De 2010 a la fecha, al menos 11 gobernadores han sido señalados por actos de corrupción e investigados por laPGR por desvío de recursos públicos y enriquecimiento ilícito

¿Cuántas veces en las noticias, en las pláticas con los amigos, en nuestro entorno hemos escuchado la palabra corrupción? ¿Cuántas veces hemos tratado de darle un “Sor Juana” al policía de tránsito que nos detuvo por no verificar, y para que no nos levante la infracción? ¿Cuántas veces no le hemos ofrecido a algún funcionario “para su refresco” y así agilizar algún trámite? ¿Cuántas veces no hemos escuchado la frase: “póngase la del Puebla para…”?

Traigo a cuento todas estas preguntas porque otra vez la “corrupción” se pone en el centro del debate público debido a los escandalosos casos de ex gobernadores y políticos que han hecho del ejercicio público su mina de oro para beneficiarse.

Esto me hace pensar que nadie está exento de este mal que tanto daño le ha hecho a la vida pública y que ha marcado a la sociedad. Que se violen la leyes, que haya beneficios personales o que “el viene viene” exija cobrar en la calle, en el espacio público, una cuota para cuidar tu coche, es una muestra de los daños que la corrupción ha traído consigo.

Tenemos claro entonces que la corrupción y sus tentáculos nos han tocado más de una vez y que en realidad son pocos los que están fuera de este mal. Nombres como el de Andrés Granier de Tabasco, Rodrigo Medina de Nuevo León, César Duarte de Chihuahua, Tomás Yarrington de Tamaulipas, Guillermo Padrés de Sonora, Jesús Reyna de Michoacán o Javier Duarte de Veracruz son muestra de que el sistema como lo conocemos está roto.

A nivel federal el panorama no es mejor: “La Casa Blanca” de Enrique Peña Nieto marcó el sexenio; el asunto de la empresa brasileña “Obredecht” que habría pagado alrededor de 10.5 millones de dólares en sobornos a funcionarios mexicanos entre 2010 y 2014 y que ahora se sabe que Emilio Lozoya, ex director de Pemex, es uno de esos funcionarios involucrados.

Andrés Manuel López Obrador y el partido que dirige: Morena, están envueltos en un escándalo de corrupción

La empresa constructora española OHL a la que el gobierno de Peña Nieto habría privilegiado con contratos irregulares, y que nombres como el del secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza o el del ex presidente panista, Felipe Calderón, se manejan en las investigaciones: eso son los actos de corrupción.

Pero entonces, ¿la izquierda no es corrupta? En una de esas sí. Hoy el líder de la oposición, Andrés Manuel López Obrador y el partido que dirige: Morena, están envueltos en un escándalo que involucra a la ya ex candidata a la alcaldía de Las Choapas, Veracruz, Eva Cadena, quien en tres videos publicados por el diario El Universal, recibe primero 500 mil pesos y en un segundo video, 10 mil dólares “presuntamente” para el líder del partido. En un tercer video, la diputada local de Veracruz aparece recibiendo un millón de pesos que le entregan en distintos fajos supuestos empresarios como pago por impulsar una ley a su favor en el Congreso veracruzano. De inmediato “La Recaudadora” de López Obrador afirmó sobre los dos primeros videos que el dinero nunca llegó al instituto político ni a los dirigentes de Morena.

Después vendría Andrés Manuel a defenderse y en dos videos subidos a su cuenta de Facebook. Afirmó que se trató de un “cuatro” a Cadena y que los orquestadores fueron el gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes y Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación. Dijo que la “mafia del poder” está “muy nerviosa” por el avance de su partido y porque hay alta probabilidad de que Morena gobierne el Estado de México.

¿En realidad será la “mafia en el poder” la interesada en que López Obrador no llegue a ser presidente en 2018? En este momento de la historia, no lo sé. Pero lo que me queda claro es que quien aspira a llevar las riendas de México no puede salir con el mismo discurso que viene de 2005 donde un grupo de personas han buscado frenarle en sus aspiraciones políticas.

Hoy la realidad es que la corrupción ha tocado a todos los partidos por igual, en todos los órdenes de gobierno está enquistada y por lo tanto lo mínimo que esperaríamos habría sido una condena enérgica por parte de López Obrador al acto en el que participó Cadena. Andrés Manuel tendría que haber colocado el discurso que tanto pregona, el de su “honestidad”, en el caso de la ahora ex candidata afirmando que es “inaceptable” que una representante de su partido haya aceptado el dinero, porque de lo que se trata y Andrés Manuel lo sabe, es que se combata la corrupción. Pero la realidad fue otra y AMLO optó por el camino fácil, por la descalifación.

Después conocimos las reacciones de los partidos. En el PRI, Enrique Ochoa, afirmó que debería haber una investigación por los actos de corrupción de Cadena. En Acción Nacional no dejaron pasar el escandaloso video de “la recaudadora de López Obrador” para afirmar que el dinero de su partido tiene “gorgojo”. ¿Tienen autoridad moral los líderes de estos partidos? No. Vale la pena recordar a Enrique Ochoa y su finiquito cuando dejó la Comisión Federal de Electricidad o Ricardo Anaya con la poca trasparencia del origen de su fortuna y viajes al extranjero cuando toda su vida ha sido burócrata de gobierno, de su partido o diputado.

Lo que tenemos claro es que vamos a una elección en 2018 donde tendríamos que ver propuestas reales y concretas para combatir la corrupción. No necesitamos discursos fantásticos de una “mafia del poder” que se niega a que una persona llegue a la presidencia, o los discursos de siempre que descalifican a la oposición sin reconocer los errores presentes y pasados. El hecho es que si López Obrador no tiene claro esto, entonces está muy lejos de poder seducir a ese electorado que vio en el acto de corrupción de Eva Cadena el talón de aquiles del candidato rumbo al 2018.

*Salvador Zaragoza, periodista y productor.

Correo electrónico: szaragozaa@gmail.com / twitter.com/SalvadorZA

 

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