A worker checks an oil pipe at the Lukoil-owned Imilorskoye oil field outside the West Siberian city of Kogalym

La anunciada asociación de Pemex para la exploración y explotación del campo Trión en aguas profundas es relevante no sólo por ser la primera que tendrá la empresa productiva del Estado con petroleras extranjeras, sino porque pone de manifiesto las capacidades reales que tiene y los retos que puede asumir en escenarios de bajos precios internacionales del crudo, caída de la producción de hidrocarburos y de reducida capacidad de inversión, a los que se debe añadir que el proyecto es en aguas profundas del Golfo de México.

La propia empresa ha anunciado que en 2017 se podrá esperar un volumen de producción de 2.1 millones de barriles de petróleo diarios; eso significa una baja de 16 por ciento sobre la producción de los primeros cuatro meses de 2016 y de 19 por ciento sobre la de 2015. La petrolera que conserva 80 por ciento de las reservas probadas del país para su explotación requiere incorporar proyectos que en el tiempo le permitan revertir la caída en dos vías; una, mediante la cual logre extraer mayor volumen de hidrocarburos de los campos en producción y de incorporar en el tiempo volúmenes adicionales. En este rubro se coloca el proyecto Trión.

Desde su descubrimiento este campo se convirtió en uno de los más grandes descubiertos en el Golfo de México, que es la zona marina con más actividad petrolera del mundo, sin embargo los altos volúmenes de inversión requeridos y con la maduración de los proyectos en la cual se requieren de varios años para alcanzar la producción podría parecer poco rentable la continuación del proyecto, sobre todo si los precios se encuentran aún deprimidos.

Lo cierto es que hay dos aspectos que favorecen la inversión, el primero es que los proyectos de aguas profundas son poco susceptibles al impacto de la volatilidad de los precios del crudo y el segundo es que en la actualidad hay una elevada disponibilidad de equipo construido en el periodo de elevado precio del petróleo al que se puede acceder a tarifas menos elevadas que hace dos años.

Ciertamente hay factores que no varían y que hacen a los proyectos de aguas profundas altamente demandantes de inversiones, como es el caso de las complejidades que enfrentan, como el tirante de agua y la profundidad de perforación. En el caso de Trión se trata de aguas ultra profundas, más de 2 mil 500 metros para llegar al lecho marino y hasta 4 mil metros más para llegar al recurso explotable.

Otros factores que involucran grandes inversiones es la distancia de las costas y de los centros de desarrollo. Finalmente, los riesgos se asocian con las severas y cambiante condiciones mete oceánicas en sus impactos sobre las actividades.

En cuanto a los factores propios del yacimiento que influyen en las necesidades de inversión y el control de los costos, están los relacionados con el tamaño del campo y el volumen de los recursos explotables comercialmente, la presión y temperatura del pozo. En todos ellos, Pemex requiere compartir riegos y aplicar la mayor experiencia y las más avanzadas tecnologías.

En el caso de Trión, las condiciones del yacimiento son favorables para la explotación comercial, con reservas calculadas en 482 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. En la próxima década será uno de los más importantes yacimientos en producción que tenga el país.

*Subdirector editorial

@GustavoSilvaV

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