Con sólo dos citas el Banco de México condensa el panorama económico nacional e internacional sobre el cual toma sus decisiones de política monetaria la junta de gobierno, que hasta el momento preside Agustín Carstens Carstens.

En la primera podemos encontramos el perfil de un personaje:
“..este escenario sigue enfrentando riesgos a la baja, incluyendo una elevada incertidumbre sobre el rumbo de la política económica en Estados Unidos y el agudizamiento de tensiones geopolíticas en diversas regiones, así como el posible tránsito hacia un ambiente más proteccionista en el comercio internacional, agregando uno que esto último podría a su vez dificultar los flujos internacionales de bienes y servicios, capital y mano de obra”.

Más adelante nos lo encontramos el cuerpo entero:
“Entre los riesgos de naturaleza externa, la mayoría de los miembros destacó la incertidumbre que existe en torno a la futura relación económica entre México y Estados Unidos y las negociaciones del TLCAN, … Uno destacó que, aunque el inicio de las negociaciones del TLCAN ha sido mejor a lo anticipado, todavía es una etapa temprana del proceso”.

Esta vez, Trump le puso color a la junta de gobierno.

Es importante reconstruir el contexto. Es 10 de agosto, de entonces para esta fecha se acumulan sucesos variados que matizan la perspectiva: Donald Trump no ha despedido a su consejo asesor; las negociaciones en Washington para actualizar el tratado trilateral no han empezado, ni se ha escuchado el discurso de presidencial que leyó Robert Ligththizer; no ha ocurrido el debilitamiento del presidente estadounidense tras los sucesos de Virginia, ni ha sido expulsado de la Casa Blanca Steve Bannon. Tampoco se ha paseado por su frontera sur para levantar una ola de antimexicanismo exacerbado.

Pero no es todo, la minuta de la junta de gobierno es más rica que eso. Ni son todas las preocupaciones sobre las que centra su atención.

Por el lado interno, en esa fecha se tenía el dato de oportuno del producto interno bruto (PIB) al segundo trimestre del año y la inflación de julio, entre otros.

La decisión, que no por conocida es menos relevante, reza como sigue:
“… la Junta de Gobierno ha decidido por unanimidad mantener sin cambio el objetivo para la Tasa de Interés Interbancaria a un día en un nivel de 7.00 por ciento.
Hacia adelante, seguirá muy de cerca la evolución de todos los determinantes de la inflación y sus expectativas de mediano y largo plazo…”.

Temperatura en la Junta de Gobierno

Con la minuta en la mano, la atención se dirige por una necesidad casi morbosa a medir la temperatura del ambiente de discusión en el seno de la Junta de Gobierno, las coincidencias, las diferencias, los matices y la capacidad de los notables para incorporar la apreciación de los fenómenos económicos y financieros en la construcción de la decisión colectiva que algún día quizá no sea unánime.

“La mayoría consideró que el mercado laboral parecería ya no tener holgura, aunque esto no se ha visto reflejado en presiones salariales que pudieran afectar al proceso inflacionario”.

En relación con la inflación, para la mayoría “el ritmo de crecimiento ha comenzado a desacelerarse … aun cuando espera que en los próximos meses la inflación general anual siga ubicándose por encima de 6 por ciento, ésta parece estarse acercando a su techo”.

Actividad económica

La mayoría de los miembros señaló que la actividad económica en México se expandió en el segundo trimestre de 2017 a un ritmo ligeramente mayor al previsto.

Algunos apuntaron que el crecimiento fue moderadamente inferior al del trimestre anterior. En este sentido, uno añadió que, si bien el ritmo de crecimiento del PIB ha venido disminuyendo desde el cuarto trimestre de 2016, la desaceleración ha sido gradual y menor a la anticipada por los analistas.

Otro integrante explicó que el desempeño de la actividad económica parece estar reflejando los efectos de un entorno donde persiste la incertidumbre externa y la asociada a diversos factores internos.

En cuanto a los componentes de la demanda agregada, algunos miembros consideraron que la composición de sus contribuciones al crecimiento se ha modificado recientemente. Uno de ellos señaló que, en particular, lo anterior ha ocurrido como respuesta a cambios en precios relativos de la economía, sobre todo a la luz de los choques recientes que ha enfrentado el tipo de cambio real.

