Todo en la naturaleza se encuentra en constante cambio y evolución. Las plantas y animales, incluyendo al ser humano, estamos en adaptación continua a las nuevas necesidades, circunstancias y contexto que sucede en el planeta. Así como nosotros, los virus, bacterias y patógenos que se han liberado paulatinamente debido al deshielo de los polos también han evolucionado y continuarán haciéndolo, convirtiéndose una vez más en un peligro para los seres vivos. No hay que ser alarmista, pero sí conscientes de la vulnerabilidad en la que nos encontramos derivada de nuestras propias acciones.

Estos días de contingencia por salud, derivados del COVID-19, han sido un nuevo llamado de atención del planeta que nos pide dedicar un momento de tiempo a reflexionar qué hemos hecho, qué estamos haciendo y hacia dónde queremos ir

¿Qué es lo que sigue? Definitivamente debemos aprender a ser resilientes, adaptarnos y forjar una estructura de vida donde podamos tener una seguridad alimentaria, de salud y calidad de vida manteniendo un equilibrio con el planeta, es decir, no sobrepasar el consumo de recursos naturales que podemos obtener de la Tierra para garantizar su propio equilibrio y no comprometer el futuro de todos los seres vivos. Claro, parece una utopía, pero tampoco es algo que no podamos lograr y mucho menos, dejar de intentar llegar a ese punto.

Sin duda alguna, estos días de contingencia por salud, derivados del COVID-19, han sido un nuevo llamado de atención del planeta que nos pide dedicar un momento de tiempo a reflexionar qué hemos hecho, qué estamos haciendo y

hacia dónde queremos ir. Las crisis climáticas nos alcanzaron, hemos agotado la capacidad de la Tierra para proveernos de recursos para todos los seres vivos, incrementamos aceleradamente la temperatura del planeta y el derretimiento de los polos está llegando al punto de no retorno. ¿Dónde está nuestra respuesta a estos sucesos?, pero más importante, ¿dónde está nuestra acción?

De ninguna manera debemos permitirnos dejar de estar motivados, sino crear las oportunidades que nos permitan levantarnos una vez más para sobrepasar los grandes problemas que nos aquejan globalmente. Tenemos la oportunidad de salir adelante impulsados por una comundad global, que traspasa fronteras. En esta ocasión no estamos solos y más que nunca tenemos frente a nosotros una posibilidad real y tangible de demostrar que nuestra participación es importante, que cada uno de nosotros hace una diferencia real.

Lo más importante e incluso fundamental es que no nos quedemos encerrados de cuerpo y mente. Necesitamos movernos, crecer, innovar y emprender una lucha activa, individual y al mismo tiempo colectiva, desde las posibilidades que tiene cada uno de nosotroso para enfrentar estas crisis ambientales, la incertidumbre económica, el desempleo y los retos que vengan en el futuro. Definitivamente no podemos quedarnos estáticos esperando que las cosas se resuelvan solas y de manera positiva para todo el mundo, mientras permanecemos sentados en el sillón.

Necesitamos que todos los organismos institucionales que hablan de su responsabilidad social hagan acto de presencia con sus estrategias, continuidad y compromiso. Es el momento de hacer tangibles sus metas e indicadores, para no dejar desprotegidos a los grupos vulnerables o causas que apoyan. La responsabilidad social de una empresa debe ir más allá de la imagen.

Pero también hablemos de las personas, de la sociedad civil que es la más grande fuerza de cambio. Cada ciudadano debe involucrarse en las acciones que harán que las cosas positivas sucedan realmente. Cuidar su propia salud, comprar en negocios locales, mantener los proyectos laborales activos o reprogramados, para que nadie pierda su empleo. Eso es lo que necesitamos. Hoy más que nunca es innegable la importancia de la participación de cada persona, el alcance de sus decisiones y en especial de las acciones que realiza o no realiza. Y así es como en unas semanas perdió vigencia la antigua pregunta que servía de excusa: ¿de qué sirve lo que yo hago si otras personas no lo hacen?

Vivimos en una época donde a tecnología es un recurso latente que nos permite cortar distancias, tiempo e incluso potenciar la rapidez del procesamiento de información, entonces ¡usemos a la tecnología para salir adelante! Seamos emprendedores e innovemos con programas y proyectos que nos ayuden a salir adelante. Sigamos haciendo compras que permitan que la economía no se colapse, que el dinero fluya y que la gente tenga siga teniendo un trabajo que le permita pagar la despensa y medicinas que requiere su familia.

Es sorprendende y de admirar que allá afeura hay cientos de agricultores que no se detienen y siguen trabajando para que todos tengamos alimentos. Hay comunidades, ejidos y colectivos de personas que viven con 100 pesos al día, por familia, que dependen del ecoturismo, de tu compra de vegetales, de flores, de miel…. Búscalos, ellos también necesitan de ti.

Claro que podemos ver los efectos positivos al medio ambiente por la disminución de nuestro impacto ambiental diario y gracia a eso hay más personas conscientes de la urgencia de generar cambios en nuestro estilo de vida porque sí hay esperanza, sí pueden mejorar las cosas al corto plazo si somos más responsables con nuestro planeta. No se trata de desaparecer a la raza humana, sino de aprender a vivir en armonía con el entorno natural. Lo que más necesitamos, lo que necesitamos primero es humanidad y respeto por la vida de todos: plantas, animales y del mismo ser humano, porque en nuestra inteligencia, que es lo que nos diferencia de una planta o un animal, es donde se encuentran las claves y soluciones. Sí, seamos diferentes, pero seamos mejores.

Mañana, en una semana o en un mes puede terminar esta contingencia de salud, pero depende de lo que hagamos hoy, durante esta cuarentena, que el día que salgamos a la calle sigamos teniendo trabajo, alimentos, un proyecto de vida que continuar, o bien, salir y tener deudas, otras enfermedades, pocas oportunidades y opciones.

Pasemos del debate o diálogo a la acción. Consume local, sano y responsablemente. Detona proyectos y busca apoyos. Comprométete y continúa con tu plan de trabajo anual, no canceles actividades, programas o proyectos, mejor plantea nuevas fechas y no dejes a tu cadena de valor a la deriva. Sé voluntario digital, promueve causas, dona en especie, infórmate y suma a más personas. Adopta espacios, comunidades, causas…. Apoya a tu gente. Seamos humanos y humanitarios. Todo va a mejorar si trabajamos juntos.

Pero te necesitamos. ¡Inspírate, transforma tu entorno y crea un legado!

*Paulina Martínez , Earthgonomic México, A.C.

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