La tesis de la Administración Trump es radical (y equivocada): la migración de puestos laborales en manufactura hacia países como China y México, han dejado desprotegidos a los norteamericanos. La solución: regresar los trabajos manufactureros a Estados Unidos (E.U.). A mi juicio es posible pensar en regresar la manufactura, pero no bajo las mismas condiciones ni tampoco significaría necesariamente un beneficio para quienes fueron afectados por las circunstancias. ¿Cuál es el diagnóstico y qué futuro se vislumbra para el mercado laboral en la industria manufacturera norteamericana?

La manufactura representa cerca del 35 por ciento de la economía estadounidense y es por mucho el sector más importante en términos de empleo y PIB. En este sector trabaja poco más del 10 por ciento del total de la fuerza laboral norteamericana. Ciertamente es una ventana de oportunidad para buena parte de los trabajadores que no cuentan con educación universitaria, ganando alrededor 6 mil 700 dólares mensuales. Es por ello que es un sector vital para estados como Indiana, Wisconsin, Arkansas, Kansas, Mississippi, Alabama, Michigan y Iowa.

Existe un hecho contundente: es cierto que los trabajos en manufactura han caído en E.U. desde 1980, según The American Economics Group, en los últimos tres años se han perdido 2.1 millones de trabajos en manufactura lo que equivale a 700 mil por año. Se estima que se pierdan otros 16.2 millones de puestos laborales en la siguiente década. Y también hay evidencia que sostiene que puestos laborales en este sector han migrado a países emergentes. Pero este fenómeno no solo se explica por el lado de la demanda (costos de producción y avances tecnológicos), sino por el lado de la oferta laboral. Es decir, ante el boom de las Punto Com y el surgimiento de un atractivo sector financiero, la preferencia laboral de cierto grupo de trabajadores cambió del sector manufacturero al de los servicios y de alta tecnología (¨blue collar¨ Vs¨ white collar¨). La educación también tuvo mucho que ver en este abandono por la manufactura. Por ejemplo, desde inicio de la década de los 60´s, el gobierno dejó de invertir en educación técnica, de donde se nutrían las empresas para buscar talento joven.

Otro hecho es que los salarios reales para los trabajadores americanos se han estancado. Pero si los costos de producción se han reducido por la migración de puestos laborales, ¿por qué no se ha reflejado en ¨los libros¨ de las empresas?  La respuesta es que sí se ha reflejado, al menos por el lado de las utilidades, dividendos y pagos de capital. No así en los salarios, pese a los intentos del gobierno por re invertir en capacitación y vincular la oferta con la demanda de empleo. Fue así que el beneficio neto de trasladar puestos de trabajo a los países emergentes y la inversión en educación, no necesariamente se redistribuyó de manera equitativa en el medio corporativo.

Un último hecho es que la productividad laboral en el sector manufacturero ha caído. The American Economist Group estima que la productividad laboral en E.U. crece a penas 3 por ciento cada año como producto de una caída en las horas trabajadas (41 horas promedio). La caída responde no solo a la migración de trabajo en manufactura hacia países emergentes, sino al cambio hacia puestos laborales en el sector servicio en las que se invierte menos horas-hombre (32 horas).

¿A quién beneficiaría regresar los trabajos manufactureros a E.U.? En mi opinión, y bajo las circunstancias actuales, no ayudaría ni a los trabajadores norteamericanos ni a las empresas.

En una encuesta realizada en 2015 por la Cámara de Comercio Alemana, 69         por ciento de las compañías germanas reconocieron falta de talento en la fuerza laboral norteamericana. Entonces, aunque la Administración Trump ofrezca beneficios fiscales que compensen el menor costo laboral del exterior, las empresas deben encontrar el talento en trabajadores norteamericanos. De acuerdo con el Migration Policy Institute, en el año 2015, cerca del 31 por ciento de los 25.7 millones de trabajadores extranjeros mayores de 16 años se desempeñaron en puestos gerenciales, en ciencias y artes; 24 por ciento en servicios; 17 por ciento en ventas; y 15 por ciento en manufactura y transporte. En ese mismo año, 29 por ciento de los inmigrantes con una edad superior a los 25 años, contaban por lo menos con un título universitario. Y aún y cuando regresen los puestos manufactureros y se invierta para encontrar talento, éstos no vendrían necesariamente acompañados de mejores condiciones laborales. Según la revista Foreign Affaris en su artículo ¨Made America Made Again¨, el fracaso de la iniciativa Clinton-Reich en materia laboral residía en la falta de credibilidad de los interships para cubrir puestos laborales; la contratación de jóvenes egresados de Community Colleges era vista por los empresarios más como una labor de responsabilidad social.

Repensando la manufactura.

¿Por qué, desde la posguerra, E.U. no ha podido recuperar la pérdida de empleos en manufactura? La respuesta rebasa por mucho la explicación simplista de migración laboral hacia China y México. La respuesta – a mi juicio – tiene que ver más con las tendencias de la globalización y la economía del conocimiento. Es decir, ya no será a través de las grandes invenciones e inversiones en ferrocarriles, petróleo o en la industria automotriz, como se creará valor y empleo en la manufactura. Ahora, las industrias farmacéuticas y automotriz son intensivas en I&D. En otras palabras, ha llegado la era de crear valor en la manufactura a través del desarrollo tecnológico aplicado y la especialización técnica.

Hoy el valor de la producción manufacturera contribuye más al comercio y a la I&D que al empleo y al valor agregado. Hoy la manufactura varía en función de su estado de desarrollo el cual está influenciado por la tecnología, innovación, y la globalización. Hoy la manufactura no se entiende sin la vinculación con otros sectores (19 por ciento de la producción manufacturera está alimentada por el sector servicios). Hoy la manufactura requiere menos obreros y más empleo no relacionado con planta (diseño, innovación, servicio post-venta, análisis de datos, etc.).

Pero el modelo de bajos salarios en la industria manufacturera tradicional – entendida como la simple creación de valor por el ensamblaje en serie – no está peleado con esta nueva versión. Todo lo contrario; creo que se complementan y se integran para atender los nuevos retos del mundo de hoy. La tesis Trump, a mi juicio, está equivocada en cuanto a que piensa sustituir y competir por los mismos trabajos y los mismos sueldos. Creo que el verdadero reto es cómo preparar a la población que ¨quedó fuera del sistema¨ e integrarse a este nuevo modelo manufacturero.

*Haydeé Moreyra.- Coordinadora Executive MBA-EGADE Business School.

 

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