Pocos conocen, y quedarían impresionados al saber que uno de los primeros  bancos de tejido óseo en el mundo que trabajó con irradiación nuclear se halla en Cuba.
Según Ramón Rodríguez Cardona, especialista de Ciencia e Innovación Tecnológica de la Agencia de Energía Nuclear y Tecnologías de Avanzada (AENTA), esto fue en la segunda mitad de la década de los 50 del pasado siglo, en el entonces hospital Reina Mercedes.

 

Ello no solo indica la temprana incursión del país en una técnica que garantiza la seguridad de procedimientos quirúrgicos(incisión, manipulación y/o la sutura de un tejido), sino también la elevada preparación profesional que desde entonces, y hasta nuestros días, han demostrado los científicos cubanos.
Aunque el irradiador no sobrevivió al paso del tiempo, sí lo hizo el banco-con la consecuente modernización-, actualmente ubicado en el Hospital Ortopédico Frank País.
Al igual que este equipo, otros han sido explotados durante años en diferentes instituciones científicas del país, de ahí que la AENTA ha llevado a cabo, por más de una década,  una estrategia  con el fin de garantizar los recursos humanos y materiales necesarios para que la aplicación de la irradiación nuclear continúe contribuyendo a que la sociedad cubana se beneficie de estas tecnologías.
En ese sentido, Rodríguez Cardona informa que la estrategia de la AENTA para el desarrollo de las capacidades de irradiación incluye la ejecución de proyectos nacionales e internacionales, innovaciones y servicios, que tributarán a ofrecer prestaciones especializadas, para la salud y la seguridad alimentaria.
De acuerdo con el especialista, la aplicación de las bondades de las técnicas nucleares en general en el país no resulta algo novedoso, pues desde los años 50 ya se habían dado pasos en ese rumbo.
Luego del triunfo de la Revolución llega la etapa de mayor auge con la creación de numerosos centros de investigaciones y de capacidades industriales, y la ejecución de proyectos de investigación – desarrollo nacionales  e internacionales relacionados con las aplicaciones nucleares, destacándose los realizados con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIE).

La aplicación de las bondades de las técnicas nucleares en general no resulta algo novedoso, pues desde los años 50 ya se habían dado pasos en ese rumbo.

Sin embargo, el denominado Período Especial implicó un estancamiento en el camino recorrido, senda que hoy se retoma.
Proceso de recuperación.
Un irradiador que estaba en el Centro Nacional de Seguridad Agropecuaria (CENSA) y había sido sacado de servicio fue sustituido por uno húngaro; y en el Centro de Aplicaciones Tecnológicas y Desarrollo Nuclear (CEADEN) hemos modernizado un irradiador ruso, e instalado otro húngaro, todos de tecnología moderna.
“Tenemos capacidad de investigación y desarrollo, y estamos trabajando para cerrar el ciclo con la capacidad industrial, que debemos poner en marcha para finales del año”, expresó refiriéndose a una planta de irradiación multipropósito, que una vez comience a funcionar, contribuirá a la sustitución de importaciones y a consolidar algunos productos para la exportación.
La instalación, que ya existe y pertenece al Instituto de Investigaciones de la Industria Alimentaria  (IIIA), se halla en proceso de modificación tecnológica con el fin de ofertar servicios de irradiación a nivel industrial, pues hasta ahora solo se hace a pequeña escala.
Según el investigador, la planta será multipropósito útil tanto para alimentos, como productos de uso médico, embalaje, etc.
Sin embargo, no es necesario esperar el futuro para corroborar el éxito de la estrategia, pues en la actualidad, ya son visibles algunos frutos, entre ellos la obtención de membranas para tratar a personas quemadas; los servicios para la descontaminación de productos de uso médico y la esterilización para bancos de tejido; la irradiación de suplementos dietéticos y de sangre, esta última con el objetivo de emplearla en determinados tipos de trasplante.
Además, están trabajando en la aplicación de estas tecnologías en la lucha contra las plagas, y una muy novedosa a nivel internacional enfocada en combatir al mosquito Aedes Aegypti.
A ello se suma, en una rama distinta, la obtención con la irradiación de doce variedades cubanas, registradas y reconocidas internacionalmente, así como la variedad  de flor de Jamaica, éxito alcanzado de la mano del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA).
“Otro resultado son las nuevas capacidades metrológicas que hemos adquirido y también aquellas para poder determinar elementos irradiados, un requerimiento del mercado en muchos países”, añade Rodríguez.

