Juan José Solis Delgado*

Iusacell-Televisa- Ilustración tomada del sitio Hazmerca.com
Iusacell-Televisa- Ilustración tomada del sitio Hazmerca.com

El pasado 14 de junio del año en curso, la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) concedió a las empresas Televisa y TV Azteca unieran sus capitales en el negocio de la telefonía celular a través de la empresa Iusacell. Este evento, desde luego representa un hito en la historia de los medios de comunicación y de las telecomunicaciones en nuestro país, debido a que la resolución lejos de apuntalar la competencia –real y verdadera– entre las empresas, constriñe el acceso a otros competidores que difícilmente podrán hacer frente a un aparato hegemónico como el conformado por el duopolio televisivo.

No sólo se trata de un negocio que confine los intereses al mercado de la telefonía celular, sino además existen empresas “satélites” (radiodifusoras y medios impresos) que giran en torno al duopolio televisivo y que sólo tienen por opción dos caminos por transitar: alinearse al liderazgo publicitario y de contenidos mediáticos del duopolio, o simplemente quedarse al margen de las relaciones y de los beneficios comerciales y políticos.

Como sabemos, un importante número de radiodifusoras, revistas y periódicos impresos dependen de los acuerdos comerciales que alcancen los diversos anunciantes con Televisa y TV Azteca, dependiendo de los contratos publicitarios que se pacten en avenida Chapultepec y en las faldas del Ajusco, el resto de los medios se verá beneficiado en una suerte de efecto dominó. Por ello, muchos concesionarios y dueños de periódicos vieron con simpatía la fusión del duopolio en la telefonía celular, pues insisto, en la medida que su margen de operación sea amplio, tarde o temprano los beneficios se traducen en finanzas sanas también para ellos.

No obstante, se puede observar que en un futuro de mediano y largo plazo, las realidad podría desencajar la simpatía que hoy impera, pues la falta de competencia en el sector de la televisión (tanto abierta como restringida) permearía en la dependencia absoluta de los contenidos producidos por las televisoras impidiendo el acceso a contenidos diversos o alternos. Así, el resto de las empresas mediáticas articuladas en el eje de las televisoras no tendrían qué ofertar a los públicos que cada vez son más diversos y exigentes.

Si –como lo han hecho las televisoras– trasladamos la discusión de los nuevos capitales que conformarán a la empresa Iusacell, tendríamos que abordar el análisis sólo por el eje de las telecomunicaciones, ahí no hay la menor duda que se requiere de un mayor competencia, pues es evidente y desproporcionada la dominancia de Telcel frente a cualquiera de sus competidores. De ahí que se reconoce que la telefonía celular es un sector económico que urge de competencia para mejorar los estándares de calidad, sus procesos productivos, la inversión equitativa y desde luego brindar beneficios a sus usuarios.

Sin embargo, la decisión de permitir una concentración de capitales de peso como los de Televisa y TV Azteca para hacer frente al conglomerado de Telmex-Telcel, es una decisión para mi gusto incorrecta, pues a pesar de los condicionamientos impuestos por la Cofeco, estos no garantizan se edifique la estructura necesaria para hacer de la telefonía celular un sector que experimente la verdadera competencia, y por el contrario, las alianzas estratégicas y financieras de las principales televisoras afectarán negativamente al sector de medios de comunicación que quedará sujeto a la políticas impuestas por el duopolio televisivo.

A pesar del anuncio de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) de la creación de una tercera y cuarta cadena de televisión nacional, es un hecho que el problema no es precisamente generar nuevos canales televisivos –aunque son bienvenidos–, sino en todo caso se trata de desarrollar una reglamentación eficaz, funcional y eficiente, de competencia, que no esté impedida o sujeta a las decisiones interpuestas por el duopolio televisivo. Desafortunadamente, en la actualidad el órgano que se supone regula a los medios de comunicación está supeditado a las decisiones de los propios regulados y de seguir así, la tercera y cuarta cadena televisiva funcionaría con los mismos vicios y actos restrictivos impuestos principalmente por la empresa Televisa.

A la postre, el problema de esta compleja situación de medios de comunicación, telecomunicaciones y empresas en cuestión, es que México está quedando en un lugar desfavorable con relación al desarrollo tecnológico mundial. Los conflictos económicos de un puñado de empresas no permiten que la clase política mire hacia el futuro con una visión sólida de Estado; por el contrario, mientras en países desarrollados ya se teje una estrategia en materia de telecomunicación de largo alcance, en nuestro país, los legisladores encargados de la materia son asignados en sus curules por las propias empresas televisivas, que transforman a sus ejecutivos en diputados y senadores de la noche a la mañana con el “supuesto” consentimiento del voto ciudadano, y sus decisiones responden más a los intereses de los dueños de las televisoras y no necesariamente a los intereses de los ciudadanos que dicen representar.

*Columna: Inter-medios. Juan José Solís Delgado es maestro en comunicación por la Universidad Iberoamericana.

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