En este sentido, la mayoría coincidió en que la demanda externa mantuvo una tendencia positiva, lo que se reflejó en una mayor contribución de las exportaciones netas al crecimiento. Respecto a la demanda interna, concordó en que el consumo privado exhibió una desaceleración y destacó que prevaleció la debilidad de la inversión.

Uno aclaró que la confianza de consumidores y empresas se ha recuperado de manera importante tras la disminución registrada a principios del año, aunque se mantiene en niveles reducidos.

Otro precisó que tanto la inversión pública como la privada permanecen estancadas, argumentando que esto es preocupante para el crecimiento de la economía mexicana en el largo plazo.

En cuanto al desempeño de las actividades productivas, un integrante destacó que ha continuado la expansión del sector de servicios, aunque a un ritmo menor, y que se ha observado un estancamiento de la producción industrial, a pesar de la recuperación de la manufacturera.

Mercado laboral

En cuanto al mercado laboral, un miembro señaló que ha habido información favorable sobre la creación de empleo, mientras que otro agregó que se han observado nuevos descensos en la tasa de desempleo abierto.

Como reflejo de todo esto, la mayoría resaltó que la actividad económica ha mostrado resiliencia a los choques que la han impactado en el curso de los últimos meses.

De acuerdo con lo anterior, algunos integrantes argumentaron que las perspectivas para la economía mexicana han mejorado, considerando que ha tenido un desempeño mejor al esperado en los últimos meses.

Otros sostuvieron que se anticipa que la actividad económica en México continúe expandiéndose, si bien a tasas moderadas, en el resto de 2017 y en 2018. Uno de ellos consideró que es de esperarse que el ritmo de crecimiento del PIB continúe desacelerándose en los próximos meses.

Demanda agregada

Todos coincidieron en que no se aprecian presiones significativas sobre los precios provenientes de la demanda agregada. Uno consideró que la tasa de crecimiento actual es muy similar al promedio de crecimiento de la economía entre los años 2001 y 2015. En consecuencia, la brecha del producto se mantiene alrededor de cero, lo que ha sido el caso durante ya algunos años.

En cuanto al mercado laboral, la mayoría apuntó que este parecería ya no tener holgura, aunque esto no se ha visto reflejado en presiones salariales que pudieran afectar al proceso inflacionario.

En este entorno, uno señaló que es posible que esta falta de presiones salariales pudiera estar influida por una tasa de participación laboral relativamente baja y una tasa de subempleo ubicada todavía por encima de lo observado antes de la crisis.

No obstante, otro recalcó que es importante monitorear cuidadosamente los términos y condiciones de las revisiones salariales en los próximos meses.

Un miembro notó que diversos indicadores, como el déficit de la cuenta corriente, muestran que es previsible que no se registren presiones de consideración sobre los precios provenientes de la demanda agregada. Sin embargo, otro destacó que la brecha del producto será ligeramente menos negativa en el futuro.

La mayoría consideró que hacia adelante se prevé que sigan sin presentarse presiones significativas sobre los precios provenientes de la demanda agregada, puntualizando uno de ellos que esto se prevé para lo que resta del presente año y para el siguiente.

Precios

Con respecto a la inflación general anual, la mayoría sostuvo que los elevados niveles que ha venido presentando durante el año en curso reflejan el efecto de diversos choques, como la depreciación que desde finales de 2014 ha acumulado la moneda nacional, así como los efectos del proceso de liberalización de los precios de algunos energéticos y del incremento al salario mínimo en enero pasado.

La mayoría también coincidió en que, en los últimos meses, la inflación general tuvo un impulso adicional como consecuencia de incrementos en los precios de ciertos elementos del índice no subyacente, como fueron los aumentos en las tarifas de autotransporte en la Ciudad de México y algunas otras ciudades del país y, más recientemente, en los precios de algunos productos agropecuarios.

Argumentó que, ante estos choques, se ha dificultado apreciar la mejoría que recientemente ha presentado el proceso inflacionario en México. Señaló que, si bien la inflación general y la subyacente se ubicaron en 6.44 y 4.94 por ciento en julio de 2017, respectivamente, su ritmo de crecimiento ha comenzado a desacelerarse.

En particular, uno mencionó también que la inflación subyacente ha mantenido una trayectoria congruente con lo esperado.

