Los deportes mueven millones de dólares, eso no es ninguna novedad. Y que cada país tiene los suyos predilectos, tampoco. El fútbol en España, Argentina o Brasil; el baseball en Estados Unidos, junto con el baloncesto; el hockey en Canadá, y un largo etcétera. Pero no estamos tan acostumbrados a que una nueva disciplina irrumpa en nuestras vidas en poco tiempo y se consolide a nivel internacional.

Hablamos del fenómeno de las MMA o Mixed Martial Arts, un deporte que enfrenta a luchadores con muy pocas reglas (apenas las más básicas) en un octágono y en el que en escasas ocasiones se llega al final del combate con uno de ellos en pie. Dentro de las MMA, el negocio millonario es el de la UFC, una federación cuyas siglas significan Ultimate Fighting Championship, algo así como el campeonato del mejor luchador, sea cual sea su estilo o disciplina de lucha.

La UFC nació en el año 1993, cuando las MMA ya llevaban algunos años funcionando (aunque entonces se las conocía como Vale Tudo), y uno de sus fundadores fue un miembro de la familia Gracie, una estirpe de peleadores brasileños de Jiu-jitsu. No obstante, no sería hasta finales de la primera década de los 2000 cuando se conseguiría crear una importante expectación y repercusión mundial alrededor de este deporte, gracias a la promoción de sus combates y sus luchadores estrella.

A fin de cuentas, el concepto principal es el espectáculo. Y en ello ha tenido mucho que ver Dana White, actual presidente de la empresa, que, desde que llegó al cargo allá por el año 2001, se ha preocupado de potenciar la marca y convertirla en un icono mundial gracias a la evolución de la cultura corporativa de la organización y la potenciación de su marketing.

Sus promociones, los contendientes que caldean el ambiente antes de cada combate, el uso de las redes sociales y la absorción de algunas federaciones menores (como WEC o Strikeforce) que le creaban competencia han sido algunas de las acciones que han hecho que hoy sus combates lleguen a más de mil millones de hogares en el mundo. No es de extrañar, con tal evolución, que en 2016 fuese comprada por parte de la agencia WME-IMG por la astronómica cifra de 4 mil millones de dólares.

Saber tejer grandes alianzas también ha sido una de las claves de este fenómeno de éxito. No se trata solo de los convenios a los que ha llegado con algunas de las principales televisiones, como es el caso de FOX Sport América Latina, entre otras; también están los acuerdos con empresas punteras, como PokerStars o Reebok, que le han otorgado prestigio como marca y le reportan una visibilización, si cabe, todavía más internacional. Se trata, al fin y al cabo, de una simbiosis, una suerte de sinergia que reporta beneficios a ambas partes por igual.

Combates con cifras que asombran

Los combates mueven unos números de vértigo: se calcula que el que enfrentó a McGregor y Khabib supuso unos ingresos estimados de casi 200 millones de dólares, con unos 20 mil espectadores viendo el evento en directo. De hecho, el ruso, que fue el ganador de la contienda, ha afirmado que le están ofreciendo 15 millones por una revancha contra el irlandés (que, por otra parte, ocupa el número 65 en el ranking de los deportistas mejor pagados del mundo de la revista Forbes).

Y como empresa que sabe que el espectáculo es su materia prima, no deja de hacer mejoras que puedan enganchar todavía más a los espectadores. Hace dos años introdujeron sensores en los peleadores y en diferentes zonas del octágono. ¿La razón? Crear estadísticas en tiempo real de cada uno de los combates (número de impactos, localización, fuerza, etc.) para mejorar la experiencia del televidente.

Así pues, reafirmarnos que las MMA, y concretamente la UFC, han venido para quedarse. El valor de la compañía no deja de aumentar, y sus promociones suman nuevos seguidores y fidelizan a los ya existentes. Toda una cultura del espectáculo convertida en un modelo de empresa muy rentable.

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