La Habana, (Prensa Latina).- Muchas son las preocupaciones y revuelos que destapa cada día la Covid-19 desde finales de diciembre del pasado año cuando se conocieron en China los primeros casos, por su velocidad de trasmisión y contagio, elevada letalidad y muchas características aún desconocidas y sin respuesta a la mano.

La OMS ha advertido que una vacuna contra el nuevo coronavirus SARS-Cov2, causante de la Covid-19, no estaría disponible al menos hasta la primavera de 2021. foto:123RF

La epidemia fue declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) una emergencia de salud pública de preocupación internacional el 30 de enero de 2020, y el 11 de marzo fue calificada de pandemia al extenderse por todo el mundo, contagiando a miles de personas y con una elevada letalidad.

Se trata de una enfermedad desconocida, para la cual no había medicamentos ni tratamientos, por lo que científicos e investigadores de todo el mundo se dieron a la tarea no solo de estudiarla, sino también de buscar fórmulas que eliminaran o al menos detuvieran sus graves consecuencias.

Las alternativas: salvar vidas y evitar muertes, por lo que la idea de una o varias vacunas pronto se impuso en la comunidad científica internacional a partir de la experiencia vivida por China, donde se aplicaron medicamentos probados en otros padecimientos y otros nuevos en distintas fases de desarrollo.

Por esos esfuerzos en estos momento se desarrollan más de 100 proyectos de investigación para encontrar una vacuna contra la Covid-19, de los cuales cuatro están en la etapa de ensayos clínicos para acelerar el posterior proceso de producción y  distribución.

Al respecto, la OMS ha advertido que una vacuna contra el nuevo coronavirus SARS-Cov2, causante de la Covid-19, no estaría disponible al menos hasta la primavera de 2021.

A su vez, un censo del Centro de Vacunas de la Universidad de Higiene y Medicina Tropical de Londres muestra que hay 119 proyectos en curso en todo el mundo, 115 en fase preclínica y los cuatro mencionados en fase uno.

Afortunadamente hay diversos grupos de gran prestigio científico que abordan el tema desde diferentes perspectivas, lo cual es bueno por la utilidad de disponer de diferentes enfoques técnicos para aprender unos de otros y garantizar que se obtenga una vacuna lo antes posible.

Y después de lograr la vacuna qué viene?

Muchas preocupaciones y planes, pero sobre todo darle respuesta a todo el que necesite el antídoto adecuado, frente a lo cual está la amenaza de que algunos países ricos intenten acaparar el producto.

El epidemiólogo Seth Berkley, director ejecutivo de la Alianza Global por las Vacunas y la Inmunización (GAVI), con sede en Ginebra, Suiza, ya manifestó recelos pues en su opinión “siempre ocurren malos comportamientos con los bienes raros”, por lo que llamó a evitar una situación en la que solo se vacune a las personas que puedan pagar por el medicamento.

En opinión del experto, si no se ataca el problema en el lugar donde más se necesita, la epidemia que afecta actualmente a más de tres millones 52 mil 370 personas en 182 naciones, va a continuar.

También el profesor de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres Mark Jit, advirtió que si se distribuye a través del libre mercado, entonces solamente la gente de los países ricos tendrá acceso a la futura vacuna contra la Covid-19.    La Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias, de Noruega, es otra de las instituciones que abogó por un reparto justo del fármaco.

La aspiración es que la vacuna contra la Covid-19 sea producida por los laboratorios a gran escala sin ningún problema una vez que se sepa qué fármaco es el mejor.

Así son crecientes los temores sobre un eventual acaparamiento de la vacuna contra el coronavirus SARS-Cov2, los cuales son totalmente ciertos por la ocurrencia de lamentables casos anteriores.

Por ejemplo, la vacuna contra la hepatitis B está disponible en los países ricos desde 1982, pero 18 años después, menos del 10 por ciento de los ciudadanos más pobres del mundo había tenido acceso a ella.

Algo similar ocurre con el Gardasil, fabricado por el laboratorio estadounidense Merck en 2007 para combatir el virus del papiloma humano, pero hasta el año pasado solo estaba disponible en 13 países pobres, a pesar de que el 85 por ciento de las muertes por cáncer cervical ocurren en el mundo en vías de desarrollo.

La aspiración es que la vacuna contra la Covid-19 sea producida por los laboratorios a gran escala sin ningún problema una vez que se sepa qué fármaco es el mejor.
Pero cuando esté finalmente listo, dentro de un año o un año y medio, ¿será el mundo capaz de producir y repartir todas las dosis necesarias?, es la interrogante de muchos expertos.

Sería necesario que los gobiernos y el capital privado reforzaran las instalaciones de producción por adelantado. Y si bien es cierto que se aportan algunas cantidades de dinero para acelerar el desarrollo y la producción de las vacunas, las promesas no alcanzan los miles de millones de dólares que se demandan para estos fines.

Las restricciones de suministro, tanto físicas como políticas, son una “gran preocupación”, afirma Seth Berkley, que dirige GAVI, la Alianza de Vacunas, una organización público-privada sin ánimo de lucro con sede en Ginebra, y que tiene como objetivo aumentar el acceso a las vacunas en todos los países del mundo.

Se necesitarían por lo menos dos mil millones de dólares para ayudar a fabricar las vacunas candidatas y fabricarlas para ponerlas a prueba en ensayos clínicos.

Según la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI), un fondo con base en Oslo lanzado en 2017 como una alianza global para financiar y coordinar vacunas durante epidemias, se necesitarían por lo menos dos mil millones de dólares para ayudar a fabricar las vacunas candidatas y fabricarlas para ponerlas a prueba en ensayos clínicos.

Hasta ahora diferentes gobiernos han prometido 690 millones. Harían falta más de mil millones adicionales para producir una vacuna exitosa contra el coronavirus, y muchos miles de millones más para que las empresas aumenten sus capacidades., según cálculos de la OMS.

A ello se suma que no hay aún un acuerdo de principios, ni reglas concretas para un sistema de asignación equitativa incorporado a los contratos que puedan aplicarse de forma consistente. Y tampoco existe una entidad responsable de ordenar, pagar y coordinar la fabricación y distribución de vacunas a escala global.

Por ello la CEPI plantea que “este es un desafío que los gobiernos, los líderes mundiales en salud y los reguladores deben abordar de manera urgente y colectiva mientras continúa el desarrollo de la vacuna contra la Covid-19”.

Ojalá la solidaridad humanitaria se imponga.

* Por Cira Rodríguez César, periodista de la redacción de Ciencia y Técnica de Prensa Latina

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