Recientemente han circulado invitaciones vía telefónica o en redes sociales para participar en un modelo financiero ilegal conocido como “pirámide”. Reconocer la diferencia entre este modelo y el de redes de mercadeo o multinivel es el  tema que nos ocupa en este espacio.

En nuestro país los conceptos multinivel y mercadeo en red están trágicamente ligados a este esquema “pirámide” considerado ilegal,  desafortunadamente en definitiva tienen algunos puntos en común, por ejemplo la invitación a participar llega casi siempre de parte de un familiar o amigo cercano y el modelo se expone generalmente en reuniones en casa o en cafés con una o más personas.

Una pirámide funciona básicamente reuniendo un grupo de personas que deben realizar una aportación económica e invitar a otras personas a hacer lo mismo, su avance en el grupo depende de que haya nuevos integrantes. La promesa, muy atractiva para cualquiera,  recibir una cantidad de dinero considerablemente mayor que se obtiene de las aportaciones de los nuevos socios.

Lo anterior es la diferencia básica y fundamental entre una pirámide y una red de mercadeo: no hay de por medio ningún producto o servicio; únicamente se maneja dinero, tampoco existe un contrato de servicios financieros ni el modelo está respaldado por empresa alguna.

Los grupos que se están promoviendo en México se presentan como grupos de apoyo, algunos de sus nombres son: flores de prosperidad, telar de mujeres ayudando mujeres, y ya existen reportes de personas que son verdaderamente acosadas para realizar la aportación prometida o para integrar a nuevas personas.

En grupos como los mencionados es inevitable que alguien  se quede esperando la multiplicación de sus recursos, en algún momento, cuando se han ganado un importante número de adeptos los organizadores iniciales que nunca se sabe quienes son, reunirán el dinero y desaparecerán sin dejar rastro. Las autoridades poco o nada pueden hacer ya que las personas entregan su dinero voluntariamente.

Quebrantar la confianza, el mayor problema

Hace algunas semanas, mi dentista que es una estupenda persona, me llamó por teléfono muy entusiasmada para invitarme a participar en la pirámide de las flores, pues en su mente, hace tiempo que participo en algo igual.  Todos deseamos compartir cosas buenas que nos suceden con las personas cercanas, un beneficio rápido y simple como el que ofrecen las pirámides, luce muy tentador.

Tras agradecerle a mi dentista el pensar en mí, le expliqué que las redes de mercadeo no son de ninguna manera pirámides y le sugerí que no participará en ese esquema en el que no sólo podría perder su dinero sino enfrentar algún cargo penal.

Quebrantar la confianza en las personas y romper relaciones familiares o de amistad es el gran efecto secundario de las pirámides, ignorantes de la realidad las personas con muy buena intención invitan a sus seres más queridos a integrarse al “plan”, con la confianza de por medio y algo de avaricia quizá, son muchos los que se dejan seducir.

Uno de los principales obstáculos a los que nos enfrentamos los desarrolladores profesionales de redes de mercadeo es el estigma generado por las pirámides que tarde o temprano defraudan a muchas personas quienes sin duda se encargan de difundir su amarga experiencia.

Respecto a las redes de mercadeo, casi en todos los casos, una persona que se da la oportunidad de explorar el negocio podrá ver sin problema que la oportunidad que ofrece la industria nada tiene que ver con pirámides.

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