas de asesoría fiscal como Deloitte o Kpmg destacaron los cambios fiscales consecuentes a través de misceláneas y la propia Bolsa Mexicana de Valores (BMV) indicó en su momento que las fibras E constituirían el producto bursátil más importante en esta plaza. Un punto destacado fue el diferimiento de las ganancias en la parte fiscal a un plazo de siete años, con un rendimiento de 15%.

Especialistas indican que, hoy por hoy, en medio del colapso económico producto de la pandemia Covid-19 hay una fibra de energía que destaca por su continua generación de flujo de efectivo, demanda defensiva, sólida estructura financiera y “una muy atractiva distribución mínima establecida”, además que toma “un sólido gobierno corporativo”.

“Iniciamos la cobertura de Fibra E CFE con recomendación de compra”, dijo el Grupo Financiero Banorte el 21 de mayo pasado. El precio objetivo (expectativa) para 2020 es que los certificados alcancen un valor de 22.50 cada uno, con un múltiplo medido en retorno de 8.4 veces, es decir, un plazo menor que el promedio de los certificados registrados hasta hoy dentro del sector, de 9.1 veces.

“(es una) Atractiva inversión, a pesar del complejo entorno”, aseguró el banco. En total, en el mercado financiero mexicano hay 4 fibras E.

La posición estratégica del fideicomiso de la CFE radica en representar la primera fibra enfocada en el desarrollo del negocio de transmisión de energía eléctrica en México, y por estar patrocinado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

FCFE ofrece una exposición a flujos de efectivo suficientes que están en constante crecimiento por la resiliencia de la demanda (a pesar de una menor actividad económica) y de las tarifas de transmisión que están indizadas a la inflación y al tipo de cambio.

La fibra, de acuerdo con los expertos, mantiene una solidez financiera al no contar con deuda, factor relevante en el complicado contexto actual.

“Resaltamos también el sólido gobierno corporativo y la alineación de intereses”, dijo Banorte por su parte.

Aunque el complejo entorno y la expectativa de menor crecimiento económico podrían afectar los resultados, FCFE destaca por otorgar una distribución mínima trimestral de $0.575 por CBFE, con un rendimiento anualizado de 11.8%, superior al rendimiento del Bono a 10 años de 6.1% anual y también más atractivo respecto a los rendimientos del Sector, de 7.4%.

México presenta un déficit de infraestructura dentro del mercado de transmisión de energía eléctrica. La energía eléctrica producida en México se conduce a través de 752 mil kilómetros de líneas de transmisión y distribución, mientras que el suministro de energía eléctrica llega a cerca de 190 mil localidades (190 732 rurales y 3 667 urbanas), cubriendo un 97.60% de la población.

Hoy, el parque eléctrico está integrado por 204 centrales generadoras, incluyendo 19 que se agregaron en octubre de 2009, que pertenecían a la extinta Luz y Fuerza del Centro.

En los últimos diez años se han instalado 42 mil módulos solares en pequeñas comunidades alejadas de los centros de población más concentrado. Esta será la tecnología de mayor aplicación en el futuro para aquellas localidades que aún no cuentan con electricidad, de acuerdo con las reglas anteriores.

Los fideicomisos de energía o fibras E que destaca la Bolsa Mexicana de Valores realizarán inversiones a través de personas físicas o morales en el Sector de Hidrocarburos (refinación, enajenación, comercialización, transportación, y almacenamiento de petróleo) así como en el procesamiento, compresión, descompresión, regasificación, transporte, almacenamiento, distribución y expendio de gas natural.

Destaca tambie´n el transporte, almacenamiento y distribución de petrolíferos, además del transporte por ductos y el almacenamiento de petroquímicos.

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