La mayoría destacó que ya se presentan cambios de tendencia en algunos rubros afectados por los choques iniciales, como los correspondientes a los energéticos y a las mercancías no alimenticias.

En esta dirección, uno indicó que si se excluyera del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) el genérico jitomate, la inflación general anual en julio se ubicaría en 6.17 por ciento. Agregó que, si se excluyeran los genéricos de jitomate, tomate verde, y papa, la variación hubiera sido de 6.08 por ciento, es decir, incluso menor a la inflación que hubiera resultado del mismo ejercicio para el índice de junio.

En contraste, un miembro notó que la inflación ha seguido registrando cifras por encima de lo previsto. Apuntó que, si bien la inflación medida mes a mes ha mostrado un descenso en el margen, esta se mantiene por encima de lo observado, en promedio, en los últimos años, recalcando el elevado nivel actual de la inflación subyacente (medida mes a mes) cuando se compara con la observada entre 2010 y 2016.

Otro argumentó que ha habido avances importantes en el abatimiento de la inflación y que el proceso de convergencia al objetivo de 3 por ciento en la segunda parte de 2018 está en curso y va por el camino adecuado.

En el mismo sentido, la mayoría sostuvo que no se han presentado efectos de segundo orden en el proceso de formación de precios, y uno de ellos enfatizó la ausencia de dichos efectos en el subcomponente de los servicios.

La mayoría coincidió en que las expectativas de inflación continúan reflejando un aumento transitorio en la misma. Así, destacó que mientras que las del cierre de 2017 se ajustaron al alza ligeramente de mayo a julio de 5.90 a 6.05 por ciento, aquellas de mediano plazo se mantuvieron por debajo de 4.00 por ciento y las de largo plazo en 3.50 por ciento.

Uno explicó que el considerable aumento en las del cierre de 2017 refleja la magnitud de los choques que ha enfrentado la inflación recientemente.

Algunos señalaron que la trayectoria esperada de la inflación derivada de las expectativas es congruente con los pronósticos del Banco de México, y la mayoría sostuvo que se mantienen ancladas las expectativas de mediano y largo plazo.

Sin embargo, uno resaltó que las expectativas para finales de 2017 y 2018, y aquellas de largo plazo, se mantienen por encima de la meta del Banco de México. También argumentó que los diferenciales entre tasas nominales y reales de valores gubernamentales siguen apuntando a riesgos al alza para la inflación en el largo plazo.

La mayoría de los miembros comentó que aun cuando espera que en los próximos meses la inflación general anual siga ubicándose por encima de 6 por ciento, esta parece estarse acercando a su techo. Incluso uno indicó que la inflación general podría cerrar 2017 en un nivel de 6 por ciento o ligeramente por debajo de este nivel.

De hecho, la mayoría prevé que en los últimos meses de este año la inflación general retome una tendencia a la baja y que esta se acentué durante el año siguiente, conduciendo a la convergencia al objetivo de 3.00 por ciento hacia la segunda mitad de 2018.

Uno agregó que la tendencia a la baja se hará más pronunciada a principios de 2018 por efectos aritméticos.

Para la inflación subyacente anual, la mayoría anticipa que en 2017 permanezca por encima de la cota superior del intervalo de variación del Banco de México, si bien significativamente por debajo de la trayectoria de la inflación general anual.

Un miembro detalló que el proceso de convergencia de la inflación será más evidente en la subyacente, ya que es probable que se ubique por debajo de 5 por ciento al cierre de 2017.

La mayoría de los miembros consideró que, dada la actual postura de política monetaria, el balance de riesgos para la inflación no presentó cambios con respecto al reportado en el comunicado anterior.

No obstante, uno opinó que las proyecciones de una cifra de alrededor de 3 por ciento para la inflación a finales de 2018 tienen un balance de riesgos al alza.

Entre los riesgos que fueron discutidos, la mayoría comentó que, ante la simultaneidad y magnitud de los choques descritos, se podrían presentar efectos de segundo orden sobre la inflación, lo cual no ha sucedido a la fecha. Un miembro enfatizó que es demasiado pronto para descartar la posibilidad de efectos de segundo orden de los choques inflacionarios que tuvieron lugar este año.