La aplicación de las bondades de las técnicas nucleares en general no resulta algo novedoso, pues desde los años 50 ya se habían dado pasos en ese rumbo.

Igualmente, apunta que pese a ser Cuba un país pobre y bloqueado, cuenta con la capacidad de estar a la altura de otras naciones del área en el desarrollo de las tecnologías de irradiación, esfuerzo en el que, señala, ha sido vital la alianza entre instituciones y la cooperación internacional proveniente, entre otros, de Venezuela, Vietnam, y en particular, del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Sostenibilidad ambiental de la mano de la energía nuclear

Pero los conocimientos de la energía atómica no solo competen al área industrial, sino que están también relacionados con un mejor aprovechamiento de los recursos naturales y, en consecuencia, con el tan necesario cuidado del medio ambiente.       Así lo confirma José Luis Peralta Vital, jefe de Servicios de Evaluación Ambiental del Centro de Protección e Higiene de las Radiaciones (CPHR), quien defiende la utilización de esa herramienta novedosa pues solo se vale de los isótopos naturales presentes en el propio medio físico analizado, como el Cesio 137, el Berilio 7 y Plomo 210 en el caso de la tierra, y para el agua Oxígeno 18, Deuterio y Tritio.
“Todos estos radioisótopos o isótopos estables nos permiten valorar de forma muy exacta y en menos tiempo, posibilidad que no brindan las técnicas tradicionales”, asegura.
En opinión del experto, en lo referente al suelo, a diferencia de la vía convencional que solo valora redistribución (cuánto se pierde o se gana) en determinado período de tiempo, con la técnica nuclear se puede determinar las condiciones del suelo cinco años atrás y predecir la pérdida dentro de un lustro o más, así como lo que sucederá si siguen las mismas prácticas.    En adición, los resultados pueden darse de manera puntual, de acuerdo a cada cultivo, y así aconsejar del mejor modo posible al productor.
“La tierra es el sustento del alimento, cuando la pierdes, pierdes productividad; y esta técnica permite hacer diagnóstico y tomar medidas de conservación”, resume Peralta, ya la par, sostiene que el planeta tiene casi el 49 por ciento de su superficie degradada por erosión.
En Cuba, ya el 50 por ciento de los 6 millones de hectáreas de suelo con que cuenta el país presentan esa lamentable condición.
“Ahora mismo atendemos 11 países de Sudamérica en estos temas, y tenemos un proyecto internacional donde queremos unir tres técnicas para evaluar el efecto de la sedimentación en embalses de agua, por ejemplo en el Anabanilla, el único que produce electricidad en Cuba”.
De acuerdo con el jefe de Servicios de Evaluación Ambiental del CPHR, el país necesita tener presas dada su condición de isla estrecha, con ríos poco caudalosos.
En la mayor de las Antillas, detalla Peralta, hay más de 247 embalses, y el 61 por ciento están presentando grandes problemas debido al impacto de la sedimentación, o sea, la tierra se mueve y cae en el cuerpo de agua, lo que hace que pierda volumen y no se infiltre el líquido necesario para alimentar el manto freático.
“Estudiando la cadena del carbono se puede decir con precisión, un 99 por ciento, de dónde proviene el suelo, aunque se haya movido muchos kilómetros.
Este proyecto tributaría a mejorar los planes de vigilancia y monitoreo que existen del fenómeno”, señala el especialista, quien insiste, asimismo, en la urgencia de involucrar a los directivos empresariales y de gobierno en los territorios para llevar a la práctica tales estrategias.
“Hemos logrado que se introduzca la técnica nuclear en diversos países, y en casa vemos avance, pero todavía falta. Pienso que no hemos sabido llegar a los decisores, pero ya se están suscitando espacios, y estamos seguros de que se introducirá dentro de los programas, y veremos los resultados con brevedad”.
Con esa visión, los investigadores del CPHR se han reunido con directivos de la Agricultura y de Recursos Hidráulicos, y así alcanzar aquello en lo que ya constituyen referencia en la región: aprovecharlas técnicas nucleares en los programas de sostenibilidad de recursos hídricos, de alimentos, y de conservación y mejora de suelos.

