Dos de las cosas que más llaman la atención del nuevo Rulfo Paraje Latino son su increíble diseño y su encantadora decoración. El lugar abarca una gran parte del renovado vestíbulo del Hyatt Regency de la Ciudad de México, es luminoso, espacioso, abierto, acogedor y se antoja hasta para trabajar mientras se disfruta de un buen café o de una que otra entradita.

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El diseño, desarrollado por la firma internacional Georges Wong, incluye cocinas abiertas, un bar y una cava de cristal con 250 etiquetas, principalmente de Estados Unidos.

La propuesta gastronómica, encabezada por el chef ejecutivo Rafael Casás, conjunta tres cocinas: mexicana, argentina y peruana.

En la parte mexicana hay platos como consomé oscuro de gallina, esquites, tacos y sopa de tortilla. El taco al pastor es muy bueno y no es cocinado en el tradicional trompo. No hay que perdérselo.

La parrilla al carbón ofrece diversos cortes que se pueden acompañar de salsa de hongos mexicanos con zanahorias orgánicas glaseadas al piloncillo, y en el horno a la leña se preparan pizzas y empanadas de carne.

En la carta figuran el clásico ceviche peruano, un plato correcto y bien hecho, ideal para iniciar la comida. Hay otros ceviches, como el de camarón al tamarindo y el de atún aleta amarilla. Para los glotones, nada más recomendable que el sándwich de langosta. La porción es enorme, la mezcla de sabores es muy acertada y el pan es hecho en casa, todo un imperdible.

El espacio es tan dinámico que bien funciona para un desayuno informal, una comida de negocios, una noche de precopeo o una cena romántica.

Otra de las buenas noticias para los paladares de la Ciudad de México es la llegada del chef oaxaqueño José Manuel Baños, quien imprime su propuesta gastronómica en el nuevo restaurante Chapulín, del hotel Presidente Intercontinental Polanco. El menú creado por Baños y ejecutado por su pupila, la chef ejecutiva Josefina López, se fundamenta en la cocina tradicional mexicana. En Chapulín también se pueden probar algunos clásicos de la cocina que Baños ofrece en su restaurante Pitiona, de Oaxaca, como el maravilloso ceviche de camarón con sandía, los exquisitos tacos de lechón o la tradicional espuma de nicuatole con canela.

Es muy recomendable probar el rib eye en costra de queso de cabra, un muy buen plato que es cocinado a las brasas y se acompaña con una ensalada de berros, quelites, verdolagas, tomate cherry y aire de leche de cabra. Las esferas de plátano macho rellenas de vino tinto con crujientes de queso Ramonetti maduro son una delicia, ideales como entrantes.

Entre otros platos que se puede probar en Chapulín están los tacos de zanahoria con ceviche de camarón y chintextle, la sopa de guía con tasajo oreado, el pozole de mariscos, los sopes con ciervo rojo, el totol en mole negro, el pescado a la barbacoa y el buñuelo con mousse de quesillo.

Los postres están diseñados para un nato pecador y es casi obligado hacer espacio para las fresas asadas con crema, chile guajillo, canela, pimienta, chocolate blanco y crema batida. Es un gran postre que no pasa desapercibido.

Los tragos del restaurante también merecen un espacio. Están bien hechos y su base son bebidas tradicionales mexicanas. La gran cocina de Chapulín se enmarca en un lugar fresco, con mucha luz natural y un buen ambiente. Se nota el detallado cuidado que pusieron en el diseño y la arquitectura.

*Periodista de gastronomía.

@marysolrueda

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