Por Claudia Villegas Cárdenas*

Resulta toda una paradoja que durante las últimas dos décadas los grandes jugadores del mercado de las telecomunicaciones y de los contenidos en este país han protagonizado una confrontación en la que buscan que la regulación actual y las iniciativas de ley que se encuentran en el Congreso de la Unión no les resulten adversas. Concesionarios de espacio en el espectro y protagonistas clave de mercados relevantes como el de la televisión y las telecomunicaciones ahora observan con sorpresa cómo la amenaza está llegando del exterior.

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Los servicios de contenidos Over The Top (OTT), como Netflix y Claro Video, ganan rápidamente participación de mercado, al amparo de lo que en el complejo sector de las telecomunicaciones se conoce como neutralidad de la red.

La regulación para los OTT quedó prácticamente fuera de la reforma en telecomunicaciones y es un hecho que no sólo llegaron para quedarse, sino que están ganando terreno a pasos agigantados. Para Netflix, por ejemplo, el mercado mexicano es una de sus más seguras apuestas y ejemplo a seguir para otros países de América Latina.

Netflix utiliza la red, y con un sencillo decodificador pone al alcance de los consumidores de contenidos una gran variedad de series, películas y todo tipo de producciones. Bueno, ahora hasta se habla de publicidad. Lo mismo sucede con Claro Video que, sin importar si se trata de la red de Prodigy, de América Móvil, utiliza la red para ofrecer el mismo tipo de servicios, con la ventaja de que cuenta con un amplio sistema de comercialización y de cobro de sus productos. Algo parecido a lo que sucedió con Dish.

Se trata de una plataforma interesante para Claro y para América Móvil, porque en otros países de América Latina, la empresa de Carlos Slim si tiene concesiones para ofrecer video. Lo que vemos, entonces, es la venta de oportunidad que le dio Claro Video a América Móvil para entrar en México al mercado del video sin tener todavía una concesión.

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Los OTT no están regulados por las leyes mexicanas y, hasta donde sabemos, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), que encabeza Gabriel Contreras, no se ha pronunciado por un tema que, al menos, necesitaría una consulta pública. Se estima que los OTT representan un negocio de mínimo 58 mil  millones de pesos.

EL RETO DE REGULAR EQUITATIVAMENTE

Así que mientras el IFT está pensando si regula o no los OTT, la posibilidad de que un mayor número de jugadores participen en la operación de redes aún se ve limitada por la decisión del operador dominante de no permitir el acceso total. La desagregación del bucle local representa todavía una tarea pendiente que podría generar mayor competencia entre los operadores de servicios de voz y datos.
Ahora, el IFT se enfrenta al reto de acelerar la regulación para los OTT y exigir que el operador dominante abra en serio su infraestructura para nuevos jugadores.

Los OTT llegaron para quedarse y no necesitan de las pantallas tradicionales de televisión; allí están los teléfonos inteligentes, las tablets y las televisiones inteligentes. Por supuesto, las computadoras de escritorio y las laptops son otro de los grandes objetivos de los OTT.

El riesgo, sin embargo, es que el IFT se concentre, como desde hace una década, en las regulaciones tradicionales y no genere las normas adecuadas para hacer frente a esta revolución, resultado de la tecnología.
Los OTT compiten de manera contundente con la televisión abierta y la televisión restringida, configurando así un mercado convergente cuyos servicios llegan, consecuentemente, a ser sustituibles entre sí.

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