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Haydeé Moreyra*

En Estados Unidos, el periodo de reportes trimestrales de las empresas ya está en proceso y con ello vienen las primeras impresiones de lo que acontece en el sector privado y particularmente en el sector bancario. Al cierre de esta columna, dos de las principales instituciones bancarias de ese país ya habían reportado sus resultados financieros: JP Morgan y Citigroup. Durante las conferencias (las llamadas conference calls), con los directores de finanzas de Citigroup y JP Morgan los temas más recurrentes fueron los relacionados con la regulación bancaria y el nulo crecimiento en los ingresos. Y es que si hay una variable que sigue mostrando debilidad, que vincula lo que sucede en el sector real de la economía y el sector financiero, es la de los ingresos en la banca de consumo.

Para quienes no estamos muy relacionados con el sector financiero, vale la pena mencionar que los ingresos de los bancos provienen principalmente de intereses y comisiones que cobran al público. Lo que no parece del todo claro es si esta debilidad en los ingresos obedece a una restricción en el otorgamiento de crédito o a una disminución en la solicitud de préstamos. En otras palabras, se trata o de un problema de oferta o de demanda.

El otorgamiento de crédito es un buen termómetro para medir el estado en el que se encuentra el sector bancario, mientras que la demanda de crédito nos permite tener un indicador sobre un sector real de la economía: los hogares. De hecho, los bancos ajustan sus estándares en el otorgamiento de crédito (oferta de crédito) no sólo en función del riesgo, la regulación o los escenarios que afectan sus balances sino también en función de los cambios que surgen en la demanda. En tanto, la demanda de financiamiento está estrechamente vinculada con los ingresos y la solvencia de las familias.

Desde finales de 2007, la baja rentabilidad de los bancos y la calidad de los activos afectaron  el otorgamiento de crédito. No fue sino hasta 2011 cuando el financiamiento comenzó a crecer, pero desde entonces lo ha hecho de manera marginal pese a tres años de mejoras constantes en la rentabilidad de las instituciones financieras. Actualmente, los bancos estadunidenses presentan una menor exposición al riesgo por endeudamiento como bien lo indica la razón de apalancamiento bancario[i]. Es así que vale la pena preguntarse si las causas están por el lado de la oferta o por el lado de la demanda.

Según el más reciente reporte del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre las perspectivas económicas globales, el sector bancario en Estados Unidos ha revertido prácticamente la restricción en la oferta de crédito y sus balances financieros han sido saneados poco a poco. Más aún, el reporte señala que el estado de la economía global ha sido impulsado por el crecimiento económico en Estados Unidos. Entre las razones por las que atribuye este crecimiento están: la política monetaria expansiva impulsada por la Reserva Federal (Fed) y una mejora en las condiciones de crédito. Es decir, hay evidencia que sugiere una mayor liquidez en el mercado financiero y una mayor flexibilidad para poder acceder al financiamiento. Nuevamente, todo apunta a que no es problema de oferta.

En ese mismo reporte, el FMI realizó un estudio empírico[ii] con datos de Estados Unidos para evaluar la importancia de los choques de la oferta de crédito en –restringir– el crecimiento económico. De este estudio se desprenden dos resultados interesantes: el primero es que un choque en el otorgamiento de crédito podría derivar en una contracción del 1 por ciento en el Producto Interno Bruto (PIB) de esa nación y con un rezago que alcanzaría hasta los 16 trimestres; y en segundo lugar, que Estados Unidos ya ha revertido prácticamente la tendencia restrictiva en el otorgamiento del crédito. Este último resultado sugiere que el problema puede no ser de oferta.

Citigroup Treasury

Valdría, pues, un acercamiento por el lado de la demanda de crédito al consumo; me refiero particularmente al financiamiento que solicitan las familias y los hogares estadunidenses. Hay tres indicadores económicos que aún no dan muestra de una sólida recuperación y que están relacionados con las familias: tasa de desempleo, tasa de ahorro y crecimiento salarial.

Si bien la tasa de desempleo tiene una tendencia a la baja y se encuentra en niveles cercanos a lo que sería el desempleo friccional[iii], ello ha obedecido a una contracción en la fuerza laboral ya sea por la transición generacional (retiro de la generación de baby boomers) y por el desinterés de la gente a laborar bajo las condiciones actuales del mercado. En cuanto al nivel de ingreso de las familias, vale la pena mencionar que el salario mínimo real más alto se alcanzó en 1968, según cifras del Departamento de Trabajo de Estados Unidos. Los ajustes que se dieron a partir de ese año no fueron, y no han sido, suficientes para compensar el aumento de precios en la economía (inflación). Finalmente, la tasa de ahorro (como porcentaje del PIB) ha mostrado una clara tendencia a la baja lo que confirma lo que algunos especialistas –como la consultora BlackRock­– han referido en otras ocasiones: aunque el gasto de los consumidores continúa creciendo, éste proviene del ahorro de los hogares más que de su ingreso corriente (sueldo).

Es presumible pensar que con un menor ingreso disponible, sea por un salario real precario o por un menor ahorro, la capacidad de pago de los créditos se reduzca. A ello hay que incluir el abultado endeudamiento que ya registra cierto grupo de la población estadunidense, como los jóvenes recién egresados de universidades. En suma, desde mi personal punto de vista es que bajo este escenario es poco plausible ver un aumento radical en la solicitud de créditos bancarios.

Finalmente, me parece indicado cerrar esta columna con un par de reflexiones.

La política monetaria expansiva ha provocado una mayor liquidez y que los créditos sean cada vez más baratos, vía una menor tasa de interés. La Reserva Federal ha impulsado los temas de regulación (reglas de capitalización y liquidez) y supervisión en las instituciones financieras lo que da mayor confianza en el sector. Los bancos, por su parte, siguen mostrando mejoras en sus balances financieros y han flexibilizado el crédito. Con todo, estas medidas parecen no tener el efecto esperado.

Resulta oportuno cuestionarnos si los esfuerzos que las autoridades y los bancos han implementado para mejorar el ambiente de financiamiento tendrán un efecto multiplicador en la economía sin el empuje del sector real. El reto para el gobierno de Barak Obama es cómo lograr que el financiamiento permeé y tenga un efecto positivo en el PIB como sugiere el estudio del FMI. Para el sector bancario, el reto es aumentar sus ingresos en la banca de consumo cuando todo apunta a que los hogares estadunidenses no están en condiciones para solicitar préstamos.

Al final de cuentas, me parece que se trata del juego del huevo y la gallina: se requiere primero un mayor financiamiento para empujar el crecimiento económico o es que se necesita este último como condición necesaria para fomentar el crédito.

i] La razón de apalancamiento bancario se obtiene dividiendo los activos financieros entre el total de capital. Mientras más alto sea el indicador significa que existe un riesgo potencial de fragilidad financiera en virtud de que puede incrementar la exposición al riesgo y a que los activos del banco están siendo financiados primordialmente con deuda.

[ii] PESCATORI, Andrea & DAMIANO, Sandri. Credit Supply and Economic Growth, OECD Publishing. 2014

[iii] El desempleo friccional se refiere al desempleo temporal causado por los cambios ocurridos en determinados mercados. Por ejemplo, cuando los trabajadores nuevos tardan tiempo en encontrar empleo o bien pasan un periodo mínimo de desempleo cuando cambian de trabajo.

*M.A. Haydeé Moreyra García

Coordinadora Executive MBA-EGADE Business School

 

 

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