Por Haydeé Moreyra*

Su nombre es Jeremy Corbin, y por 59 por ciento votos a favor fue electo como líder del partido Laborista en Reino Unido. ¿Por qué un hombre de 66 años, con una larga trayectoria legislativa en la Casa de los Comunes es ahora tema de controversia por varios círculos políticos nacionales e internacionales? Para algunos, Corbin representa un liderazgo político que lleva “bajo el brazo” propuestas innovadoras que buscan transformar el proyecto de nación en Inglaterra mientras que para otros más escépticos, Corbin es el claro ejemplo de la izquierda radical que no tiene cabida en la Europa de hoy. En cierto sentido, el que el líder de la oposición haya mostrado admiración por Hugo Chávez y Syriza a la vez que se pronuncia por una Unión Europea liberal y alejada de los Estados Unidos, le ha traído más de un enemigo.

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Pero Corbin también representa el resurgimiento de corrientes de izquierda en Europa que se mueven desde las posturas más de “centro-conservadoras” como un Francois Hollande o Matteo Renzi, hasta las más radicales como un Pablo Iglesias, del parido Podemos en España, o Alexis Chipras del parido Syriza en Grecia. Ciertamente son líderes populares, con carisma y cuyas propuestas atraen la atención de las masas. Pero también tienen otro punto en común: no han sabido llevar exitosamente la agenda económica. Por ejemplo, Corbin pone sobre la mesa temas como las pensiones, el empleo, el sistema de bienestar y el financiamiento de proyectos a partir de políticas monetarias expansivas. Si Inglaterra fuera el radar de lo que sucede en Europa, entonces podríamos presumir dos cosas: que la agenda ha cambiado drásticamente desde los principios de la Tercera Vía al cuestionamiento del Estado de Bienestar. Y dos: que las propuestas de los líderes políticos no son más que un reciclaje de los modelos económicos del pasado. ¿Qué representa, entonces, la salida de La Tercera Vía y qué proponen concretamente estos nuevos líderes Europeos?

Desde finales del Siglo XIX, la hoy llamada Tercera Vía fue visualizada por la Iglesia Católica. En ese entonces, se concebía como un modelo alternativo entre capitalismo y socialismo. La Tercera Vía representaba un modelo de desarrollo a través de la economía del conocimiento – capital humano calificado, innovación e inversión en infraestructura – respondiendo así a las necesidades de la globalización. De esta manera, la agenda económica de la Tercera Vía descansaba en dos pilares fundamentales: la inversión del estado en la economía del conocimiento y una política fiscal restrictiva. Pero no fue sino a partir de las experiencias en Inglaterra, Estados Unidos y posteriormente América Latina, cuando se puso en evidencia la gran contradicción del modelo: un gobierno que proclama austeridad y finanzas públicas sanas, frente a una fuerte necesidad de inversión pública. Fue así que durante el mandato de Tony Blair el desempeño del mercado laboral, el crecimiento económico y la inflación fueron notables; no así en el caso del balance del gobierno y con el mercado exterior. De hecho, los llamados “déficits gemelos” en Estados Unidos e Inglaterra pusieron en entredicho las bondades del modelo.

¿Qué ha pasado con el proyecto económico de Europa en los últimos tres o cuatro años?

Francois Hollande, presidente de Francia desde 2012, se le ha criticado por poner en marcha políticas económicas contradictorias: reformas que buscan incentivar el mercado laboral pero que incluyen una mayor flexibilidad para el despido de los trabajadores; implementación de medidas de austeridad y recortes presupuestales cuando eran dos medidas que había rechazado categóricamente durante su campaña presidencial; reducción a la edad de jubilación aunque acompañada de una iniciativa de una menor tasa de impuestos para las empresas. Aunque las intenciones de un compromiso social de Hollande parecieran genuinas, requeriría de una mayor contribución del Estado para lograrlo pero con un crecimiento económico prácticamente nulo,  una tasa de desempleo por encima del 10 por ciento y déficits público y en cuenta corriente de 4.3 por ciento y 1.7 por ciento respectivamente, Francia enfrenta uno de los momentos más complejos. A mi juicio, las respuestas a esta encrucijada por parecen estar en la Tercera Vía.

Por su parte Matteo Renzi, Primer Ministro de Italia desde 2014, se ha pronunciado en contra de un gobiernos de gran tamaño y burocráticos. Irónicamente, siendo de un partido social-demócrata, los asesores económicos de Renzi son dos afamados inversionistas. Y es que el Primer Ministro cree en el capitalismo global como fuente de transformación social. Sí, leyó usted bien, un capitalismo social (¿?). Desde su trinchera, Renzi también propone cambios que apuntan a ser contradictorios: flexibilizar el despido laboral al tiempo de crear una protección financiera para los jóvenes; reducir el impuesto sobre la renta pero inyectando cada vez más recursos a proyectos de innovación. La encrucijada económica de Italia, y de la Tercera Vía de Renzi, es cómo lograr el objetivo del crecimiento económico vía menores impuestos cuando existe un problema serio de déficit público y una deuda/PIB por encima del 130 por ciento.

Finalmente, encontramos el caso de Pablo Iglesias. En el 2014, después de su frustrada incursión en las filas del partido de Izquierda Unida en España, Pablo Iglesias asumió el liderazgo del partido Podemos. Su ideología política, basada en un modelo de organización leninista, es de una Izquierda radical. Sus propuestas económicas son un reflejo de ello: aumento de salarios y pensiones; eliminación del límite del déficit público; eliminación de horas extra en el trabajo; creación de un organismo conciliador para deudores y mecanismos de renegociación de intereses; tratamiento fiscal favorable para la reinversión productiva y la producción local. Las medidas cruzan, desde mi punto de vista,  la delgada línea entre derechos sociales irrenunciables y el populismo. Pero aún y cuando mi impresión sea equivocada, lo cierto es que el Estado de Bienestar ha probado que no es gratuito. Y como todo, existe un precio para gozar de estos derechos. En el 2012, España llegó a registrar una caída de 1.6 por ciento en su PIB, una tasa de desempleo del 25 por ciento (y más de 40 por ciento en jóvenes), y una deuda/PIB por encima del 85 por ciento. En otras palabras, un país que no cuenta con los fundamentos para financiar el Estado de Bienestar es un camino que lleva a una crisis segura y compromete el futuro de varias generaciones.

En suma, la Tercera Vía, que había sido presentada como la contrapropuesta al Keynesianismo y alimentada por las ideas neoclásicas en finanzas públicas, probó ser un experimento fallido desde la época de Clinton y Blair. El autor Flavio Romano ya lo había planteado así en su artículo sobre la Tercera Vía (ROMANO, 2006): “¿Cómo es que dos gobiernos de Izquierda (Clinton y Blair) llegaron a adoptar políticas neoclásicas asociadas comúnmente con la Derecha? La respuesta se encuentra en la disciplina de las Ciencias Políticas más que en las Ciencias Económicas

Más allá de ideologías o proyectos de nación de un partido o de otro, mi percepción (y preocupación) es que se han agotado los modelos económicos que nacieron a partir del “New Deal”. Y me parece que las contradictorias y hasta repetitivas propuestas económicas de la llamada “nueva Izquierda” en Europa ponen de manifiesto más cuestionamientos que respuestas.

Y entonces, ¿qué se puede rescatar de las experiencias vividas? ¿Cómo complementar el modelo de la Tercera vía y qué nuevo retos se avecinan en el futuro? Son muchas interrogantes que serán materia de otra columna.

 

 

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