Las crisis en la industria de la aviación son recurrentes. La operación de una aerolínea es uno de los negocios más complejos porque exige grandes inversiones para equipo de vuelo; genera bajos márgenes (ni siquiera el 5% anual) y negociaciones estratégicas con sindicatos de sobrecargos, pilotos y trabajadores de tierra. Además, se suman las negociaciones con gobiernos nacionales y extranjeros para el pago de combustible, derechos aeroportuarios y migratorios. En fin, se trata de uno de los negocios más complejos. A cambio, se obtiene una impresionante generación de efectivo que permite apalancar otros negocios y hasta para aspirar a la compra de medios de comunicación. Aún más, en el ámbito político, una aerolínea genera relaciones de primer nivel para sus accionistas porque gobernantes y hombres de negocios son seducidos por la influencia que tiene una aerolínea en el desarrollo regional e integral de un país.

Entrevisté varias veces a Gerardo De Prevoisin, el ex presidente de Aeroméxico, quien cayó en desgracia (incluso en prisión) por incursionar en este sector luego de acumular una gran fortuna en el sector asegurador. De Prevoisin se arrepentía de hacer incursionado en la aviación, pero sobre todo de haber aceptado, luego de su éxito con Aeroméxico, rescatar Mexicana de Aviación porque el ex Presidente Carlos Salinas de Gortari  le pidió que ayudar a la aerolínea que Carlos Abedrop, su padrino, había sumido en una profunda crisis porque negocio con Airbus arrendamiento que no pagó.

Interjet de la familia Alemán surgió hace más de una década con la promesa de operar como una aerolínea de bajo costo. Así que la innovación de Miguel Alemán Magnani, la segunda generación de este estirpe empresarial, se hizo presente: Negoció con un sindicato blanco muchos contratos de sus trabajadores, especialmente de sus pilotos; compró aviones (no los arrendó como marcan las buenas estrategias en este sector) a armadoras rusas; su planeación financiera no tomó en cuenta de manera adecuada la retención de impuestos como el IVA; tampoco las coberturas que se deben contratar para la turbosina que aumentó significativamente en el último año. Una combinación complicada para las finanzas de una aerolínea que buscaba competir con Aeroméxico. José Luis Garza dejó la dirección de Interjet cuando ya enfrentaba graves problemas y descartaba la posibilidad de llegara al mercado de valores.

A limpiar la casa

Ahora, la familia Alemán necesitaría al menos 1,000 millones de pesos – que prácticamente tendrían que irse a fondo perdido – para poner la casa en orden porque resulta que los incumplimientos en los que incurrió luego de firmar el contrato de adquisición del 50% de las acciones de Radiópolis no sólo colocaron al filo de la navaja a Interjet, la  joya de la corona de su grupo empresarial, sino que comprometieron las cuentas personales del propio Alemán Magnani y del Grupo Coral en donde se integran 24 empresas de diferentes sectores como el de la energía, inmobiliario y construcción.

Con esos 1,000 millones de pesos, Alemán Magnani podría liberar sus cuentas personales, la caja de sus compañías al pagar la pena convencional por casi 700 millones de pesos que pactó en un contrato para cumplir con la adquisición de Radiópolis que retrasó en varias ocasiones luego de que se pidieron prórrogas para cubrir el pago pactado; también pagaría abogados y costas del juicio. Con la casa en orden y sus cuentas libres, el heredero de la familia Alemán podría negociar la adquisición de Radiópolis hasta en un 50% en asociación con el grupo Prisa de España. Para Alemán Magnani, la transacción no sólo representaba el regreso de su familia al negocio de la radio sino que generaría una de las mejores integraciones verticales porque la venta de boletos de avión está íntimamente relacionada con la publicidad en medios masivos de comunicaciones; estrategias de marketing y patrocinios. Por cierto, al Club América, Interjet le adeudan todavía 11 millones de pesos por el patrocinio firmado hace varios meses. Con grupos como ACIR también acumuló deudas por publicidad.

Después de que acordó con el SAT la entrega de un terreno para cumplir con el pago de impuestos por hasta 600 millones de pesos, Interjet podría regresar a la banca a solicitar los créditos necesarios para apalancar su operación porque, hasta ahora, lo que sabemos (aún en medio del secreto bancario) es que los bancos comerciales pidieron a Alemán Magnani que su padre Miguel Alemán Velasco y varias de sus propiedades apareciera como obligado solidario en cualquier transacción. A veces en los negocios, cuando la crisis en la generación de efectivo se hace presente, los accionistas y hasta la familia tiene que recapitalizar el negocio, sobre todo después de que las pérdidas en Interjet sumarían unos 6,000 millones de pesos. ¿Podría Bancomext financiar a Interjet? No es la primera vez que un banco de desarrollo lo hace. El reto, sin embargo, será que Alemán Magnani corrija esa extraña innovación gerencial y el riesgo estilo que ha colocado a Interjet en un momento muy complejo mientras los clientes y su mercado siguen confiando en ella porque, más allá de su más reciente crisis que afectó a más de 10,000 pasajeros, la aerolínea de Alemán Magnani representó una muy buena opción para competir en mercados oligopólicos. ¿Necesita mediar el Presidente en este tema? Me parece que no, que se trata de un asunto privado en donde los contratos son claros y en el cual, hasta ahora, la familia Alemán no ha pagado un peso al Grupo Televisa que tiene en Radiópolis sólo el 1% de sus ingresos sin que eso la exima de informar a sus accionistas y fondos de inversión que demandó en tiempo y forma el cumplimiento de un acuerdo que representaría beneficios para ellos.

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