La miseria en los campos persiste como uno de los grandes desafíos que debe vencer la humanidad a fin de alcanzar los Objetivos del Desarrollo Sostenible en 2030.
Según expertos de Naciones Unidas, con un número estimado de 815 millones de personas en todo el mundo que aún padecen hambre crónica (de ellos 750 millones en el medio rural) y millones más que viven en la pobreza, todavía queda mucho por hacer.
A juicio de estos especialistas, las metas de poner fin a la pobreza y lograr el objetivo del hambre cero para 2030 solo se podrán alcanzar si se fomenta un crecimiento económico más inclusivo, particularmente en los campos.

El desarrollo rural ha sido, y continuará siendo, fundamental para erradicar el hambre y la pobreza.

Al respecto, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), estima que el desarrollo rural ha sido, y continuará siendo, fundamental para erradicar el hambre y la pobreza.   El organismo internacional considera que si bien es necesario para reducir la pobreza emprender transformaciones en ese medio, estas deben reorientarse y tener como centro el individuo, su educación, salud, cultura y bienestar, de modo que retengan la población en la zona.Por ejemplo, argumentan, en el pasado las transformaciones que llevaban de una economía basada en la agricultura a una que descansa en la industria y los servicios dieron lugar a una migración a gran escala del medio rural al urbano.

Las metas de poner fin a la pobreza y lograr el objetivo del hambre cero para 2030 solo se podrán alcanzar si se fomenta un crecimiento económico más inclusivo, particularmente en los campos.

Además, la industrialización, principal factor impulsor de las anteriores transformaciones, no se está produciendo en la mayoría de países del África subsahariana, y se retrasa en el Asia meridional, por ejemplo.
La rápida urbanización del África subsahariana no ha ido acompañada de un crecimiento comparable en los sectores manufacturero y de los servicios modernos.
Así, quienes abandonan la agricultura de baja productividad pasan principalmente a dedicarse a actividades informales en servicios de escaso rendimiento, en general, en zonas urbanas.

El futuro, elemento en la educación

En los próximos decenios, el África subsahariana en particular se enfrentará a grandes aumentos de su población joven y al desafío de encontrarle empleo.
Se prevé que desde estos momentos hasta 2030 la población de ese continente y de Asia en su conjunto, crezca de 5 mil 600 millones de individuos  a más de 6 mil 600.
Según cálculos, además, en ese período el número de personas en edades comprendidas entre los 15 y los 24 años aumentará aproximadamente  en 100 millones, hasta llegar a unos mil 300 millones en todo el mundo.
Casi todo este incremento tendrá lugar en el África subsahariana y, en particular, en las zonas rurales.
Con un crecimiento sin precedentes de sus poblaciones jóvenes, muchos países de ingresos bajos se enfrentarán al desafío de proporcionar empleo decente a los millones de seres que se incorporan a sus mercados laborales.
En este sentido, la FAO alerta que los 500 millones de pequeños agricultores del mundo corren el riesgo de quedarse atrás en las transformaciones estructurales y rurales.
Advierte igualmente que agronegocios que dominan los mercados mundiales de insumos ofrecen pocos incentivos a la creación de tecnologías para los pequeños agricultores de escasos recursos de los países en desarrollo.

Según el Banco Mundial, en el planeta hay unos dos mil millones de pobres y no menos de 700 millones todavía clasifican en la extrema pobreza. De esta cifra casi el 75 por ciento vive en zonas rurales y depende de la agricultura para su subsistencia y seguridad alimentaria.

Sin embrago, los agricultores en pequeña escala y los de la agricultura familiar producen el 80 por ciento del suministro de alimentos en el África subsahariana y en Asia, y se necesitan urgentemente inversiones para mejorar su productividad.
Expertos coinciden en que en numerosos países de ingresos bajos y medios, la pobreza y sus consecuencias (el hambre  y la desnutrición) se ven acrecentados por el rápido crecimiento demográfico, el cambio climático y otros problemas globales que agravan la situación y obstaculizan el desarrollo rural.
Reconocen igualmente que la desidia oficial y la falta de políticas públicas adecuadas son los principales responsables de la miseria y desprotección de los pobladores de las zonas rurales.
Según el Banco Mundial, en el planeta hay unos dos mil millones de pobres y no menos de 700 millones todavía clasifican en la extrema pobreza. De esta cifra casi el 75 por ciento vive en zonas rurales y depende de la agricultura para su subsistencia y seguridad alimentaria.

La desidia de los gobiernos y la falta de políticas públicas adecuadas son los principales responsables de la miseria y desprotección de los pobladores de las zonas rurales.

Sin embargo, a menudo se ve condicionada por el acceso limitado a los recursos, servicios, tecnologías, mercados y oportunidades económicas, lo cual disminuye la productividad agrícola  y los ingresos en las zonas rurales.
Recientemente el director general de la FAO, José Graziano da Silva, aseveró que mediante el apoyo a la agricultura familiar es posible transformar un sector que se ha visto relacionado negativamente con el problema del hambre y hacer que pase a formar parte de la solución.
Para reducir la pobreza rural, un enfoque integral de ese organismo pide en primer lugar abordar las limitaciones estructurales a las que se enfrentan los hogares agrícolas pobres, aumentando su acceso a los recursos naturales y otros bienes.
También incluye coadyuvar a mejorar su capacidad para gestionar los riesgos y aumentar su productividad, vincular la agricultura en pequeña escala a los mercados y sistemas alimentarios, e impulsar la pesca y acuicultura artesanal como fuentes de proteínas sanas y de empleos e ingreso.
Asimismo, crear empleo no agrícola decente para la población pobre en la agricultura y la economía rural no agrícola; establecer sistemas de protección social y ampliarlos, fomentar infraestructuras de energía, transporte, agua y saneamiento.
En un reciente foro de la FAO sobre América Latina y el Caribe, efectuado en Montego Bay, Jamaica, al que asistieron más de 600 funcionarios y expertos de ese y otros organismos, se subrayó que la inversión en agricultura en pequeña escala impacta más en la reducción de la pobreza que en otros sectores.

*Roberto Salomón, periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.