Gabriel Rojo estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Se graduó en la década de los noventa y logró escribir en algunas revistas literarias.

Es un apasionado de la literatura pero también le gusta leer crónicas periodísticas y ensayos académicos. Es un lector dedicado y cuidadoso.

En su local, en donde repara zapatos, bolsas, chamarras y hasta maletas, Gabriel Rojo apila con mucho cuidado los libros que sus clientes pueden revisar y hasta llevar consigo a casa.

“Sólo tienes que leerlo”, dice Rojo quien recuerda que el dramaturgo y poeta Alejandro Aura, dueño del emblemático restaurante El Hijo del Cuervo en el centro de la plaza de Coyoacán, solía colocar sus libros para que quien quisiera leer.

Rojo lee mucho. Trabaja y lo hace lo mejor que puede. Tiene muchos clientes y de tarde en tarde también toca la guitarra.

 

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