Otro señaló, entre los riesgos al alza, posibles eventos extremos que, de materializarse, pudieran afectar severamente la economía nacional. Entre estos eventos incluyó una negociación no exitosa del TLCAN, un deterioro de las finanzas públicas asociado a vulnerabilidades estructurales, episodios de volatilidad en el proceso electoral de México del próximo año, eventos de naturaleza geopolítica a nivel internacional y un proceso no ordenado en la normalización de la política monetaria de la Fed.

La mayoría también concordó en que continúan los riesgos de que se revierta la apreciación que ha registrado la moneda nacional.

Algunos agregaron el riesgo de una mayor volatilidad en el mercado cambiario ante la renegociación del TLCAN, el proceso de normalización de la política monetaria en Estados Unidos y las elecciones presidenciales en nuestro país en 2018.

Uno de ellos advirtió que la probabilidad de que estos episodios de volatilidad se prolonguen incluso más allá de mediados de 2018 es elevada. En este sentido, opinó que las proyecciones de inflación para el próximo año deberían tener como escenario base un entorno de volatilidad del tipo de cambio.

Adicionalmente, la mayoría destacó el riesgo de que persistan incrementos en los precios de los bienes agropecuarios, aunque coincidió en que el impacto de estos últimos sobre la inflación seria transitorio.

Asimismo, uno expuso el riesgo de que haya un nuevo ajuste extraordinario en el salario mínimo. Finalmente, la mayoría notó que, considerando que las condiciones en el mercado laboral han venido estrechándose, la evolución de los costos unitarios de la mano de obra podría empezar a reflejarse en la inflación. En cuanto a los riesgos a la baja, mencionó que la apreciación de la moneda nacional podría consolidarse e inclusive reforzarse.

Al respecto, un integrante explicó que, dado que la mayoría de los analistas ha revisado a la baja sus pronósticos para el tipo de cambio de cierre de 2017 y 2018, de materializarse una trayectoria como la prevista, se reducirán considerablemente las presiones sobre los precios de las mercancías.

Adicionalmente, la mayoría señaló que los precios de los energéticos podrían disminuir, en línea con sus referencias internacionales. También indicó que en los próximos meses se podría presentar una reversión mayor a la anticipada de los incrementos en los precios de productos agropecuarios que han afectado a últimas fechas a la inflación general, además de que podrían registrarse reducciones en diversos precios de la economía como consecuencia de las reformas estructurales.

La mayoría comentó que existe la posibilidad de que la actividad económica nacional presente una desaceleración mayor a la anticipada, lo que dificultaría el surgimiento de presiones inflacionarias por el lado de la demanda agregada y el mercado laboral.

En este contexto, un miembro opinó que, en términos del muy corto plazo, los riesgos para la inflación son claramente a la baja, dada la previsible reversión del aumento en los precios de los productos agropecuarios mencionada anteriormente.

Al respecto, otro expuso que es probable que las condiciones tanto externas como internas que enfrenta la inflación sean relativamente favorables.

La mayoría coincidió en que, desde la última decisión de política monetaria, las condiciones en los mercados financieros nacionales han continuado siendo favorables.

Algunos concordaron en que ello obedece, en parte, a la menor volatilidad observada en los mercados financieros internacionales y a la búsqueda de mayor rendimiento por parte de inversionistas.

Además, uno de ellos también mencionó el aumento de los diferenciales de las tasas de interés de corto plazo ajustados por riesgo de México respecto a Estados Unidos, y otro la percepción de mayor solidez de los fundamentos macroeconómicos del país.

La mayoría destacó que, si bien la cotización del peso frente al dólar mostró cierta volatilidad, mantuvo la apreciación que registró en meses pasados.

Otro miembro apuntó que esta volatilidad refleja, entre otros factores, la incertidumbre en torno a las futuras negociaciones del TLCAN. Respecto a la apreciación del peso, uno indicó que esta se ha visto acompañada de una revisión a la baja de los pronósticos de tipo de cambio por parte de analistas para el cierre de este año y el próximo.

Otro miembro comentó que las condiciones de operación en el mercado cambiario se han mantenido ordenadas.

Uno expuso que el apetito por operaciones de cobertura pudo haber afectado en el corto plazo el nivel del tipo de cambio. Sin embargo, esto mismo podría restarle volatilidad a la cotización de la moneda nacional en el futuro.

