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Durante los sexenios panistas ocurrieron 4 mil 457 derrames de petróleo en el país. En total, se vertieron 4.5 millones de litros de petróleo crudo y refinado, de acuerdo con información de la Profepa. Las multas impuestas a los responsables alcanzan los 172 millones de pesos, de los cuales 128.3 millones corresponden a Pemex.

Durante los sexenios de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa al frente del Poder Ejecutivo, en México se vertieron, al menos, 4 millones 457 mil litros de petróleo crudo y refinado (diésel, gasolina, queroseno) por fallas en la operación, accidentes, infraestructura deficiente o por sustracciones ilícitas.

De 2000 a 2012, la Dirección de Emergencias Ambientales de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) registró 4 mil 457 derrames de petróleo en aguas y tierras mexicanas.

Las bases de datos de dicha Procuraduría revelan que en México ocurren, en promedio, 1.33 derrames mayores a 1 mil litros de hidrocarburos al día; alrededor de 500 incidentes cada año.

A las estadísticas de la Profepa se suman 157 fugas registradas a julio de 2013, 90 de ellas ocurridas en ductos de la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex).

Con 2 mil 65 derrames en ductos, y la mayor parte de los 1 mil 956 percances en transporte, de 2000 a la fecha, Pemex encabeza la lista de incidentes reportados al organismo descentralizado de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

“La actividad de Pemex es muy importante, es la empresa más grande del país; solamente por esa razón, independientemente de la seguridad con la que maneja sus operaciones, presenta el mayor número de accidentes”, considera Arturo Rodríguez Abitia, subprocurador de Inspección Industrial de la Profepa, en entrevista.

Sobre las causas de los derrames no tiene certeza: “Nosotros no determinamos las razones por las que ocurre esto; en ocasiones es la propia Procuraduría General de la República [PGR], porque aparentemente los derrames tienen alguna asociación con tomas clandestinas para robar combustibles; pero quienes lo determinan son los peritos de la PGR”.

Beatriz Olivera, coordinadora de la campaña de energía y cambio climático de Greenpeace, señala que pese a que Petróleos Mexicanos se empeña en argumentar que los derrames de hidrocarburos son provocados por actos vandálicos en sus instalaciones, de acuerdo con la nota de prensa de Fabiola Xicoténcatl –publicada en el diario Tabasco Hoy el 8 de mayo de 2012– de las 427 fugas reconocidas por la paraestatal entre 2000 y 2012, sólo 97 de ellas resultaron por actos vandálicos. Las demás fueron por corrosión exterior de los ductos (194); por corrosión interior (18); por corrosión exterior e interior (cuatro); por corrosión (13), y el resto (101), por fallas humanas en la operación de los mismos: apertura de válvulas, fallas operativas, errores de reparación, entre otras.

El subprocurador Rodríguez Abitia explica que si se determina que la fuga fue ocasionada por problemas de operación de la empresa, la Profepa exige que se corrijan los problemas que ocasionaron la fuga y que se reparen los daños a través de un procedimiento administrativo, además de que se establece una multa con la intención de inhibir este tipo de conductas en el futuro.

“Cuando la PGR determina que [la causa] es una toma clandestina, la empresa hace una denuncia penal contra quien resulte responsable y las autoridades correspondientes hacen el seguimiento. Lo que nosotros verificamos es que independientemente de que sea una toma clandestina se haga la reparación de los daños. Cuando es por una causa ilícita ya no multamos a la empresa.”

De 2000 a 2013, la Procuraduría ha impuesto multas a los responsables de los percances por un total de 172.5 millones de pesos, informa Rodríguez Abitia. Del total, se fincaron a Pemex multas por 128.3 millones (74.37 por ciento) y a privados por 44.2 millones (25.62 por ciento). No obstante, aclara que los recursos son recaudados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, por lo que no se utilizan para mitigar los impactos de los incidentes.

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Los altos costos

De acuerdo con datos proporcionados por la Profepa, tan sólo en los últimos 3 años, los suelos contaminados por emergencias asociadas con sustancias químicas suman 700 mil 537 metros cuadrados, de los cuales, únicamente 421 mil 304 han sido restaurados. “Algunas áreas aún están en proceso de reparación”, aclara el subprocurador Arturo Rodríguez Abitia.

Para Greenpeace, los derrames de crudo en tierra y mar son unos de los más graves desastres que atentan contra la biodiversidad del planeta, puesto que ocasionan trastornos en el ecosistema por décadas y muchas de las veces causan daños irremediables, además de que “los costos de limpieza son altísimos”.

Ejemplo de ello son los derrames ocurridos en la plataforma Ixtoc I que en 1979 esparció 3.3 millones de barriles en las costas de Campeche; el derrame del buque petrolero Exxon Valdez de 1989, en Alaska, que vertió 257 mil barriles de crudo y cuyo proceso de limpieza –que duró 4 años– requirió 2.1 mil millones de dólares, las labores de más de 10 mil trabajadores, 1 mil barcos y 100 aviones; y el derrame de 4.9 millones de barriles en el Golfo de México, en 2010, de la plataforma semisumergible de aguas profundas Deepwater Horizon, a cargo de la petrolera británica British Petroleum, desastre por el que esa empresa ha pagado 23 mil millones de dólares por limpieza y demandas.

