Del odio a la intolerancia, de la discriminación al repudio, del “sé que eres diferente pero no acepto que tengas los mismos derechos y obligaciones porque creo en esa moralidad que dicta que sólo el hombre y la mujer pueden formar eso que llamamos familia natural”, existe un sólo paso pero ése es arriesgado, intolerante y por demás reprobable.SAUL LOPEZ

Estos conceptos se leyeron en las marchas que organizó el Frente Nacional por la Familia el mes pasado. En distintas ciudades salieron cientos de personas a pedir y exigir que se frene la iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto que permite entre otras cosas el derecho al matrimonio igualitario.

Organizaciones de ultra derecha que tienen vínculos con las iglesias, principalmente la católica y la cristiana afirman que esta iniciativa atenta contra las buenas costumbres y la moral de la sociedad mexicana. Dicen que es antinatural que dos personas del mismo sexo puedan contraer matrimonio porque también dicen atentan contra el núcleo de la familia tradicional.

Pero ¿el amor no debería ser libre y cada persona es responsable de elegir con quién estar? Parece que en tiempos donde se han conquistados derechos y en  donde la voz de las minorías saben coexistir en igualdad de condiciones con las demás voces, porque han creído que el respeto y la tolerancia son elementos indispensables para avanzar como una sociedad igualitaria, ciertos grupos de personas piensan en la Constitución Mexicana no se debería incluir el derecho al matrimonio igualitario y con ello evitar las restricciones injustificadas que actualmente impiden que personas del mismo sexo contraigan matrimonio en la mayoría de los estados.

La iniciativa del gobierno peñista propone también que este derecho, el del matrimonio igualitario, de pie a otros beneficios de tipo fiscal, de solidaridad por causa de muerte de una de las personas cónyuges, de propiedad en la toma de decisiones médicas o migratorios para personas extranjeras; es decir, la construcción de todo un andamiaje jurídico que permita tomar decisiones y tener responsabilidades cuando dos personas del mismo sexo eligieron estar juntas y unirse en matrimonio.

Todo esto por supuesto molestó a estas personas y provocó que salieran a marchar y nos anunciaron que el Frente Nacional por la Familia es hoy un movimiento cívico permanente el cual solicitó un encuentro con el presidente de la República, pidió al Poder Legislativo rechazar la iniciativa del Ejecutivo sobre matrimonios igualitarios y aprobar la “primera iniciativa ciudadana que protege al matrimonio entre un hombre y una mujer”, se lee en el comunicado.2-salvadorzaragozaf155

Y ahora estamos parados nuevamente en una discusión en la que por lo menos en la Ciudad de México ya habíamos superado y en donde queríamos modificar 14 artículos del Código Civil Federal para eliminar la premisa que indica que el fin del matrimonio es “la perpetuación de la especie” para dar paso a que el matrimonio sea la unión libre de dos personas mayores de edad que tienen la intención de tener una vida en común para procurarse ayuda muta, solidaridad, respeto e igualdad.

Y es que el derecho a formar una familia le corresponde a todas las personas sin importar su orientación sexual y por tanto, la protección constitucional hacia la familia no se limta a un tipo particular o tradicional quitando preceptos discriminatorios que actualmente definen al matrimonio como la unión de un hombre con una mujer y dan origen a una relación de esposo y esposa o de marido y mujer.

¿Y de la adopción? La iniciativa del presidente propone ampliar la fracción III del artículo 390 del Código Civil Federal para agregar que “la orientación sexual o la identidad y de expresión de género” no constituye un obstáculo para considerar que una persona es apta y adecuada para adoptar. Es decir, negar el derecho a ser adoptado a un niño o una niña por el sólo hecho de orientación sexual de las personas adoptantes deriva en una conducta discriminatoria, tanto para ellas, como para el propio niño o niña que pretenden ser adoptado, pues se les desconoce su derecho a tener una familia, en el sentido más amplio posible de este concepto.

De este tamaño la iniciativa de Enrique Peña Nieto. De este tamaño el cambio de paradigma para entrar a una nueva era de respeto e igualdad en todo nuestro país. Sin embargo, dolió ver que quienes defendemos los derechos de las minorías o quienes estamos comprometidos con las libertades no diéramos un respaldo total al presidente Peña Nieto. Porque hay que decir, con todas sus letras, la gente de izquierda comprometidas con estas causas prefirió dejar sólo al presidente.

Sí, este presidente que tiene los peores niveles de aprobación. Sí, el presidente de los escándalos de corrupción; el presidente que sufrió un severo golpe en las elecciones pasados y al presidente que le achacan los mismos miembros de su partido que gracias a la iniciativa que presentó sobre matrimonios igualitarios, sufrieron una de las peores derrotas porque según ellos, provocó el enojo de la jerarquía católica que operó desde el pulpito para que la personas no votaran por el PRI.

Pareciera ser, que en el momento que más se necesitaba el apoyo de una iniciativa presidencial, nos volteamos sin pensar en defender lo que por derecho, tiene que ser defendible. Pareciera ser que poco importan nuestros derechos pues quien ahora aboga por ellos, se ha convertido también, en el peor defensor de los mismos.

* Periodista y productor.

Correo electrónico: szaragozaa@gmail.com / twitter.com/SalvadorZA

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