Cuando transcurrieron los primeros cien días de su gobierno, Felipe Calderón buscaba legitimidad luego de una elección muy complicada; enfrentaba una economía con menor crecimiento pero, sobre todo, con menos recursos petroleros. Su principal  desafío, sin embargo, era cumplir sus promesas de campaña. 

Felipe Calderón se enfrentaba en noviembre de 2006 a una encrucijada: pagar en efectivo los favores políticos recibidos; cumplir las promesas, apuntalar el crecimiento de la economía y allanar, aunque no debió ser una de sus prioridades, el camino para que el PAN  avanzara entre las fuerzas políticas del país.  Los márgenes de maniobra con los que contaba en 2006 el entonces presidente eran limitados; los compromisos lo acotaron y las posibilidades en materia económica para legitimarse eran remotas porque a diferencia de Fox no tenía las arcas públicas llenas de dinero del petróleo.

Calderón en sus 100 días prometió acciones concretas y resolver lo más urgente y lo más cercano a la ciudadanía. Calderón realizaba un esfuerzo político y de gestión pública para insistir sobre el combate a la pobreza, una de sus prioridades después de la batalla por la presidencia frente a Andrés Manuel López Obrador.  

La clave, decían los analistas consultados, era no subordinarse a los compromisos.

 Pobreza

Con más de la mitad de la población en condiciones de  pobreza, segmento de la población que no votó por el PAN,  Felipe Calderón tenía que ganarse a esta población que aún buscaba un cambio en el modelo económico. No lo logró. Entonces, quedó demostrado que se requerían de  golpes de timón para lograr cambios. Hace 14 años, los especialistas decían que no se trataba de ampliar las políticas asistencialistas; de dar más subsidios, que lo único que estaban generado eran mayor pobreza, marginación y migración  hacia Estados Unidos. Sin embargo, sí se habían convertido en bonos para un rentable manejo político. De hecho, esta fue una de las primeras críticas a la administración de Calderón: un gabinete social que se pintó de azul en su conformación y que envió un claro mensaje: las políticas sociales y los presupuestos para el combate a la pobreza catapultarían al PAN hacia nuevas elecciones. Ese era su plan.

Las remesas, mientras tanto, se triplicaron porque más mexicanos se iban del país, de hecho las remesas ya se habían triplicado hace 15 años.

En el primer año de su gobierno, Calderón buscaba sentar las bases para aprovechar la infraestructura asistencialista, para atender los problemas vinculados con la pobreza,  una veta política. Sin embargo, el camino que le marcaban los analistas era el impulso al crecimiento económico y la inversión.  “Lo importante era captar inversiones para que después ese ingreso se pudieran distribuir de menor manera”, decían analistas consultados en 2006.

En ese entonces, la redistribución del ingreso a través de esquemas como la entrega de subsidios  en energéticos fue una de las propuestas que impulsó Calderón. No se trataba de nada nuevo. De hecho, aseguraban los expertos,  ya existía. En todo caso, lo relevante hubiera sido la forma en que se tendrían que haber canalizados estos apoyos.

Calderón planteó el tema de la pobreza como prioritario, sin embargo, el hecho de que el Estado se haya alejado del sector productivo fue un mal augurio. La atención a la pobreza debería haber estado sujeta de manera estructural a la generación de empleo, es decir que en el largo plazo el empleo tenía que ser la fórmula bajo la cual  se combatiera el flagelo de la pobreza en México.

  

Fiscal

 

En el 2007 Felipe Calderon enfrentó un menor crecimiento económico (3.35%) y un nivel de ingresos similar al de 2006, por ello tenía que haber trabajado en dos frentes: ejercer de manera  más eficiente los recursos para destinarlos donde hubieran tenido un mayor impacto y en lograr acuerdos que permitieran que, para el 2008, se aprobara una Reforma Fiscal para obtener más recursos tributarios. No fue posible.

Uno de los desafíos de la administración Calderón era mantener finanzas públicas sanas, aumentar su base de contribuyentes y ser más exigente en la administración pública.Además tenía que evitar la dependencia  de los ingresos petroleros. No sucedió.

El entonces panista enfrentó un escaso margen presupuestal, menores ingresos petroleros y volatilidad en la administración pública.

El reto de Calderón era alcanzar un ejercicio muy eficiente del gasto público. Era necesario, desde entonces, medidas significativas como la reducción de los sueldos de los altos mandos.