Beatriz Olivera explica que el hidrocarburo derramado y emulsionado constituye una gran amenaza al ambiente, en especial cuando ingresa cerca de áreas costeras o se deposita en las riberas y contamina hábitats como manglares o playas, afectando la fauna.

Los saldos de los incidentes perduran a través de los años. Beatriz Olivera remarca que 1 año después del derrame del Prestige, en España, en 2002, la degradación del hidrocarburo fue muy baja, propiciando la contaminación de las costas.

“Después de 10 años del derrame del Exxon Valdez se demostró que los peces y mejillones que se distribuían cerca del lugar donde ocurrió el derrame todavía estaban expuestos a hidrocarburos residuales en el ambiente, y un estudio realizado 17 años después detectó contaminación residual proveniente del mismo incidente.”

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La reciente investigación Environmental Toxicology & Chemistry: Exxon Valdez spill still affecting, elaborada por Environmental Toxicology and Chemistry y dada a conocer días antes del derrame de British Petroleum en el Golfo de México, reportó que en 2010 la vida silvestre de Alaska seguía ingiriendo petróleo del Exxon Valdez.

Entre los efectos nocivos que enumera Greenpeace está el daño a la fauna marina. Se estima que sólo la cuarta parte de las aves contaminadas llegan a tierra, muertas o vivas. El resto desaparece en el mar o se hunden porque el petróleo les impide volar.

Las aves impregnadas de petróleo pierden su capacidad de aislarse del agua, pudiendo morir por hipotermia. Cuando intentan limpiar su plumaje con el pico, ingieren hidrocarburos que las envenenan.

Los mamíferos marinos pueden sufrir taponamiento de vías respiratorias y morir por asfixia. También ingieren hidrocarburos por alimentarse de animales contaminados, lo que les puede causar envenenamiento. Los quimiorreceptores de muchas especies detectan el petróleo en el agua y les hacen variar sus migraciones.

Los efectos subletales sobre los animales, que refiere Greenpeace, pueden abarcar deformaciones, pérdida de fertilidad, reducción del nivel de eclosión de huevos y alteraciones en su comportamiento.

Las afectaciones de la industria petrolera van más allá. El ruido provocado por las operaciones de exploración y explotación de crudo provoca la desaparición de las especies más sensibles a las perturbaciones sonoras. “En algunos lugares se ha comprobado la desaparición de cetáceos como la marsopa o el delfín mular”, señala la organización ambientalista en el escrito Los derrames de hidrocarburos más graves.

También sostiene que el petróleo vertido en el mar genera la falta o disminución de entrada de luz, lo que provoca la reducción del área donde es posible la fotosíntesis y, por tanto, el desarrollo de plantas verdes, el aporte de oxígeno y el de alimento al ecosistema. “Se destruyen ecosistemas frágiles y primordiales, como los manglares y los arrecifes de coral”.

En el escrito se especifica que al ocurrir un derrame se incorporan sustancias carcinógenas (que producen cáncer) en las redes tróficas, incluyendo especies de peces y mariscos que son consumidas por el humano.

En los ecosistemas terrestres, la contaminación con petróleo crudo o combustibles provoca daños a la flora silvestre, a los cultivos y a la fauna que se alimenta de ellos. Además, los hidrocarburos pueden ser arrastrados por la lluvia y se pueden filtrar al subsuelo, alcanzando los mantos freáticos y contaminando las fuentes de agua potable e, incluso, puede llegar al ser humano a través de la cadena alimenticia.

En el estudio Oil impacts on marine invertebrate populations and communities, de Thomas Suchanek, se estima que alrededor de 3 mil 800 millones de litros de crudo se filtran a los océanos cada año como resultado de las actividades humanas. De esta contaminación, 22 por ciento se debe a descargas operacionales intencionales de los barcos; 12 por ciento a derrames de buques y 36 por ciento a descargas de aguas residuales, cita Greenpace.

La organización señala que la salud humana también es vulnerable a los componentes del petróleo crudo (una compleja mezcla de químicos, compuesta principalmente por hidrocarburos parafínicos, cicloparafínicos, nafténicos y aromáticos y partículas de otros elementos, incluyendo varios metales). “Los hidrocarburos del petróleo de mayor interés toxicológico son los compuestos volátiles orgánicos (principalmente benceno, tolueno y xileno) y los hidrocarburos aromáticos polinucleares”.

Dependiendo del tipo de exposición al petróleo, sus componentes entran en contacto con el cuerpo a través de tres rutas: absorción por la piel, ingestión de comida y bebida, y por la respiración. “Las personas pueden presentar irritación de la piel o de ojos, náusea, vértigo, dolores de cabeza o mareos. La inhalación de aceites minerales podría causar una neumonía lipoidea, muerte por envenenamiento, leucemia y otros tipos de cáncer e incluso la muerte”.

No obstante las afectaciones, Pemex ha entregado únicamente 21 mil 865 pesos a cada persona que reconoce como afectada. A decir de la nota de prensa referida por Greenpeace y publicada en el diario Tabasco Hoy (“Sale barato contaminar en Tabasco”, del 8 de mayo de 2012), entre 2000 y 2011 Pemex pagó tan sólo 49 millones de pesos a 2 mil 241 personas afectadas por derrames de hidrocarburos.

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