Tasas de interés

Respecto a las tasas de interés, la mayoría señaló que las de corto plazo aumentaron en línea con la acción de política monetaria adoptada en junio pasado. Por su parte, las de mediano y largo plazo mostraron un comportamiento mixto, presentando cierto incremento las de mayor plazo.

Al respecto, uno comentó que la restricción monetaria ha dado como resultado una curva de rendimientos prácticamente horizontal.

En concordancia, la mayoría manifestó que los diferenciales de las tasas de interés entre México y Estados Unidos para horizontes de corto y largo plazo se han mantenido estables, si bien en niveles elevados, en particular los de menor plazo.

Un miembro estimó que, aunque este diferencial de tasas es bastante significativo, sobre todo en el corto plazo, es adecuado a las circunstancias prevalecientes en México respecto a Estados Unidos.

Por su parte, otro enfatizó que, como en otras economías emergentes, las tasas de interés de largo plazo en México están determinadas por una combinación de factores, incluyendo varios de naturaleza externa. Por tanto, consideró que el riesgo de movimientos bruscos de dichas tasas de interés se mantiene latente, lo que implica que la curva de rendimientos también puede cambiar de manera importante en el corto plazo. Entre los factores que pueden causar nuevos episodios de volatilidad enumeró una descompresión de las primas por plazo en Estados Unidos, la normalización de su política monetaria, una disminución del apetito por riesgo global, las negociaciones del TLCAN y el proceso electoral en México el próximo año.

No obstante, otro explicó que con los diferenciales de corto plazo cercanos a los 600 puntos base y los de mayor plazo alrededor de 440 puntos base, la curva de diferenciales de rendimiento se ha mantenido invertida. Señaló que ello ha contribuido a un ajuste ordenado en los mercados financieros ante los factores de incertidumbre de naturaleza externa e interna que afectan a nuestro país, así como ante el proceso de normalización de la política monetaria en Estados Unidos.

La mayoría de los integrantes comentó que la economía mexicana y los mercados financieros nacionales, han reflejado resiliencia ante los choques que los han afectado. Asimismo, señaló que el fortalecimiento de los fundamentos macroeconómicos en la última década y media ha sido condición necesaria para que esto suceda.

En este sentido, algunos miembros reconocieron que en efecto se ha generado una percepción de mayor solidez en los fundamentos económicos del país como resultado del manejo prudente de la política monetaria y del fortalecimiento de las finanzas públicas, si bien algunos agregaron que persisten ciertas vulnerabilidades estructurales en el ámbito fiscal.

Así, la mayoría también advirtió que dado el entorno complejo que sigue enfrentando la economía mexicana, y a pesar de la referida resiliencia y de las mejores perspectivas sobre la relación bilateral de México y Estados Unidos, es importante que las autoridades perseveren en mantener dichos fundamentos, recalcando uno de ellos que esto contribuirá a propiciar un ajuste ordenado en la economía y en los mercados financieros, evitando rebalanceos abruptos en los portafolios de inversión.

Adicionalmente, la mayoría subrayó los avances logrados en la implementación de las reformas estructurales, en particular la energética, destacando que, en reconocimiento a todo lo anterior, algunas de las agencias calificadoras ajustaron la perspectiva de la calificación de la deuda soberana mexicana de negativa a estable. Uno incluso apuntó que se ha observado una mejoría de los indicadores de solvencia de México, superior a la registrada en promedio en otras economías emergentes.

Política monetaria

La mayoría de los integrantes destacó que, desde finales de 2015, el Banco de México ha implementado una estrategia de política monetaria oportuna, tomando las medidas necesarias para contribuir a que los ajustes en precios relativos derivados de la secuencia de choques que ha recibido el país desde mediados de 2014 se den de manera ordenada, evitando la aparición de efectos de segundo orden, logrando así? que las expectativas de mediano y largo plazo permanezcan ancladas.

Uno agregó que, con estas acciones, la tasa real ex ante de corto plazo es superior a 3.00 por ciento, y señaló que los choques que han afectado a la inflación en México han requerido que la postura monetaria interna se haya venido restringiendo a mayor velocidad y en mayor magnitud que el ajuste monetario presentado en Estados Unidos. Explicó que con ello es claro que la política monetaria en México se ha venido desligando considerablemente de la adoptada en ese país. Adicionalmente, mencionó que, considerando la forma de la curva de rendimientos antes descrita, y dado que la inflación se ha visto afectada por choques de oferta y no por presiones significativas por el lado de la demanda, destaca el papel proactivo que la política monetaria ha tenido en anclar las expectativas de inflación y evitar efectos de segundo orden.

