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Deisy Francis Mexidor/Prensa Latina

Demócratas y republicanos en el Congreso de Estados Unidos regresarán de su receso de verano el próximo 9 de septiembre con la mirada en los debates inconclusos sobre temas económicos, en especial el relacionado con el techo de la deuda.

La Casa Blanca ha querido aprovechar las vacaciones legislativas de agosto para tratar de vender ante la opinión pública la agenda económica del presidente Barack Obama.

Todo en medio de la pretensión del Ejecutivo por minimizar el impacto de las masivas filtraciones sobre programas de espionaje del gobierno, sacadas a la luz en junio por el exanalista de la Agencia de Seguridad Nacional, Edward Snowden.

Lo anterior es parte de una estrategia para dominar el debate nacional sobre la recuperación económica antes de que en el Capitolio se reanuden las sesiones que, sin dudas, auguran nuevas batallas presupuestarias.

El secretario estadunidense del Tesoro, Jacob Lew, llamó a los congresistas a aumentar el techo de la deuda pública del país, ya en 16.7 billones de dólares, para evitar una parálisis del gobierno y que este pueda cumplir sus obligaciones financieras, entre ellas pagar a sus acreedores.

Lew afirmó que este es un asunto a resolver de inmediato, porque Estados Unidos alcanzó a inicios de año el límite legal de endeudamiento.

A causa de la falta de un acuerdo, la Casa Blanca aplica medidas especiales desde marzo, las cuales han recortado fondos a dependencias gubernamentales para que puedan funcionar hasta mediados de octubre.

Una situación similar en 2011 provocó que Estados Unidos perdiera la calificación de deuda de AAA conferida por la agencia financiera Standard and Poor’s, la mayor en su escala, un hecho inédito hasta el momento.

En marzo pasado la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, aprobó un presupuesto para el año fiscal 2014 que, como es lógico, no fue bien recibido en el Senado, bajo dominio demócrata.

El plan de la oposición, impulsado por el excandidato a vicepresidente Paul Ryan, propuso recortar impuestos y balancear el presupuesto de la nación con podas en el llamado Obamacare (reforma de salud), así como cambios en el Medicare.

Mientras, la Cámara alta presentó una iniciativa que buscaba reducir el déficit incrementando los impuestos a los millonarios, así como a las grandes corporaciones, en casi 975 mil millones de dólares en una década.

Dentro del propio Senado, los republicanos bloquearon la propuesta que incluía reemplazar el paquete de recortes por un plan de 110 mil millones de dólares con nuevas cargas tributarias para quienes más ingresos tienen, una rebaja de subsidios y en el área de la Defensa.

Justamente el punto del aumento impositivo es uno de los principales motivos de fricción entre ambos bandos políticos.

Obama firmó el 1 de marzo la orden que avala los recortes por 85 mil millones de dólares al presupuesto federal, los que entraron en vigor poco después ante la imposibilidad de un acuerdo entre los dos partidos.

En aquel momento tanto el mandatario demócrata como sus oponentes republicanos se culparon unos a otros por los recortes que afectarían a todas las carteras del Gobierno, desde la Educación hasta la Defensa, pasando por la sensible disminución de fondos para programas sociales.

Obama dijo que sólo la intransigencia de los republicanos impidió llegar a un pacto que previniera el daño que causarían, entre ellos los despidos y la eventual pérdida de más de 750 mil puestos de trabajo en 2013.

La cura presupuestaria lastra considerablemente la economía de la primera potencia mundial, advirtió el Fondo Monetario Internacional (FMI).

De acuerdo con el organismo, el crecimiento económico de Estados Unidos será “tibio” y pronosticó proyecciones para el 2014 de hasta el 2.7 por ciento.

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, achacó el escenario al mal diseño de las políticas para reducir el déficit y llamó a revocar el secuestrer (secuestro de fondos) en referencia a los recortes automáticos.

Para Lagarde, esto no sólo supone una pesada carga a corto plazo, sino que también tiene una repercusión negativa a mediano plazo cuando se trata de recortes en educación, ciencia e infraestructura.

Ese es el panorama que encontrarán demócratas y republicanos cuando retornen de sus vacaciones de verano en septiembre. Una batalla que avizora fuertes enfrentamientos, aunque Obama, no obstante, dice sentirse optimista.

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