Con un escaso margen de maniobra en el terreno político y legislativo, los fiscalistas descartaban acciones espectaculares en el gobierno de Felipe Calderón. Para incrementar el nivel de recaudación, decían los expertos, Calderón tenía una posibilidad, aunque limitada: los impuestos indirectos, los impuestos a los refrescos, los gravámenes a la telefonía.   Otro punto que Calderón debe recordar, como parte de la coordinación con las entidades federativas, fueron sus promesas de campaña: la eliminación de la tenencia sobre uso de vehículos. Estos ingresos forzosamente los tendría que haber sustituido con otros impuestos.

Calderón recibió un país estable pero con una  excesiva dependencia de los ingresos petroleros en las  finanzas publicas y el problema de pensiones del apartado B del artículo 123,  que ya se calificaban como graves. También los estados de la República mantenían una alta dependencia de  las participaciones federales. Otro de los rubros que uso su gobierno para allegarse de recursos fueron los proyectos de infraestructura y el turismo. Calderón  impulsó la participación de agentes privados, lo que generó la salida del gobierno de sectores estratégicos y esquemas como las APPs, considerada como la última apuesta del ex presidente panista. 

Economía

Entre los golpes mediáticos que buscó asestar el gobierno de Calderón se encontraba el cumplimiento de las promesas de campaña.  Entre las primeras acciones que anuncio el panista estaba el Programa Nacional de Primer Empleo, en el cual se promovieron las adecuaciones al marco jurídico para que, a partir del 1° de enero de 2007, el gobierno federal pagara la cuota patronal del IMSS durante el primer año del primer empleo de cada trabajador. Según el CEESP, las 100 acciones para los primeros 100 días de gobierno no requerían de un solo peso. Incluso, algunas empresas, en esa época, podían contratar cada a año a gente nueva para favorecerse de ese subsidio y desemplear a quienes si les cuesten. En el presupuesto del 2006 más del 80% del gasto se destinó  a Desarrollo Económico y  Desarrollo Social, así estaba clasificado;  fueron más de 90 mil millones de pesos, destinados a los dos rubros, pero el problema era que la mayoría de los recursos se gastó en cuestiones de burocracia, como servicios profesionales y  no a la gente pobre.

Ese era ser el primer desafío de Calderón: hacer más eficiente el gasto. Tan sólo en el 2006 el país obtuvo 100 mil millones de pesos por los excedentes de petróleo, de eso se ejercieron 82 mil  millones, de los cuales sólo 6 mil millones fueron para gasto a capital, es decir, para desarrollo de infraestructura y el resto fue para gasto corriente.

Uno de los errores del gobierno de Vicente Fox, y que tenía que evitar Felipe Calderón era cumplir con en el punto 23 del apartado II denominado: Economía Competitiva y Generadora de Empleos, Calderón hablaba sobre la importancia de revisar “a detalle el funcionamiento de la estructura administrativa y programática del gobierno federal a fin de eliminar redundancias y duplicidades.” No lo hizo.

Sector energético

Los intereses de líderes sindicales, la dependencia del presupuesto de los ingresos petroleros e intereses internacionales son factores de poder que prácticamente eliminaron la actuación del nuevo gobierno en 2006. La dependencia del fisco de los ingresos petroleros prácticamente no había nada qué hacer. De entre los países integrantes de la OCDE, México era último en recaudación fiscal como porcentaje del PIB, con 18%, y si se excluía, entonces, la aportación de Pemex, apenas se recaudaba el equivalente a 12% o 13% del producto. Los dos caminos para resolver eran el aumento de impuestos o mejorar la recaudación. Impensable en ese momento. Calderón tampoco se atrevía a aumentar impuestos. En este sector, vale la pena revisar el gabinete que formó Calderón. A través de algunos miembros del llamado gabinete económico de Calderón estaban presentes poderes internacionales como la OCDE (Georgina Kessel, secretaria de Energía, muy cercana a José Ángel Gurría, secretario general de ese organismo), FMI (con cuyos intereses se identifica Agustín Carstens, quien fue su secretario de Hacienda) y grupos políticos y empresariales estadounidenses (a los que Luis Téllez, titular de SCT, era afín). Era de esperarse que, en el caso de Pemex, estos intereses abanderaran las demandas de autonomía de gestión y mejor gobierno corporativo

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