Con los desechos radioactivos ¡cuidado!
Otra arista de la energía nuclear en la que la Isla cuenta con un significativo potencial es la gestión de desechos radioactivos. Mercedes Salgado Mojena, responsable de ese servicio en el CPHR, explica que los desechos radioactivos que se genera en la aplicación de las radiaciones ionizantes en la medicina, la industria, la investigación, y que no pueden ser gestionados por sus generadores, se recogen y se llevan a una instalación, en la planta de Managua, en La Habana.
Allí se almacenan y procesan, dependiendo de sus características.
Según la especialista, este grupo de excedentes puede ser muy variado, desde una jeringuilla, un algodón o el propio vial donde viene alguna solución empleada en el tratamiento de un paciente con cáncer, hasta fuentes radioactivas que se usan en la industria. Cada uno lleva un tratamiento diferente, de acuerdo a su radioactividad.
“Hay una característica de los isótopos radioactivos que se llama período de vida media, eso es el tiempo necesario para que su actividad inicial disminuya a la mitad. En casi todas las aplicaciones médicas se trata de usar radioisótopos con período de vida media muy corto, para que decaiga rápido, y los desechos causados puedan ser tratados como basura común”, afirma Salgado, y llama la atención en que siempre se debe tener en cuenta, además, si existen otros tipos de riesgos, como el biológico.
Generalmente, se realiza un recorrido por todo el país, una vez al año, al que llaman recogida nacional. En los últimos tiempos, destaca la garante de la actividad, han retirado gran número de pararrayos radioactivos, los cuales en una época fueron tomados por efectivos, y luego de probarse lo inexacto de esa tesis, el país decidió prescindir de estos.
Para todas las operaciones (transporte, tratamiento, acondicionamiento), el Servicio de Gestión de Desechos Radioactivos solicita autorización de la autoridad reguladora: el Centro Nacional de Seguridad Nuclear (CNSN), advierte Salgado.
“Tenemos que presentarle un expediente de seguridad, que incluye los procedimientos de todas las operaciones, la planificación, estimar las dosis de radiación que recibimos por hacer ese trabajo, presentar las medidas de seguridad, y un análisis que incluye qué puede ocurrir. Todo es evaluado por la entidad regulador para otorgar licencia”.
De igual modo, la especialista subraya el apoyo que recibe el centro cubano del OIEA, tanto en cuanto a equipamiento como capacitación, y “en cierta medida nosotros también colaboramos, hemos participado en misiones de expertos para brindar asesoría a otros países, o en reuniones del organismo internacional, donde exponemos el trabajo hecho por Cuba, en nuestra área”.
Tan loable resulta la labor de este equipo, que la experiencia de la mayor de las Antillas se ha incluido en algunos documentos del OIEA a manera de ejemplo de buenas prácticas, asegura Mercedes Salgado, quien, al igual que el resto de sus colegas, es consciente de que la tecnología nuclear es una importante herramienta para la sociedad siempre que se maneje del modo adecuado.

*Susana Alfonso Tamayo, redactora del semanario Orbe

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