Por su parte, otro miembro sostuvo que, dados los riesgos que siguen presentes para la inflación, y ante la imposibilidad de prever el impacto sobre esta de algunos eventos de gran trascendencia para la economía mexicana, particularmente la normalización de la política monetaria en Estados Unidos, la renegociación del TLCAN y el periodo electoral de 2018, que pudieran afectarla de manera simultánea, la respuesta de política monetaria hacia adelante es incierta. Apuntó que la expectativa generalizada entre los analistas y los mercados de ajustes a la baja de la tasa de interés de política monetaria hacia mediados del año entrante, se basa en supuestos riesgosos. Ello, debido a que el desenlace de los eventos descritos –que probablemente incidan con mayor fuerza sobre la inflación en 2018– es desconocido. Asimismo, considera preocupante que la expectativa de ajustes a la baja de la tasa de interés, se conjugue con expectativas de inflación de corto y largo plazo que se mantienen claramente por arriba de la meta. Argumentó que esto pone en evidencia que el Banco Central debe esforzarse todavía para lograr la credibilidad de sus objetivos, y sugiere que para los agentes económicos lo relevante no es lograr la convergencia de la inflación a la meta puntual, sino una cifra dentro del rango superior del intervalo de variabilidad alrededor de la misma. Recalcó que sería riesgoso que el Banco de México siguiera una estrategia de comunicación que parezca validar este escenario. Destacó que, ante la incertidumbre mencionada, la política monetaria debe privilegiar la cautela y, en su opinión, la posibilidad de nuevos aumentos en la tasa de interés no debe descartarse.

Otro integrante añadió que, a pesar de que parecería que la probabilidad de ocurrencia de eventos extremos ha disminuido de manera importante, la política monetaria debe permanecer prudente como actualmente es, toda vez que un relajamiento monetario prematuro ante los riesgos que prevalecen, podría ser muy costoso.

Algunos miembros recordaron que las acciones de política monetaria han aumentado la tasa de interés objetivo en 400 puntos base desde diciembre de 2015.

Uno recalcó que México ha sido uno de los países que más ha ajustado su postura monetaria en los últimos años.

Adicionalmente, la mayoría recordó que las acciones de política monetaria tienen un efecto rezagado sobre la inflación general.

En este sentido, un miembro enfatizó que estas han sido asertivas y con bastante anticipación, dado que los canales de transmisión de la política monetaria son lentos e indirectos. Asimismo, apuntó que hay clara evidencia de que dichos canales, en particular el cambiario y el crediticio, están funcionando, lo que ha coadyuvado al anclaje de las expectativas de inflación.

En este sentido, la mayoría reconoció la significativa apreciación de la moneda nacional frente al dólar, siendo este uno de los canales más importantes de transmisión de la política monetaria. Así, notó que las acciones que ha implementado el Banco de México han comenzado a reflejarse en diversos indicadores y rubros de la inflación que recientemente han mostrado una reducción en su tasa de crecimiento e, incluso, cierta reversión en su tendencia. Asimismo, señaló que todo lo anterior, aunado a que no se anticipan presiones por el lado de la demanda, fundamenta la previsión central de que en este momento la postura de política monetaria es congruente con la convergencia de la inflación general a la meta de 3.00 por ciento a finales de 2018.

La mayoría de los miembros coincidió en que el Banco Central estará vigilante de que se mantenga una política monetaria prudente de manera que se fortalezca el anclaje de las expectativas de inflación de mediano y largo plazo y se logre la convergencia de esta a su objetivo.

Un integrante mencionó que la economía aún enfrenta un entorno marcadamente incierto y no está exenta de presiones inflacionarias adicionales en los próximos meses, por lo que se debe estar atento, en caso de que sea necesario ajustar la postura política monetaria.

Asistentes

La junta de gobierno se celebró con la presencia de Agustín Carstens, los subgobernadores Roberto del Cueto, Alejandro Díaz de León, Javier Guzmán y Manuel Ramos Francia, de la subsecretaria de Hacienda, Vanessa Rubio, y de Fernando Corvera, secretario de la Junta de Gobierno.

 

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