Por Claudia Villegas Cárdenas

Fue en diciembre de 2014 cuando Vudu, la empresa de servicios Over The Top (OTT) de Walmart, dejó el mercado mexicano. Aunque la multinacional del retail estaba convencida de que podía, como lo está haciendo en Estados Unidos, entrar a la pelea del mercado de Netflix y Clarovideo, la decisión de concentrarse en su negocio principal generó que Vudu saliera del mercado mexicano.

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Walmart ofrecía un canal de películas sobre demanda  y tenía grandes esperanzas en este mercado que, en el último año, creció a un ritmo de 61 por ciento.  Vudu le dejó el mercado a Netflix, a Clarovideo, a Total Movie de Grupo Salinas a Klic de Cinépolis. Algunas iniciativas se han quedado en el camino porque aún no está claro si habrá una regulación en este sector. Son muchas las voces que piden un trato equitativo para la industria de los contenidos sobre demanda que prácticamente se ha convertido en un producto que amenaza a los operadores de redes de Internet que tienen que seguir invirtiendo para mantener la calidad de su cobertura. El paso lógico sería que se establecieran alianzas estratégicas o la operación de empresas propias para capitalizar este fenómeno; sin embargo, sólo en el caso de Clarovideo de Carlos Slim se observa claramente esta integración vertical.

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El reportero Adrián Arias del periódico La Crónica ha publicado que la industria de las telecomunicaciones en México genera ingresos por más de 35 mil millones de dólares, una cifra muy atractiva. Sin embargo, este monto palidece cuándo se analiza el crecimiento acelerado de las ventas de la OTTs. Resulta que para 2015 los ingresos globales de los proveedores de servicios de video OTT, según la consultoría Parks Associates, serán de 9 mil  millones de dólares mientras que para 2019 serán de 19 mil millones de dólares.

Computadoras, tabletas, teléfonos inteligentes, televisión inteligente como la que impulsa una agresiva estrategia de Sony, son todas las opciones de receptores con los que cuentan las OTTs. El pequeño pero central detalle es que necesitan de la red, del internet, de un operador de la web. Así el gran problema es que esos operadores viven de la venta de programación que resulte atractiva para sus suscriptores y que, por supuesto, compite con OTTs.

México cuenta con al menos  45.1 millones de usuarios de Internet de los cuales 51 por ciento son hombres y 49 por ciento son mujeres, según la AMIPCI. El grupo de usuarios para las OTTs o video sobre demanda  ronda entre los 12 y los 44 años de edad. Se trata de uno de los segmentos de consumidores con mayor potencial y poder adquisitivo. Esos consumidores necesitan una buena calidad de red para disfrutar de sus productos. Hasta ahora, el binomio Prodigy-Clarovideo, ambos con intereses del grupo de Carlos Slim, parecen no tener problemas porque comparten intereses. Así vemos a Slim ya en el mercado del video. Interesante, la tecnología le dio lo que una concesión se niega a proporcionarle.

*Directora General Revista Fortuna

 

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